Claudia Carrillo
En el corazón de Xochimilco, donde la fe no se recuerda: se vive, el nacimiento del Niño Jesús vuelve a manifestarse como un acto sagrado que une cielo y tierra.
La evocación del Niñopa no es solo un acontecimiento religioso, sino un latido colectivo que atraviesa generaciones, un lenguaje espiritual que se expresa en fe, rezos, cantos, caminatas y comunidad.
El Niñopa símbolo de la infancia divina y de la esperanza eterna recorre los barrios y hogares como un niño vivo, amado y cuidado por su pueblo. Las caminatas procesionales, realizadas con profundo respeto y devoción, no son solo traslados físicos: son peregrinaciones del alma, pasos de fe que unen a familias enteras en un mismo caminar espiritual, acompañando al Niño Jesús entre oraciones, música y silencio reverente.
Como parte esencial de esta tradición ancestral, se llevaron a cabo las posadas, ritual que revive el andar de José y María en busca de un lugar donde dar a luz al Salvador. En Xochimilco, las posadas son memoria viva, herencia espiritual y compromiso comunitario; cada canto y cada puerta que se abre renueva la vocación de hospitalidad y amor fraterno.
De manera especial, la cuarta posada fue un momento significativo de encuentro y comunión. En ella, Lilian Nava Fuentes y Emeterio Montiel López, como posaderos, ofrecieron no solo un espacio físico, sino un verdadero refugio espiritual lleno de entrega, fe y generosidad, recordándonos que abrir el corazón es el acto más alto de devoción.
Este caminar de fe ha sido guiado con responsabilidad y profundo amor por la tradición bajo el cuidado del Mayordomo Daniel López Trejo, quien con dedicación ha resguardado el orden, el respeto y el sentido sagrado que envuelve al Niñopa y a todo su pueblo.
El 24 de diciembre, la comunidad se congrega para arrullar al Niño, uno de los momentos más íntimos y conmovedores de esta celebración. Entre cantos tradicionales y rezos, el Niño Jesús es mecido con ternura, simbolizando el amor maternal y comunitario que lo acoge y recordándonos que Dios nace en la sencillez, en el cuidado y en la unidad del pueblo.
Posteriormente, el Niñopa será llevado en procesión para participar en la Santa Misa que se oficiará en la Iglesia de San Bernardino de Siena, corazón espiritual de Xochimilco. En este templo, cargado de historia y devoción, el pueblo eleva su oración agradecida, reafirmando su fe y renovando el compromiso de preservar una tradición que no pertenece al pasado, sino que sigue viva en cada generación.
Así, entre rezos antiguos y voces nuevas, Xochimilco vuelve a decirle al mundo que la fe permanece, que la tradición se camina y se hereda, y que el Niño Jesús en la figura amorosa del Niñopa sigue naciendo cada año en el corazón de su gente.
Porque mientras exista fe, comunidad, memoria y amor, el milagro continuará.
Fotos: Cortesía

