DE REPORTEROS

De cumpleaños y otras celebraciones…

Cartas a Leonora

POR: CLAUDIA ARELLANO GARCÍA
El 25 de noviembre está marcado en el calendario como El Día Internacional de la Eliminación de la
Violencia contra la Mujer o Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, cuando eres
madre de una niña no quieres ni pensar en lo que sería si alguien tocará en un sentido de violencia
a tu pequeña, este día, tiene una partida doble para esta servidora, quien espera hacer “click”,
contigo a través de mis vivencias, sufrimientos, pasos, caminos andados, experiencias vividas, para
algunos y mentiras y farsas para otros.
Este 25 de noviembre fue particularmente especial y ecléctico (en emociones) para esta servidora,
Leonora, mi pequeña hija, cumplió 3 años, justo en el marco de las mencionadas celebraciones,
pensé entonces: “¿En que la he ca…? Qué ejemplo he dado a mi hija hasta estos días como
mujer?, ¿Con tantos feminicidios que vida te espera?, el miedo se instala en el alma y en las
entrañas, pero su sonrisa precisa e inmediata y espontanea llega, me invade y me obsequia un
dejo de esperanza, de querer ser mejor, de lo que hasta ayer había sido.
Las preguntas de Leonora son precisas, sin juicios y a decir verdad ni yo tengo respuesta a cosas
como: “¿Mamá porque la gente maneja?, ¿papá porque la gente camina?, ¿Por qué los perros
ladran?, ¿Por qué nos ponemos zapatos?”, a veces rebusco una respuesta para satisfacer a Leo
pero pocas veces queda tranquila con la respuesta, normalmente después de una pregunta viene
otra duda, y esas son cosas que estoy segura ningún padre cambiaría, tal vez hoy las preguntas son
muy generales, me invade el nerviosismo de pensar cuando ella comience a cuestionar sobre
temas de los cuales se puedo tener la respuesta pero no el tacto al contestar.
Te haz preguntado ¿cómo serán tus hijos en diez o en tres o en cinco años?, te haz preguntado si
todas las horas invertidas en tu empleo, o en la actividad que desarrollas día a día, son de verdad
una inversión o simplemente das más peso a la actividad de proveedor(a), aún por encima de
verles a los ojos, tocar sus manos, oler su cabello; A mí me pasan este tipo de preguntas todo el
tiempo, sin embargo, es incierto saber si lo estoy haciendo bien, mal o pésimo.
En tres años de vida de Leonora aprecio otros valores, aprecio, la vida desde otro contexto, y
aunque hay muchas cosas que hoy duelen, estoy segura que el aprendizaje no sería el mismo si
cambiará tan solo una de esas piezas que hoy me componen con errores y virtudes. Hace algunos
días pensé y grite fuerte: “nunca debí aferrarme a tal o cual situación”, hoy tengo la certeza de
que el corazón no se equivocó y a pesar de no haber realizado las mejores elecciones, esas
elecciones me llevaron a hoy tener unas pequeñas manitas acariciando mi cabello diciendo:
“mamá eres una princesa”, a sentir sus besos espontáneos y sin costo en momentos en los que
crees que ya nada tiene sentido, ella, con un solo movimiento y parpadeo le da sentido a todo.
Si sumas 2+5, que es el 25 te da 7, el número de la suerte de muchos por excelencia, ella es mi 7,
mi 25, mi todo, ella hace que todo valga la pena, ellos nuestros hijos, nos dan una anergia especial,
que nos hace reconectarnos cada día con una fuerza que hace que ´por las mañanas no te quedes
en la cama dormido, que intenta disciplinarte, muchas veces a muchos nos hace cambiar de vida,
de modos, de costumbres, de manías. Debo confesar que una de las peores manías que detecto en

mi años atrás es el morderme las uñas, el día que descubrí a Leono haciendo lo mismo, comprobé
aquello en lo que dicen que es bueno un consejo pero que el ejemplo arrasa.
El sábado 25 tuvimos la oportunidad de encender tres luces en un pequeño pastel que fue
abrazado con toda su ilusión reflejada en sus ojos, en cada vela que encendemos cada año con
nuestr0os hijos, van nuestras eternas bendiciones, nuestros deseos de que jamás ninguna
desgracia les pase, que los vicios jamás los alcancen y que no haya un solo día en que se vayan a la
cama con un abrazo o una sonrisa pintada en su rostro.
El final de los terribles dos años es maravilloso, te deja un cumulo de experiencias, te deja el alma
en un hilo por cada vez que sientes que ellos quemaran la casa, mataran un animal o caerán al
piso sin remedio. Pones barreras que los protejan, quisieras tenerlos con casco 24/7, quisieras
meterlos en una capsulita que los proteja de enfermedad, accidente o daño a tercero, sin
embargo, esto no puede ocurrir en la vida real, sin duda, como tú o yo, tropezaran, caerán y a
veces nadie ni nada los podrá salvar, por ello la importancia de enseñarles a vivir sin hadas, o
príncipes azules, o personas salvadoras.
Importa, y mucho enseñarlos a que se amen, sin caer en egos absurdos, a que no se dejen pisar,
pero que tampoco sean soberbios a bien hacer, a no guardar rencores y vivir lo más limpio posible,
enseñarles que para sonreír no necesariamente necesitas alcohol o drogas, que para sonreír basta
saber quiénes son, y hacia dónde van, y de lo que están hechos.

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