Claudia Carrillo
Mientras el país se prepara para recibir uno de los eventos deportivos más importantes del mundo, especialistas advierten que detrás del entusiasmo por la Copa Mundial de la FIFA 2026 existe una realidad que no puede ignorarse: el aumento del riesgo de trata de personas.
Ante este escenario, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, la organización SINTRATA y el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, con el respaldo de Uber, lanzaron la campaña “Mundial Sin Trata”, una estrategia que busca alertar y movilizar a la ciudadanía frente a un delito que suele permanecer invisible.
La preocupación no es menor. La llegada de millones de visitantes, el incremento del turismo y la alta movilidad entre ciudades generan condiciones que pueden ser aprovechadas por redes criminales para explotar a personas en situación de vulnerabilidad.
De acuerdo con estimaciones recientes, en México la gran mayoría de los casos de trata no se reportan, lo que permite que este delito continúe operando en silencio.
La campaña pone el foco en quienes, sin ser autoridades, pueden marcar la diferencia: trabajadores del sector turístico, transporte, salud y cualquier persona que, por su entorno, pueda detectar señales de alerta.
La apuesta es clara: transformar cada trayecto, hotel o punto de encuentro en un posible espacio de protección.
Uno de los principales riesgos identificados es la captación digital. Redes sociales, aplicaciones de mensajería e incluso videojuegos se han convertido en puertas de entrada para enganchar a víctimas, especialmente menores de edad. A esto se suma la operación de redes transnacionales que utilizan engaños, como falsas ofertas de empleo o promesas de regularización migratoria.
Frente a este panorama, las organizaciones impulsoras insisten en la importancia de informarse y actuar.
La Línea Nacional contra la Trata de Personas (800 55 33 000) se mantiene como un canal seguro y confidencial para reportar posibles casos y recibir orientación.
En un país que será anfitrión del mundo, el reto va más allá de la logística o la seguridad en estadios.
Se trata de evitar que la celebración deportiva oculte historias de explotación. Porque en medio del espectáculo, la indiferencia también juega, y perder no es opción.
Fotos: Cortesía

