07/19/2018
Columnas

“Volar Tantito”  

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Cuando era pequeña siempre que tu abuela me decía que no corriera porque podía caer pensaba que exageraba, conforme iba creciendo más exagerada veía a mi madre, ahora que tu existes mi exageración cada día ha crecido, quisiera que jamás te lastimaras y a pesar de lo que quiero, esta semana que concluye más de una vez te vi caer.

Desde hace unos día se te metió en la cabeza la loca idea de que existe la posibilidad de que vueles, y por más que te he explicado que esto no es posible, pues no te saldrán alas mágicamente, tu insistencia ha llegado a los extremos, y desde pequeños intentos de vuelo, hasta intentos desde lo alto de la cama, mi corazón vive al borde del ataque, pensando que en cualquier momento quisieras arrancar el vuelo de un lugar muy alto, causándote daño.

Leonora, a partir de este momento la familia ha tomado medidas de seguridad extremas para estar pendientes de ti, sin embargo, y aunque no emprendiste el vuelo, desde lo alto, gracias al testimonio de las chicas que nos apoyan en la lavandería, me enteré que tu caída del miércoles se debió a que corriendo quisiste tomar tu vuelo, ese vuelo del que ya hablamos es peligroso. El ser humano ha desarrollado todo tipo de artefactos para “evolucionar” pero hay cosas que ni con los avances se han logrado, una de ellas es hacernos volar por nosotros mismos a los humanos.

Tu carácter intrépido nos llevó directo al hospital y fue entonces que después de mucho tiempo, de palabras, de intentos del mundo, de convencerme que la vida puede acabar en un instante, y que debo valorar el tesoro que eres en mi vida, entendí que a veces es mejor suspender o posponer cualquier actividad o pleito y conversación telefónica por ver tu cara y tus ojos siempre chispeantes, pues en un segundo todo puede acabar.

Esta experiencia me hizo aterrizar un poco más y entender que siempre habrá gente dispuesta a ayudarte, gente que juzga, gente que se entrega, gente que culpa, gente que ama, en fin, gente de toda. Debo confesarte que ese día me sentía particularmente cansada, quería que termináramos de lavar nuestra ropa en la lavandería a la cual vamos, ir a casa y dormirnos, pero los planes cambiaron. Mientras sacaba la ropa de una de las lavadoras que usábamos, y entre el ruido y el correr de los otros niños que jugaban contigo, de pronto escuche un silencio sepulcral, la música de la lavandería dejo de sonar, la gente se empezó a congregar en un solo sitio, y así como si el frio se apoderara de mi voltee a buscarte, no estabas.

¡Leonora¡, grité, al tiempo que una chica me tomaba del brazo y me decía: “Amiga se cayó tu niña”, corrí a donde estabas, te levante del suelo, de pronto los niños que jugaban contigo comenzaron a dispersarse, ya no veía a nadie, ni escuchaba nada, solo quería saber de tu boca que estabas bien, pero tu cara me decía lo contrario, llegaron los primeros auxilios, tu rostro lleno de sangre, tu diciéndome: “¡Mamá, yo solo quería volar tantito, ayúdame¡”, No sabía qué hacer, y como todo ser humano, carente de juicio ante el dolor, quería saber si alguien había sido culpable, pensaba sí yo era la culpable, por no amarrarte a mí, por no dejar la ropa sucia, por no decir que a veces no puedo sola.

Subiste al carrito donde se coloca la ropa para tomar bríos y ver si así podías volar, mientras yo intentaba sacar la cantidad de ropa que teníamos sucia. De inmediato las chicas encargadas de la lavandería, siempre amables con nosotras, intentaron calmarnos a ambas, la ropa se quedó allí, así que lo que quería que no pasará, pasó, la circunstancia hizo que un día más se quedara la ropa sucia.

De camino a la clínica me sentí completamente sola, sentía que si algo pasaba sería culpa mía, pensé en hablarle a alguna de tus abuelas pero sentía remordimiento de causarles dolor, marqué a tu papá, y aunque se preocupó, era imposible que estuviera, así que sabía que debía controlarme y ayudarte pues cada vez salía más sangre de tu frente, por mi cabeza daba vuelta tu vocecita, diciéndome: “Yo solo quería volar tantito”.

Al llegar a la clínica pensé que había manejado por años, cada alto, cada persona que cruzaba, cada segundo se me hacía eterno, al llegar a la clínica, te ingresaron de inmediato, el médico te trató con mucho cariño desde el principio, al igual que una enfermera, me hicieron todo tipo de preguntas, la más recurrente era que con que te golpeaste, al poco tiempo llegó una trabajadora social, al tiempo que el médico me informaba que debías recibir tres puntadas pues tu herida había sido fuerte, aun no entendía cómo pasó esto tan rápido.

Luego del interrogatorio, dedujeron que lo tuyo había sido accidental, pero su dictamen no me eximia de la culpa que sentí en ese momento, cada puntada que te metieron era como un cuchillo clavándose en mí, aun no encuentro palabras para describir qué tipo de dolor es el ver a tu hijo sufrir, debo reconocer que eres fuerte y que el dolor no fue hecho para ti, y me sentí orgullosa de tu valentía, aprendí tanto de ti ese día, pues no había pasado una hora de tu sutura cuando nuevamente ya sonreías y hacías reír al médico a quien no tengo forma de pagarle cómo se portó con ambas.

A la salida del hospital nos esperaba tu tía y su novio, quienes intentaban “apapacharte” y te dijeron: “Todo estará bien Leito”. ¿Sabes, hija?, hay veces en que yo también he querido “volar tantito”, y la caída ha sido muy dura, me he abierto no solo la cabeza, al volar tantito, llegué a quedar totalmente rota, pero luego de que aterrizas, lo mejor de ello será el aprendizaje, será el intentar siempre ser mejor, a veces cuando he querido volar tantito las cosas han salido muy mal, pero en el momento del arranque no medimos consecuencias, no medimos el aterrizaje.

Lo que siempre te voy a garantizar es que mamá siempre estará para recibirte cuando sea ocasión, que cada que vueles, no literal, mamá te ayudará a tener un vuelo seguro, o al menos lo intentará. Como te dije el ser humano ha desarrollado nuevas tecnologías y programas que nos apoyan en realizar algunos de nuestros deseos, pero hasta el momento no se dé uno que haga volar tu cuerpo, lo que si puedo apoyar para ti y que sientas el aire sobre tu cara, es quizá subir a un Globo Aerostático,  o a un bongie, o algún artefacto que te ayude a sentir esa sensación de vuelo, pero debes saber que siempre con las debidas precauciones.

Y así… Mientras aprendes el arte de la prudencia que es vital en la vida y la cual no ha sido uno de mis fuertes, quiero que sepas que mientras creces, juegas, aprendes y vives: “Te estoy tejiendo un par de alas, sé que te irás cuando termine, pero sé que será lo mejor que te pueda dar” (Andrés Casturera)

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