12/14/2018
Ciencia y tecnología

Ricardo Chicurel Uziel, un ingeniero con ingenio

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Entre los desarrollos tecnológicos innovadores de Chicurel Uziel destaca la bomba de estrella la cual se produjo industrialmente bajo un convenio de transferencia tecnológica para la iniciativa privada

Ricardo Chicurel Uziel, Premio Nacional de Ciencias 2018 en el campo de Tecnología, Innovación y Diseño, ha sido un destacado inventor mexicano y entusiasta atleta, su afición fueron los maratones, corrió una docena de veces el de la Ciudad de México, y aunque ya no imparte clases, a sus 88 años es un comprometido asesor de alumnos de tesis.

El investigador, miembro de la Academia de la Ciencia, habla sobre varios temas, pero resalta de arranque que la producción intelectual de la humanidad se acelera cada día más, y que el avance de la tecnología y el conocimiento transita a pasos agigantados, lo que, en su opinión, es muy bueno.

Este desarrollo, sin embargo, dice convencido, tiene una razón y tiene que ver con la colaboración: “Un científico en lo individual difícilmente puede ser capaz de desarrollar un gran invento en la actualidad”; por el contrario, “hoy en día las grandes investigaciones se hacen en equipo, en grandes consorcios y hasta entre países”. Además, Chicurel cree que no se puede pensar en inventos como el de los hermanos Wright, pioneros estadounidenses de la aviación, que construyeron sus aeroplanos en un taller donde arreglaban bicicletas.

De padres originarios de Turquía, Ricardo Chicurel se formó como ingeniero mecánico en Estados Unidos, la licenciatura la cursó en la Universidad de Cornell y sus estudios de posgrado los realizó en la Universidad de Princeton, donde obtuvo los grados de maestría y doctorado. Posteriormente fue profesor e investigador en el Instituto Politécnico y en la Universidad Estatal de Virginia por 11 años.

Durante esos años en Estados Unidos siempre mantuvo interés de estar en contacto y en comunicación con su país, hizo estancias de verano en el Instituto de Ingeniería y se relacionó con otros investigadores. “En una visita que hice a México y al IIUNAM platiqué con Emilio Rosenblueth, y me pareció muy interesante el trabajo que desarrollaba este centro de investigación. En ese verano colaboré en el análisis de esfuerzos de una presa, problema que me planteó Roger Díaz de Cossío. Años después, a finales de los sesenta, el mismo Roger me invitó a trabajar en el Instituto y desde entonces aquí estoy”.

Uno de los atractivos para que el ingeniero regresara a México fue que aquí podía hacer investigación, principalmente, y dar clases como segunda actividad, porque en Virginia estas labores eran a la inversa. Pero también entre los motivos que tuvo para volver era tener la posibilidad de pasar más tiempo con sus padres y que su esposa estuviera más cercana a su familia.

Un padre impulsor y un hermano entusiasta

Desde su niñez Ricardo Chicurel tuvo fuerte atracción por las cosas mecánicas, tiempos en los que se podían ver enormes máquinas “a las que se les entendía el funcionamiento nada más de verlas, hoy es muy difícil hacer eso porque todo se ha miniaturizado, se ha incorporado la electrónica y los aparatos están compuestos por sistemas cada vez más sofisticados”.

El galardonado con el Premio Nacional de Ciencias 2018 reconoce que su hermano, Enrique Jaime, también influyó en su decisión de inclinarse por la ingeniería y por la investigación, “él siendo cuatro años mayor que yo, me contaba de las cosas que se enteraba y compartíamos el gusto por la mecánica; era natural que yo siguiera ese camino”. Pero admite que en algún momento tuvo duda sobre qué elegir, pensó en la física, y al final se decantó por la ingeniería “y no me arrepiento”.

La elección de carrera también obedeció al interés de su padre, un migrante turco que llegó a México hace 100 años (en 1918). “Cuando mi papá vivía en su país soñaba con estudiar ingeniería en Francia, pero no tuvo un contexto favorable para ello, entonces migró de Turquía a Estados Unidos, país donde vivió 10 años y después se asentó junto con mi madre en tierras mexicanas, trabajando como agente de ventas de telas y casimires”.

