Por Ricardo Burgos Orozco
El pasado jueves 11 de marzo un hombre falleció en el Metro Camarones de la Ciudad de México al caer desde una altura de 30 metros. De acuerdo con los reportes policiacos a la persona – de unos 40 años de edad – le estalló su teléfono celular cuando iba hablando al bajar las escaleras; ese incidente hizo que perdiera el equilibrio y se desplomara hasta el fondo de la estación. Su muerte fue instantánea. Camarones es una estación de la Línea 7, que es la más profunda del Sistema de Transporte Colectivo de la capital de la república.
El móvil le pudo haber explotado al usuario en cualquier momento, pero desafortunadamente ocurrió en el momento en que entraba a la estación y empezaba a bajar las escaleras eléctricas. Seguramente iba hablando o lo estaba usando de alguna manera para que perdiera el equilibrio y cayera. La policía no detalla cómo sucedió el hecho, pero tal vez hubiera muerto únicamente por el estallamiento del aparato cerca de su cuerpo.
El celular de esta lamentable víctima no estalló de manera espontánea. Habría que ahondar en su caso para saber las razones que provocaron el accidente porque para que una batería de iones de litio explote, debe ocurrir un fenómeno llamado fugitividad térmica, que es un ciclo de retroalimentación donde el calor genera más calor y las celdas internas se rompen hasta que la energía acumulada se libera de forma violenta.
¿Cuál es la causa de que explote una batería de celular? Puede ser una caída previa del aparato que, aunque no rompa la pantalla, puede hacer que se deforme la carcasa y se afecten los componentes del equipo; uso de cargadores pirata; cargas excesivas más allá del 80 por ciento continuamente y degradación por su uso.
Se estima que en México existen 158 millones de líneas de telefonía móvil activas lo que significa que una persona tiene más de dos aparatos. El uso de celular se ha convertido en una herramienta indispensable para nuestra vida diaria. Para mucha gente es indispensable tener un celular, pocos conciben estar sin él por la necesidad de comunicarse y sobre todo ahora con las redes sociales y el uso de mensajería digital como whatsapp.
Es cierto que contar con un móvil es muy necesario en nuestra época, pero para millones se ha convertido en una especie de obsesión porque lo usamos en todo momento, aunque realmente no sea necesario. En el Metro hay gente que no suelta el celular para nada, lo trae en la oreja hablando con quién sabe quién, chateando, con los juegos del equipo u otros que ellos mismos le instalaron, viendo videos o películas.
Hace unos días en un transporte colectivo sucedió una anécdota muy chistosa: veníamos bastantes pasajeros, unos de pie y otros sentados, de pronto sonó el timbre de un celular y casi todos al mismo tiempo nos buscamos en el bolsillo inconscientemente para corroborar si era el nuestro. Era el de una mujer de tipo humilde, que sacó el móvil de su delantal; le hablaba su patrona para confirmar la lista del mandado que le había encargado.
El uso del celular se convierte en peligroso al cruzar la calle, bajar escaleras o manejar un automóvil o viajar en un transporte colectivo, sin precaución. Lo peor es cuando la obsesión por ese aparato nos aísla – paradójicamente — de familia y amigos.

