08/04/2020
Columnas

RÍOS GALEANA, LA LEYENDA

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Por José Santos Navarro

Por ambicioso, cruel y sanguinario la justicia mexicana lo apodó “El Enemigo Público Número Uno”. Era el inicio de los años 80’s cuando el desertor del Ejército y expolicía mexiquense Alfredo Ríos Galeana, despiadado asaltabancos, comenzó a hacer leyenda.

Podría decirse que con Ríos Galeana inició en México otra historia, la del crimen organizado. Su fama de asaltabancos creció no sólo por los constantes y jugosos asaltos bancarios, dado que, en esos tiempos, los cajeros del banco –hombres y mujeres- sólo tenían un mostrador que los separaba de los clientes y de los asaltantes.

Los reporteros de la época sabían que los gerentes de los bancos asaltados alteraban la cifra del monto de lo robado, la elevaban para sacarle “jugo” a los seguros. En ese tiempo la banca estaba conformada por bancos como Serfin, Banco de Comercio, Somex y otros.

Fue entonces que surge el mito de Ríos Galeana, quien, con su banda y botín en mano, en plena huida tras asaltar un banco, se distinguían por ser despiadados y disparaban a matar a quien se les pusiera enfrente. Policías preventivos y judiciales con su vida pagaron la osadía de perseguir a la banda de asaltabancos.

En las fugas, como estrategia cambiaban de auto, bajaban de uno –con reporte de robo-, para subir a otro en plena huida, si el automovilista se oponía, recibía una lluvia de plomo, porque la banda sabía que el tiempo era oro y seguro de vida para ellos.

El número de asaltos creció. El modus operandi y retratos hablados revelaron un rostro adusto, ojos pequeños. Testigos lo describían como un hombre alto y fornido. Era el que daba las órdenes.

El asaltante y criminal pronto fue identificado como Alfredo Ríos Galeana, bautizado por sanguinario, salvaje y escurridizo como “El Enemigo Público Número Uno”, pronto ganó espacio en las primeras planas de los diarios, noticieros de radio y televisión.

Fue entonces que se supo más de él. Que nació en Arenal de Álvarez, Guerrero el 28 de octubre de 1950. Que fue militar, policía, cantante, árbitro de futbol llanero, pero se especializó en asaltar bancos y cometer secuestros. Policías estatales, municipales y judiciales lo buscaban, iban tras él, pero, no tanto por aprehenderlo, sino porque sabían que al detenerlo habría un buen “botín de guerra”.

Ríos Galeana entró a la milicia, desertó. Luego, entró como policía al Batallón de Radio Patrullas del Estado de México (BARAPEM), siglas que pronto se convirtieron en una institución temible, porque de entre sus filas salieron varios delincuentes, entre ellos, su comandante de nombre Alfredo Ríos Galeana, quien años después habría de declarar que los altos mandos del Barapem le exigían pagar “renta” por lo que decidió por los malos pasos.

Al inicio de los años 80’s la procuradora del entonces Distrito Federal, era Victoria Adato de Ibarra, una mujer de hierro, pero con una policía judicial corrupta y temida que en ese tiempo era comandada por viejos policías como Jesús Miyazawa, entre otros muchos y, sobre todo, de comandantes mañosos que desde entonces “vendían” protección a delincuentes, práctica que creció y hoy es un cáncer que tiene en la lona a la seguridad pública y a la procuración de justicia.

La banda de Ríos Galeana perpetraba asaltos –con sello sanguinario-, no sólo en la ciudad de México, sino que también en los estados de México, Morelos, Tlaxcala, Hidalgo y Puebla, donde ir al banco daba miedo.

Ríos Galeana aprendió la táctica de seguridad para cuidar bancos, pero, también se dio cuenta de que era fácil asaltarlos y llevarse buen billete. Los asaltos a bancos en los años 80’s eran pan de todos los días y ante los malos resultados, desapareció el Barapem.

EL CHARRO ENMASCARADO

“¡CAYÓ RÍOS GALEANA”. El Enemigo Público Número Uno, expolicía, asaltabancos y despiadado asesino. Fue la nota exclusiva y principal que publicó el periódico LA PRENSA en octubre de 1984.

La nota –la exclusiva- la ganó el periodista Augusto Cabrera Mondragón, quien informó que Alfredo Ríos Galeana había sido capturado cuando cantaba en un palenque en la Feria de Texcoco, porque su afición era cantar, pero, también matar cuando huía tras asaltar un banco. Mataba a quien se le pusiera en frente. Tres veces se fugó de prisión.

Al ladrón de bancos se le cargaban más de 20 asaltos y asesinatos. En 1983 fue capturado en Hidalgo de cuyo penal escapó. En 1984 fue recapturado en la ciudad de México donde también escapó del penal de Santa Martha Acatitla.

En 1985 fue reaprehendido y encarcelado en el Reclusorio Sur de donde volvió a fugarse durante una audiencia en el Juzgado 33. Perseguido no tanto por ser un peligroso delincuente, sino para que repartiera el fruto de los asaltos, Ríos Galeana se sometió a varias cirugías plásticas. Cambió de nombre y huyó hacia los Estados Unidos, donde, por una infracción de tránsito fue detenido e identificado como un delincuente con cuentas pendientes en México, por lo cual, fue deportado.
En 2015 fue trasladado al penal del Altiplano donde cumplía una condena de 25 años de prisión por el delito de homicidio, pero, la voz calló. El Charro Enmascarado no cantaba más. Murió el pasado 13 de enero del 2020.

Sin duda Ríos Galeana fue leyenda en la incipiente delincuencia organizada en México. De su vida hicieron una película que llevó el título de Mexican Gangster, donde se da fe de cómo el sanguinario asaltante de bancos, se daba tiempo para cantar y en los palenques y ferias de pueblo se hacía pasar como el Charro Enmascarado.

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