Aportaciones a la ciencia

Entre los desarrollos tecnológicos innovadores de Chicurel Uziel destaca la bomba de estrella, la cual se produjo industrialmente bajo un convenio de transferencia tecnológica para la iniciativa privada; otras contribuciones son la bomba monopaleta, el motor rotatorio, el reductor cicloidal magnético, el desarrollo de los vehículos eléctricos de pasajeros VEUNAM y el Electrobús UNAM, con ellos se han puesto en marcha varios mecanismos innovadores, como el sistema hidroneumático de recuperación de energía en el frenado.

Otros desarrollos importantes son la bomba de rotor con movimiento de precisión y un sistema para eliminar el juego de engranes, así como varias mejoras en la operación de motores de combustión interna y de máquinas para el manejo de artículos de vidrio.

Su trabajo más sobresaliente, porque llegó a la industria y se pudo comercializar, es la bomba de estrella, la cual se sigue usando, pero debido a la globalización ya no se venden en las cantidades que se registraban en un principio debido a la fuerte competencia que existe en el mercado, “los productos mexicanos de empresas pequeñas no pueden competir con las grandes trasnacionales”, señala.

Ante este contexto, Ricardo Chicurel opina que fue un error para el país abrir las fronteras sin ningún tipo de regulación y sin una protección para la industria mexicana; a su parecer, es importante privilegiar los productos mexicanos de calidad frente a los de importación similares o de menor calidad. “Medidas de protección sí se necesitan, porque las trasnacionales pueden entrar a un país ofreciendo bajos precios y hasta perder un poco de dinero por cierto tiempo y así eliminar a la competencia, con esta forma de operar se ha perdido mucho mercado. Es una lástima, porque nuestra bomba de estrella tiene ventajas sobre otras, no es perfecta, pero podría tener mejores oportunidades”.

Gustos y aficiones

El patín del diablo era hasta hace algunos años el medio de transporte favorito del ingeniero para trasladarse en Ciudad Universitaria, pero a causa de una lesión en la columna, que lo llevó al quirófano, lo obligó a dejar dicho vehículo, de hecho, ya no se atreve a usarlo más. Definitivamente Chicurel no niega el gusto que ha tenido por la actividad física a lo largo de su vida, es así como recuerda con emoción haber hecho varias carreras, entre ellas, un total de doce maratones de la Ciudad de México. Hoy ya no imparte clases, pero sigue activo como académico asesorando a alumnos de tesis.

Entre los pasatiempos que tiene últimamente el doctor Ricardo es escuchar libros que descarga de una de las más grandes compañías de comercio electrónico, y la razón de ello es para hacerle compañía a su esposa, que tiene dificultades en su visión, y para pasar el rato en el tráfico de la ciudad.

“Pero lo que más me gusta es la música. Cuando era jovencito aprendí a tocar el violín, tuve la gran suerte de tener un maestro muy hábil que tocaba violín, viola y fagot. Lo llamaban con frecuencia para que reforzara a la Orquesta de la Escuela Nacional de Música. En una ocasión me citó con su grupo de ensayo.  Ese día llegué temprano y sin saber de que se trataba de esa gran orquesta, me senté y ahí escuché un violín, el sonido era de lo mejor, la persona que tocaba lo hacía maravillosamente y pensé —¿cómo es que el maestro me invitó a mí? —“.

Quien tocaba ese violín y maravilló al joven Ricardo era Hermilo Novelo, violinista veracruzano de fama internacional del que se hizo amigo más adelante. “Entré a la Orquesta porque había muchos de mi nivel, Hermilo era el concertino, por mucho el mejor”. En ese ámbito de la música también tuvo la oportunidad de conocer al maestro Luis G. Saloma (maestro de Novelo), “una persona inolvidable, muy amable y enterado de lo que hacía… de ahí agarré el amor por la música”.

Las ideas, puntos de partida de un proyecto

Ricardo Chicurel Uziel, reconocido con varios premios y distinciones, miembro de academias y sociedades nacionales e internacionales, con 60 años de experiencia en la investigación y en la academia, dice a los jóvenes investigadores en general, y a los del área de ingeniería en particular:

“Casi siempre una idea que a uno se le ocurre ya la había pensado otra persona, lo que puede desmotivar”, plantea el ingeniero y tranquiliza: “No hay que decepcionarse por eso, una idea novedosa o no, es punto de partida de un proyecto, el cual se extiende a lo largo del tiempo, después surgen problemas que hay que resolver, situaciones inesperadas y eso tiene mucho mérito, porque para resolver los problemas hay que inventar soluciones y ahí empiezan las verdaderas ideas innovadoras que pueden mejorar ciertos procesos o mecanismos”.

Foto: Elizabeth Ruiz Jaimes/AMC

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