Claudia Carrillo
Cada pequeño gesto cuenta. Desde la manera en que compramos alimentos hasta cómo aprovechamos lo que hay en nuestra cocina, nuestras decisiones diarias tienen un impacto directo en el planeta.
El 30 de marzo, fecha en que se conmemora el Día Internacional de Cero Desechos, es un recordatorio de que el cambio hacia un mundo más sostenible comienza en casa.
Esta jornada, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas y celebrada por primera vez en 2023, busca impulsar nuevas formas de consumo y producción que reduzcan la cantidad de residuos que generamos. No se trata solo de reciclar, sino de repensar nuestra relación con los recursos.
La urgencia es clara. De acuerdo con organismos internacionales, cada año el mundo genera entre 2,100 y 2,300 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos. Si no se toman medidas contundentes, esta cifra podría alcanzar 3,800 millones de toneladas para el año 2050.
Dentro de este panorama, uno de los desafíos más preocupantes es el desperdicio de alimentos.
A nivel global, cerca de 1,000 millones de toneladas de comida terminan en la basura cada año. En México, el problema también es alarmante: se desperdician aproximadamente 21 millones de toneladas de alimentos, una cantidad que equivale a tirar dos tráilers llenos de comida cada minuto.
Este desperdicio no solo significa comida perdida. Cada alimento desechado representa agua, energía, tierra y trabajo humano que se utilizaron para producirlo. Además, cuando los residuos orgánicos se descomponen en los vertederos generan metano, un potente gas de efecto invernadero que acelera el cambio climático.
Sin embargo, también hay razones para el optimismo. En distintas partes del país existen iniciativas que promueven una relación más consciente con los alimentos. Espacios como Fundación Herdez Casa Doña María Pons, en San Luis Potosí, rescatan prácticas de la cocina tradicional mexicana donde históricamente se ha privilegiado el aprovechamiento total de los ingredientes.
Para llevar estas acciones a la vida diaria, la chef Mariana Orozco, vocera de la estrategia de la Red BAMX Pacto por la Comida y autora del libro “Cocina mucho, desperdicia poco y ahorra más”, comparte algunas recomendaciones sencillas que pueden marcar la diferencia:
Aprovecha todo el ingrediente: los tallos del cilantro pueden utilizarse igual que las hojas. Si no los usarás pronto, congélalos para salsas o aderezos.
Organiza mejor tus alimentos: guarda las verduras con menos humedad fuera del refrigerador y las ya cortadas dentro para prolongar su duración.
Dale una segunda vida a los residuos: la cáscara de naranja que sobra después de rallar puede mezclarse con vinagre para crear un limpiador natural.
Conserva tus hierbas frescas: colócalas en un frasco con agua dentro del refrigerador y cúbrelas con una bolsa para que duren más tiempo.
Adoptar hábitos de cero desperdicio no requiere cambios drásticos, sino decisiones conscientes y constantes. Cada alimento que se salva de la basura, cada ingrediente que se aprovecha por completo y cada residuo que se reduce es un paso hacia un futuro más sostenible.
El reto es colectivo, pero comienza con acciones individuales. Hoy es un buen momento para empezar.
Fotos: Cortesía

