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Entre la precariedad y el cuidado: una deuda con las infancias

En días recientes, se dio a conocer el rescate de un bebé que permanecía solo dentro de una vivienda construida con lámina, cartón y madera, dentro de un asentamiento irregular en el Estado de México. De acuerdo con la información difundida, el hallazgo se registró durante un patrullaje a pie, cuando elementos de seguridad escucharon un llanto proveniente del interior del domicilio.

El padre llegó momentos después y relató que había salido del domicilio para vender fierro viejo con el objetivo de obtener recursos para comprar alimentos, dejando al bebé sin supervisión durante ese lapso. Ante los hechos, las autoridades procedieron al resguardo del bebé y activaron los protocolos de protección correspondientes; realizaron una valoración médica inicial, confirmando que el infante presentaba signos vitales estables y no mostraba lesiones visibles. Sin embargo, debido a las condiciones en las que fue encontrado, se determinó su resguardo institucional para garantizar su bienestar.

Este caso refleja con claridad la inequidad y desigualdad estructural que persisten en la sociedad mexicana. La falta de ingresos estables, el empleo informal, la ausencia de redes públicas de cuidado y el acceso limitado a servicios básicos colocan a muchas familias en escenarios de alta vulnerabilidad, donde las decisiones cotidianas se ven condicionadas por la urgencia de la subsistencia. Estas realidades no son excepcionales ni aisladas, sino parte de un contexto que continúa dejando a la primera infancia en una situación de desprotección sistemática.

Desde Reinserta, consideramos indispensable que este tipo de casos sean analizados con dignidad, sensibilidad y humanidad, evitando narrativas que deriven en la criminalización de la pobreza. En contextos de alta precariedad, situaciones como esta no siempre reflejan una infancia no amada ni una violencia ejercida de manera intencional, sino paternidades y maternidades profundamente condicionadas por la exclusión social, la falta de ingresos y la ausencia de apoyos institucionales. Sin embargo, reconocer estas realidades no implica normalizar condiciones que ponen en riesgo a niñas y niños, pues la precariedad económica no puede ni debe traducirse en entornos que vulneren su seguridad, su salud o su desarrollo integral. Ello, ya que garantizar espacios adecuados para la infancia no es solo una responsabilidad familiar, sino también una obligación del Estado, el cual debe generar las condiciones, apoyos y servicios necesarios para que el cuidado de niñas y niños pueda ejercerse de manera segura y digna.

En Reinserta sostenemos que la infancia debe ser una prioridad real y efectiva en la agenda pública. Hoy en día, proteger a niñas y niños implica reconocer el cuidado como una responsabilidad colectiva.

En un país marcado por el desempleo y la precarización laboral, resulta urgente explorar y fortalecer una mayor oferta de estancias infantiles y servicios de cuidado accesibles que permitan garantizar el bienestar de la infancia sin sancionar a las familias por su condición económica. Poner a la infancia en el centro exige reconocer que la desigualdad también es una forma de violencia.

Fotos: Tomadas del video de la policía que lo rescato

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