12/14/2018
México

Activista pide enfrentar los discursos fascistas a través del poder ciudadano

helen

Así en nombre de la seguridad de la soberanía de dios y de los valores van restringiendo derechos humanos de manera tal que se está reformulando el nuevo concepto de enemigo del Estado

En un contexto de lucha contra la corrupción y la impunidad en el escenario internacional, los países tienen el reto de decidir cómo van a ubicarse en la constitución del nuevo orden mundial en el que los discursos fascistas y nacionalistas han resurgido y están tomado fuerza, consideró Helen Mack Chang, Premio Rey de España de Derechos Humanos 2007 y presidenta de la Fundación Myrna Mack (que tiene el objetivo de contribuir a la construcción de un Estado democrático y de derecho en Guatemala).

En el panel ‘Corrupción y derechos humanos. ¿Es posible establecer alguna conexión que explique la crisis actual?’, del ‘XIII Foro de Derechos Humanos del Sistema Universitario Jesuita’, realizado en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, Mack dijo que los modelos políticos y económicos han fallado, la manipulación psíquica y emocional es utilizada para meter miedos y controlar, y quien atente contra esos intereses es perseguido, criminalizado y estigmatizado, y el pensamiento crítico no tiene cabida.

“Así, en nombre de la seguridad, de la soberanía, de dios y de los valores, van restringiendo nuestros derechos humanos, de manera tal que se está reformulando el nuevo concepto de enemigo del Estado”.

En la multitud de debates existentes se resalta la discusión ética como un arma para combatir la corrupción, y aunque es importante, no es suficiente “para rescatar lo que estamos perdiendo. De nada me sirve tener la razón si no podemos cambiar lo que queremos”.

Para Helen Mack, ganadora en 1992 del ‘Right Livelihood Award’ (conocido como el Premio Nobel Alternativo de la Paz), la pregunta es cómo hacer para sacar la reflexión en los debates y las investigaciones académicas, y traducirlas a un verdadero poder ciudadano que haga valer que la soberanía y el poder están en el pueblo.

“A pesar de que pareciera que hay cansancio, desgaste, desasosiego, hay muchos grupos que seguimos resistiendo el embate. El diálogo y el relevo intergeneracional, el acompañar y compartir con otros colectivos, nos da la esperanza de seguir haciendo propuestas ante los retos que tenemos”.

“Seguimos con mucha atención las distintas expresiones que se dan en varios países, tratamos de intercambiar experiencias y opiniones. Ahora muchos tenemos los ojos puestos en lo que México hará, y esto cómo nos va a influenciar y cómo nos va a impactar”.

Vocación de servicio por la justicia y la verdad

En el foro, Helen compartió que una de las reflexiones que con mayor fuerza recuerda de sus días como querellante es sobre el inmenso miedo que los funcionarios públicos sentían al estar cerca del caso de su hermana Myrna, antropóloga y fundadora de la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala, que fue asesinada por el Estado Mayor Presidencial de ese país el 11 de septiembre de 1990, en medio de la Guerra Civil.

“Tenían tanto miedo. De ese miedo que funciona como un pacto absoluto y tácito de silencio. Así, entendí que el camino por el que yo andaba era prohibido; el camino sin recorrer”.

Y es que Myrna Mack fue considerada por el Estado guatemalteco “enemiga interna”, por evidenciar su política represiva, ejecutada por militares. Después del asesinado de su hermana, Helen comenzó a luchar para que se esclareciera la ejecución extrajudicial de Myrna, y creó la fundación que lleva su nombre.

“Luego de años de necedades, viajes, litigio, difamación, desasosiego e infamia, llegó la justicia. Y descubrí entonces que éste era un camino de vida. Asumí la certeza de que sólo podía haber justicia si era para todos y todas. Lo que empezó como un camino de dignidad personal y familiar acabó conduciendo mi conciencia a una vocación de servicio y entrega por la justicia, la verdad y la memoria en mi país”.

Durante mucho tiempo, ese fue un camino relativamente solitario en el que cargó el estigma y la criminalización de los grupos de poder, que desde sus redes de influencia desarrollaron una narrativa que reducía su lucha y la de otras víctimas a una mera búsqueda de resarcimientos monetarios.

“Vanamente intentaron falsear mi causa como un modelo de negocios”, una clara falacia irracional, irrespetuosa y carente de humanidad, y “entendí con el tiempo que en la mente retorcida de los grandes promotores del odio las cosas se explican así, con dinero. Así, toda construcción posible empieza y termina con una cifra”.

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