12/06/2019
Cultura

MANITO

manito

Esta es tu hija qué chula chamaca

Por Marcos E. C.

Pues sí, la mera verdad estabas re feo, Manito. Ahora mírate, con el pelo tapándote las orejotas, y las canas, ¡huy y cuantos kilos de más! hasta te ves importante, pero en aquella época usabas el pelo corto como sardo y estabas bien flaco y tenías dientes de tecla de piano, de a tiro no aguantabas nada y para acabarla de joder enamorado como un burro de aquella chulada de Yolanda.

¿Te acuerdas, Manito? Tu y yo pasando las horas en el café de Reforma, siempre pedías lo mismo –deja acordarme- sí, nieve de limón y coca cola que chiquiteabas con popote y escuchando a la pocha aquella de Gloria Estefan o a los greñudos esos de Queen – somebody to love me…- ¿Te acuerdas Manito? Y nomás me platicabas de tu amor, y yo: “no te desanimes mano, pero esas pulgas no brincan en nuestros petates”, “ni te conoce siquiera” y tú friega y friega que no podías vivir sin ella, que nada más pensabas en ella y hasta llorabas por ella. Y ahora cuando me pasaron tu tarjeta y que veo tu nombre, no lo creía de plano, el poeta vendiendo seguros y que te va bien, además, ¡qué padre!

Sí, yo también tronché mi carrera y me metí en esto de fabricar camisetas, y ya ves que a todo dar me ha ido.

Tú estabas… ¿en primero de medicina? Si, claro, yo estaba en prepa. Que tiempos aquellos Manito.

Recuerdo cuando te fuiste a Veracruz, al baile aquel de la naval, donde la Yolanda iba a salir de reina de no se qué chingadera, y ahí vas tú, nomás para verla de corona y regresaste bien triste y fue entonces cuando me enseñaste por primera vez una de tus poesías. ¡Que bruto Manito! Ahí nomás se te quito lo feo. ¡Que poesía más chingona! Y la vieja esa ni la merecía, me cae. Sí estaba como quería con esa carita finita, ojito verde y ese cuerpazo que ni con pants lo podía tapar.

Todos los ricailos andaban tras sus huesos y tú como tarugo, escribe y escribe poesías. Además, luego supe Manito, ahora te lo cuento pues ya todo ha pasado, que la mosca muerta era medio putilla. Sí, me cae, ¿te acuerdas del motel aquel que había en la salida a Oaxaca? El arco iris, creo que se llamaba, pues ahí, sí, con un montón; mira, dos cuates míos se la tiraron y tu hasta coleccionabas los recortes de sociales donde salía a cada rato.

¡Cómo éramos inocentes en aquella época!. Todo lo más era fajar en los bailes con aquello de “cuando el sol enamorado de la luna ve, es un crepúsculo dorado…” y a ponerse el traje de baño en lugar de calzón para que no se nos notara, y después el Elvis acabó con el faje, pero tu ni eso Manito, tu nomás echándole duro a la poesía para escribirle a la pinche esa de Yolanda. De haberlo sabido te lanzas y con suerte, ya ves que esas viejas son medio caprichosas. Qué será de ella Manito, han pasado un chorro de años, se ha de haber casado con algún pendejo.

Yo me casé con una paisana. Está medio fregada mi gorda, pero tengo dos detalles que ni veas Manito, haber cuándo salimos juntos.

Tú no te has casado, me imagino, con esa cara. No te creas Manito, es pura botana, ya sabes que se te quiere.

No, hombre. Claro, déjame ver. Esta es tu hija, qué chula chamaca ¿estás seguro qué es tuya? No te creas pinche Manito, nomás estoy carneando. El chavo si se echó a perder, es igualito a ti.

A ver pásame a tu vieja, bueno, el retrato claro ¿así que esta es tu… gorda? ¡No chingues! Perdona hermano, me cae que no sabia, pero no te fijes, ya ves que la gente es rete habladora… ¿Por qué no me hablas del seguro ese que querías venderme?

Ilustración: Marcos E.C.

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