Por: JUAN MANUEL MENES LLAGUNO
Sin duda, Manuel Fernando Soto Pastrana fue el más importante impulsor de la creación del estado de Hidalgo en 1869, sus esfuerzos en este sentido pueden remontarse a las sesiones del Congreso Constituyente de 1856-1857 que aprobó la segunda Constitución Mexicana, dentro del que propuso la creación del estado de Iturbide —integrado con las grandes porciones huastecas de los estados de San Luis Potosí, Tamaulipas, Veracruz y la parte de lo que hoy es el estado de Hidalgo—, propuesta que, por cierto, abrevó de Melchor Ocampo cuando, confinado este por el gobierno de Santa Ana, tuvo a la ciudad de Tulancingo por cárcel en 1851, pero la moción no llegó siquiera a la discusión del pleno.
El fracaso de la propuesta no fue obstáculo para que Soto reanudara sus intenciones de fraccionar al entonces gigantesco Estado de México, de modo que en 1861, durante su gestión como diputado al Congreso de la Unión, reanudó su propósito ahora ante el presidente Juárez, nuevamente sus gestiones se vieron interrumpidas ante la inminente intervención extranjera, aunque en esta ocasión, al establecerse por decreto de 7 de junio de 1862 la división del Estado de México en tres distritos militares, la circunscripción de los municipios norteños —que correspondían al actual estado de Hidalgo— quedaron comprendidos en Segundo Distrito, que sería gobernado precisamente por don Manuel Fernando Soto.
Al triunfo de la República en junio de 1867, Soto Pastrana volvió a la carga y a lo largo de 1867, en compañía de los diputados al Congreso de la Unión Antonino Tagle, Manuel T. Andrade, Cipriano Robert, Protasio Tagle, Gabriel Mancera, José Luis Revilla y Justino Fernández, logró por fin que el 16 de enero de 1869 se promulgara el decreto que creó al actual estado de Hidalgo.
Soto, nacido en Tulancingo el 5 de junio de 1825, tras realizar en esa ciudad sus primeros estudios bajo la dirección del eminente maestro Marciano Lezama, continuó su preparación en el Seminario Conciliar de México, donde tomó diversos cursos de latín, filosofía y derecho civil, que debió interrumpir a merced de una grave enfermedad.
Todo indica que Soto gozó del aprecio del presidente Juárez, quien lo impulsó como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación —dato que deberá corroborarse— y en seguida como gobernador del Segundo Distrito Militar del Estado de México; ello, además de haber sido electo en tres ocasiones como diputado, la primera con el carácter de constituyente —1856-1867— y dos más como representante del distrito de Tulancingo, a todo ello se debió que el presidente prestara especial atención a su propuesta para crear la nueva entidad.
Soto Pastrana se presentó desde luego como candidato a gobernador tan pronto como Juan C. Doria, el gobernante interino —primero en regir los destinos de la entidad— convocó a la celebración de los primeros comicios de la historia hidalguense, de acuerdo con las disposiciones que al respecto existían en el Estado de México, como lo disponía el decreto fundacional del estado de Hidalgo.
La justa electoral se celebró el 2 de mayo de 1869, a través del llamado voto indirecto —en el que cada distrito designó a un “gran elector” encargado de emitir a nombre de todos los ciudadanos de su demarcación el voto en favor de quien considerara el candidato más viable según su conciencia—. El resultado en los 668 distritos electorales fue el siguiente: Antonino Tagle, 434 votos; Manuel Fernando Soto, 144; Justino Fernández, 80; Cayetano Gómez Pérez, tres; Joaquín Martínez, tres, y Pascual Carbajal, uno; se emitieron, además, tres votos en blanco.
Para propios y extraños, fue una verdadera sorpresa la manera contundente con la que ganó Antonino Tagle, solo explicable a luz una decisión política que permitiera al vicepresidente Lerdo de Tejada el triunfo de su candidato, que por otro lado fue apoyado por los ricos mineros de la Comarca Minera Pachuca-Real del Monte. En tanto que Soto se apoyó fundamentalmente en campesinos y empresarios de su natal Tulancingo y otras comarcas vecinas.
Tagle presidió una administración enfrentada al presidente Juárez, que pudo respirar hasta la muerte del Benemérito el 18 de julio de 1872, circunstancia que, empero, operó en contra de las aspiraciones políticas de Soto, que fue prácticamente borrado de la vida pública hidalguense y aunque formó parte la IX Legislatura (1878-1880) perdió toda fuerza política en el estado.
Gracias a su amistad con el poderoso empresario hidalguense Gabriel Mancera, pasó sus últimos días como inspector general del ferrocarril Hidalgo, del que Mancera era dueño, empresa en la que Soto fungió en ese cargo hasta su muerte, acaecida el 17 de agosto de 1896.
Como legado de sus últimos años de vida, Soto Pastrana publicó tres opúsculos: el primero, relativo a los ferrocarriles; el segundo, relacionado con las sociedades agrícolas, y, finalmente, el que recoge sus reflexiones sobre la función legislativa, suscrito el 27 de mayo de 1878, que tituló Responsabilidad de los diputados ante la opinión pública; todos, impresos en Ciudad de México.
Es así que el hombre que mayor impulso dio a la creación del estado se perdió injustamente en la bruma de los avatares de la política local, que lo sepultó de manera rotunda en el valladar de la historia. La imagen que ilustra esta columna es un dibujo en madera de Soto Pastrana realizado por el abogado e historiador Isaac Piña Pérez.
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