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Doctora a los 89 años

Por: MARCOS H. VALERIO

Cuando la mayoría de las personas piensa en los 89 años, imagina reposo, sillón y recuerdos. Marta Elena Guerra Treviño, en cambio, imaginó una toga, un birrete y el título de Doctora en Pedagogía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Y lo consiguió.

El pasado 8 de abril, entre lágrimas de emoción, ramos de flores y aplausos que retumbaban en los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras, Marta Elena recibió su doctorado.

Con una sonrisa que iluminaba todo el auditorio, se convirtió en la persona más longeva en obtener un grado doctoral en la historia de la UNAM. Un récord que ya nadie le quitará.

Pero su historia no empezó ayer. Marta Elena siempre soñó con la Universidad. De joven no pudo entrar. La vida, las responsabilidades, la familia… todo se interpuso. Hasta que, a los 42 años, tomó la decisión que cambiaría su destino: ingresó a la Licenciatura en Lengua y Literaturas Modernas Inglesas en la FFyL. Ahí no solo estudió: enseñó durante cuatro décadas con la misma pasión que hoy la mantiene viva.

Cuando se jubiló, muchos le preguntaron: “¿Ahora qué, doña Marta?”. Ella respondió con hechos: “Ahora termino lo que empecé”.

Y lo terminó. A sus 89 años.

Con la voz todavía firme y los ojos llenos de esa luz que solo tienen quienes nunca se rinden, Marta Elena cuenta que terminó su doctorado “porque ya no trabajo, estoy retirada… pero nunca dejé de aprender”. Para ella, el conocimiento no tiene edad. Es un fuego que se aviva con los años.

Sus compañeros de generación, muchos de ellos jóvenes que hoy tienen la edad que ella tenía cuando entró a la UNAM, la miran con admiración y cariño. Sus familiares, entre lágrimas, no dejan de repetir: “Es un ejemplo de vida”. Y la propia UNAM, a través de sus autoridades, la reconoció como un símbolo de perseverancia y amor por el saber.

Marta Elena no llegó sola al podio. Llegó con décadas de esfuerzo silencioso, con la fuerza de quien sabe que los sueños no caducan, con la humildad de quien nunca dejó de ser alumna.

Hoy, a sus 89 años, no solo se doctoró. Le recordó a todo México que la curiosidad no envejece, que el deseo de aprender es eterno y que nunca, jamás, es tarde para perseguir lo que el corazón anhela.

CHARLAS DE TABERNA

MARCOS H. VALERIO

De

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