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La muñeca de arena

La muñeca de arena

*Zakie Smeke

Vamos a jugar a hacer una muñeca de arena, dijo Quique.

Sí, sí –respondieron todos a coro, pero los primos, John y Edward, que habían venido de vacaciones a la playa, por primera vez, no comprendían muy bien la idea de Quique. Sonreían, mirándose entre sí, desconcertados.

-¿Una muñeca de arena?, preguntaron, en el poco español que conocían, y, luego entre palabras y gestos, intentaron comprender: ¿Cómo la vamos a hacer?

Muy fácil, respondió Quique.

Primero, tenemos que hacer un hoyo profundo en la arena. Mezclamos la arena con agua para que se endurezca y metemos ahí a Sylvia. Luego, buscamos un sombrerito de paja y le ponemos una mascada en el cuello para que se parezca a los muñecos que ustedes hacen con la nieve.

Pero, Sylvia, pequeñita y valiente, que casi siempre aceptaba las ideas de su hermanito mayor, movió la cabeza en señal de negación y dijo:

–¡Nooo! mejor hagamos una rifa para ver a quién le toca meterse en el hoyo de arena. Podría ser un muñeco de arena que se parezca a los que ustedes hacen con la nieve en su país helado.                                                                                    

De acuerdo, dijo Quique poniendo conchitas en su cubeta y moviéndolas para que se revolvieran. Quien saque la conchita más grande será el muñeco o la muñeca.

!Sí, sí! dijeron todos emocionados y sacaron las conchitas de la cubeta. A Sylvia le tocó la más grande y entonces aceptó porque además ella sería ser la muñeca de arena más bonita e inteligente de la playa. Todos estuvieron de acuerdo y empezaron a cavar con sus palas y sus manos.

Vamos hay que traer más agua del mar para que la arena se endurezca.

El día despuntaba con la luz de las ocho de la mañana. La playa se vislumbraba como una larga línea plateada salpicada con los colores del amanecer. Las gaviotas se formaban en la orilla del mar mientras las olas reventaban con un ritmo suave y armonioso. El cielo azul profundo se pintaba con las nubes emplumadas. Los niños trabajaban arduamente, parecían especialistas en excavaciones, reían y compartían palabras en español con sus primos de habla inglesa.

Cuando se sentían cansados los cuatro niños caminaban hacia las sillas y la sombrilla en las que habían dejado sus cosas y la cámara, sentían la arena dorada deslizarse bajo sus pisadas. Tomaban un sorbo de agua y regresaban a continuar su trabajo de excavadores.

El sol cada vez se sentía más caliente. La playa se iba llenando de familias que llegaban para disfrutar del feriado con con pelotas y papalotes. También llegaban los vendedores de elotes asados con mayonesa, limón y chile aportando un aroma particular. Los algodones azules y rosas se veían tan ligeros que parecía que volaban. La playa parecía la paleta de un pintor que pintaba un arcoíris de colores. El salvavidas con su silbato colgado al cuello tomaba su puesto de vigilante en un silla alta.

Los niños continuaron con su tarea de cavar un agujero grande y profundo de la mejor calidad. La primera idea que tuvieron fue hacer un agujero horizontal, pero Quique, dijo:

No, mejor vertical, para que realmente parezca una muñeca de arena.

Llegó el momento en que Quique, dijo:

Ya está el agujero, aseguró, mientras Johny y Edward se levantaban sacudiéndose la arena del cuerpo. Frente a ellos había un agujero tan profundo que pensaron que podría caber  una boa enrollada. Era estrecho, pero Sylvia podría caber.

Métete .le dijo Quique a su hermana. Sylvia, miraba el agujero y se resistía, quería y no quería, miraba el agujero y se echaba para atrás.

No, decía Sylvia, pero como se sentía parte del juego, terminó aceptando.

Métete .afirmaba Quique. Te vas a ver tan bonita que llamarás la atención de todos los vacacionistas.

Buenodijo Sylvia.

Entre todos la cargaron sosteniéndola de las axilas y la colocaron en el agujero. Luego la cubrieron con arena casi hasta el cuello, era una arena húmeda que con el sol se iba secando y endureciendo. Ella sentía que no podía moverse y eso la incomodaba mucho. Utilizaron las toallas y un sombrero de paja para adornarla.

Me siento muy apretada, dijo Sylvia.

Sáquenme de aquí y comenzó a llorar.

Espérate tantitole dijo su hermano con palabras y sus primos con gestos. Solo déjanos tomarte una foto y ya te sacamos.

Mientras la niña empieza a desesperarse y sentir frío.

Los tres niños corrieron para traer la cámara, pero en ese momento, se escuchó la alarma sísmica y la gente en la playa empezó a correr. Los niños con la cámara en la mano no sabían qué hacer.

Corrandijo Quique, vamos por Sylvia.

How do we do to rescue Sylvia?, dijeron los primos sin notar que hablaban en inglés.

Los muñecos de nieve se deshacen con el calor, dijeron, pero ¿la muñeca de arena?

Además, sentían el movimiento de la arena bajo sus pies y lloraban.

Fueron corriendo hasta donde dejaron a Sylvia, pero desde lejos vieron que las toallas del sombrero y de la bufanda están extrañamente quietas. El movimiento terrestre paro.

No se oía más sonido que el de las olas. Cuando llegaron a su lado, vieron que su piel se había vuelto azul, que tenía los ojos cerrados y no se movía.

iVamos rápido, apúrense! Vamos a traer agua del mar con nuestras cubetas para mojarla y que la arena se transforme en lodo.

Pero, cuando llegan al agujero, vieron que Sylvia se había quedado dormida en su esfuerzo por salir del agujero. Aun así, ellos gritaron pidiendo ayuda.

El salvavidas  escuchó los gritos y lloridos de los niños y tocó su silbato, pero no había nadie más que él. Se apresuró a desenterrar a Sylvia de la arena. Poco a poco aparecieron otros paseantes que se acercaron para ayudar.

Cuando lograron sacarla y hacerla despertar, ella solo repitió, «!que frío tengo!».

La hermanita estaba de color azulado desde los pies hasta el cuello. La gente la cubre con toallas y Quique y los primos la abrazan para que su cuerpecito cobre temperatura.

Los primos conocen el color, el temblor y hasta el dolor que causa el frío también se acercaron a ella y la cubrieron con sus cuerpos.

No es una muñeca de arena… es una muñeca de hielo dicen, al unísono en un idioma que no es español ni inglés .                                                                                                                                                            

Sylvia, al fin despierta, cobra color y calor y descubre que no le ha gustado el juego, pero le gusta estar en los brazos de sus primos como si de verás fuera la niña de arena más bella del mundo.

FIN.

**Zakie Smeke, doctora en filosofía, maestra en periodismo y psicoanalista.

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