Antonio De Marcelo
Para la mayoría, el 25 de diciembre es una fecha de abrazos y recalentado. Para la familia Jiménez Arenas, es el día en que el tiempo se detuvo. Es el día en que un «ya voy por ti» se convirtió en un silencio que hoy, semanas después, desgarra el alma de una hermana, una madre y, sobre todo, de un hijo que sigue esperando el regreso de su padre.
Francisco Jiménez Arenas, de 41 años, es un hombre de trabajo. Durante mucho tiempo se ganó la vida como valet parking, enfrentando el sol y el cansancio para salir adelante. Sin embargo, detrás de su sonrisa y el trato amable con su familia, Francisco cargaba con el peso de la incertidumbre: desde octubre se había separado de su pareja y, semanas antes de Navidad, había perdido su empleo. Quizás por amor, quizás por no angustiar a los suyos, les decía que seguía trabajando. Él solo quería que su familia estuviera bien.
La última huella
Aquel día de Navidad, Francisco cumplió con lo más sagrado: su hijo. El joven, que vive en Tlaxcala con su madre, estaba de visita. Francisco lo llevó hasta la esquina de la casa de su tía en Iztapalapa, lo vio caminar hacia la puerta y se despidió con la promesa de volver más tarde por él.
A las pocas horas, un mensaje de texto salió de su celular: «¿Qué haces? ¿Ya despertó tu tía?». El joven respondió que sí. Fue lo último. Francisco nunca regresó a esa esquina. Nunca volvió a Chalco, donde una vecina lo vio salir temprano. Desde ese momento, su teléfono dejó de sonar y su rastro se perdió en el asfalto entre el Estado de México y la capital.
Un laberinto de indiferencia
Mientras Silvia, su hermana, recorre las calles con el corazón en un hilo, se ha topado con una barrera tan fría como el cemento: la burocracia. A pesar de los días transcurridos, aún no existe una carpeta de investigación. Los mandan de una oficina a otra, de una jurisdicción a otra, mientras los minutos de oro para encontrarlo se desvanecen. La familia ahora lucha no solo contra la ausencia, sino contra un sistema que les pide «esperar» cuando ellos ya no tienen más aliento.
Un llamado a la humanidad
Francisco no es un número más. Es el hermano que Silvia busca desesperadamente. Es el ex esposo que una madre en Tlaxcala espera ver entrar por la puerta con su hijo. Es el padre que dejó un vacío inmenso en el corazón de un joven que solo quiere saber dónde está su papá.
A la sociedad, a los vecinos de Chalco y de Iztapalapa, les rogamos: Si viste algo, si sabes algo, si crees haberlo visto en algún lugar, no guardes silencio. Cualquier detalle, por mínimo que parezca, puede ser la llave para traer a Francisco de vuelta a casa.
Nombre: Francisco Jiménez Arenas.
Edad: 41 años.
Última vez visto: 25 de diciembre, saliendo de Chalco y dejando a su hijo en Iztapalapa.
Señas particulares: Trabajaba como valet parking.
Hoy es Francisco, pero mañana podría ser cualquiera de nosotros. Ayúdanos a que su historia llegue a cada rincón. No permitamos que el olvido sea su último destino.
La Asociación Mexicana de Búsqueda de Personas y Dignidad Humana, que preside Elena Solís, emitió una cédula de búsqueda para Francisco Jiménez Arenas, la que aquí compartimos y en la que se indican sus señas particulares y los números telefónicos a donde pueden aportar información en caso de haberlo visto o concoer su paradero. Ayúdelo a regresar a su hogar.

