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La reforma electoral italiana

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Sebastián Godínez Rivera

Italia desde el fin de la Segunda Guerra Mundial ha sido uno de los países con mayor inestabilidad de Europa, ha tenido desde 1946 treinta primeros ministros y un total de 65 gobiernos, los primeros ministros pueden formar diversos gobiernos derivado de la reelección y las mayorías obtenidas en el parlamento. Sin embargo, Georgia Meloni pretende acabar con esta inestabilidad.

La jefa de gobierno presentó una iniciativa de ley con la cual propone impulsar un premio de gobernabilidad, es decir, la coalición que obtenga el mayor número de votos podría gobernar por sí sola. El sistema electoral italiano es inestable porque se basa principalmente en el modelo proporcional, todas las fuerzas políticas que alcancen el umbral establecido tienen garantizado un asiento en el parlamento. Esto ha generado que haya diversos partidos de distintas ideologías que tengan al menos un asiento en el legislativo, lo que se traduce en la existencia de diversas fuerzas políticas.

El objetivo del sistema italiano es la construcción de acuerdos y consensos entre varias fuerzas políticas, cabe destacar que el fantasma del régimen fascista de Mussolini sigue muy presente. Que una sola fuerza política pueda gobernar por sí sola es sinónimo de estabilidad de acuerdo con algunas personas, sin embargo, también puede devenir en una concentración de poder que dinamite los contrapesos.

La Ley Electoral vigente mezcla la repartición de escaños con un sistema proporcional y la parte restante con un sistema mayoritario. A pesar de que Meloni y la derecha ganaron con estas reglas, lo cierto es que la primera ministra pretende hacer cambios producto de un cálculo político. En 2022 la izquierda se fragmentó y esto permitió a la coalición gobernante tener un mayor número de votos; ahora, pretenden repetir el triunfo bajo otras reglas electorales.

La propuesta plantea que haya un premio de gobernabilidad para la coalición que obtenga el 40% de los votos, obtendría 35 escaños adicionales para el Senado y otros 70 en la Cámara Baja. El objetivo es que los ganadores no solo puedan invertir al gobierno, sino también tener mayor estabilidad para impulsar su programa de gobierno sin la necesidad de que la oposición dinamite el ejercicio del poder. De acuerdo con los sondeos electorales se prevé que la coalición de Meloni gane la mayoría, pero si la izquierda se une estos tienen la posibilidad de disputar el gobierno.

En política las derrotas y las victorias no son para siempre (a menos que sean regímenes autoritarios), la incertidumbre en los resultados, pero la certidumbre en el conteo de votos es la máxima de la democracia. Si la reforma se aprueba y las fuerzas de derecha comienzan a perder apoyo ante la izquierda, esta no tendría problemas para ignorar a la oposición. Como dice José Woldenberg los ganadores siempre piensan que van a tener el control y no es así.

También se plantea que en caso de que ninguna coalición obtenga el 40%, habría una segunda vuelta entre los dos bloques con mejores resultados, siempre y cuando hayan superado el 35%. Así como en los regímenes presidenciales donde existen las segundas vueltas lo que se pretende es que los electores se decanten por una de las dos opciones, lo mismo se pretende en Italia, sin embargo, esto también puede jugar en contra porque si una fuerza obtiene una mayor cantidad de votos que la otra en la primera ronda, pero en la segunda pierde, esto puede generar inestabilidad si los actores políticos no reconocen los resultados.

Es pertinente señalar que las intenciones de Meloni son electorales porque los sondeos dan a su coalición como clara ganadora, sin embargo, la introducción del bono de gobernabilidad puede ser contraproducente. En la iniciativa es posible leer que “un sistema capaz de expresar unas mayorías parlamentarias reconocibles y estables en el respeto del pluralismo político». El problema no es el sistema, ni las instituciones sino que los actores sean capaces de reconocer los resultados, mientras que los ganadores sepan respetar a los derrotados en las urnas.

Simplemente la existencia de un bono electoral es cuestionable porque un partido recibiría escaños que no fueron ganados en las urnas. El argumento de la inestabilidad es claro y las cifras respecto a 65 gobiernos en 80 años son claras, pero no es suficiente para justificar un aumento en el número de legisladores a partir de una visión ideológica, sustentada en los sondeos. La discusión es amplia y existen varios puntos a favor o en contra de estos cambios al sistema electoral.

  1. Casualmente el periodo con mayor estabilidad de Italia fue bajo el gobierno fascista de Benito Mussolini de 1922-1943. El Duce como se le conocía, prohibió los partidos y solamente permitió la existencia del Partido Nacional Fascista.

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La reforma electoral italiana

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