Sebastián Godínez Rivera
Los títeres son muñecos manejados por una persona a través de hilos y estos buscan entretener a un público, ya que están asociados al teatro. Sin embargo, en Ciencia Política el concepto gobiernos títere se refiere a que existen presidencias, monarquías y dictaduras que están dirigidas por una potencia que dicta la política a seguir, el término apareció en 1884 para referirse al Jedivato de Egipto, un estado semiautónomo del Imperio Otomano.
Se popularizó durante la Segunda Guerra Mundial y se popularizó durante el periodo de la Guerra Fría. La Italia fascista y la Alemania nazi nombraron gobiernos provisionales que recibían instrucciones de Mussoli y Hitler, proveían recursos materiales y económicos y su soberanía era inexistente ya que el gobierno estaba tutelado por las potencias. Por ejemplo, el régimen de Vichy en Francia (1940-1942), el gobierno húngaro de Unidad Nacional (1944-1945), Albania fascista (1944-1945), el Estado Independiente de Croacia (1939-1945) o el Estado Helénico (1941-1944).
Los ejemplos mencionados con antelación se caracterizaron por ser fieles o colaboracionistas con las potencias invasoras, es decir, ante la ocupación territorial para algunos políticos la solución fue ceder la soberanía. No obstante, otros decidieron colaborar por su simpatía con las ideas fascistas o nacionalsocialistas, se convirtieron en una serie de países alineados con los dictadores que ejercieron el poder. Tras la operación Barbarroja de 1941, la Unión Soviética avanzó desde el este para liberar a los países ocupados, empero, tras el fin de la guerra decidió formar su cinturón de gobiernos títeres.
El telón de acero o Muro de Berlín fue la barrera física que separó el mundo occidental y oriental. Detrás de esa pared la Unión Soviética impuso el socialismo y fortaleció a los partidos socialistas de Hungría, Checoslovaquia, Bielorrusia, Lituania, Letonia, Estonia y en el centro de Asia hizo lo mismo con Azerbaiyán, Kirguistán, Uzbekistán entre otras naciones. El soviet supremo era la autoridad que dictaba la política nacional e internacional de las repúblicas soviéticas.
Durante los años cincuenta y sesenta del siglo XX se llevaron a cabo las guerras de independencia en Asia y África. Las antiguas potencias coloniales como Reino Unido y Francia lucharon para evitar su independencia, pero al fracasar optaron por apoyar golpes de estado que estuvieran alineados con sus intereses, la dominación política se esfumó, pero el sometimiento económico fortaleció la dependencia de los nacientes países con las viejas metrópolis.
No es casualidad que gobiernos como el de Bokassa en República Centroafricana, Gnassingbé Eyadéma en Togo o Mobutu Sese Seko en República Democrática del Congo. Estos personajes ejercieron por décadas el poder y obedecieron a los ejecutivos de Europa, a cambio la comunidad internacional guardaba silencio ante los crímenes, la represión y las atrocidades del continente. En Asia la historia no fue diferente, Corea del Norte, Laos y Vietnam se llegaron a la doctrina socialista, aunque si bien tuvieron liderazgos revolucionarios en algunas cuestiones, estos seguían la pauta dictada desde Rusia.
En América los gobiernos títeres fueron patrocinados por Estados Unidos durante el siglo XX como el caso Fulgencio Batista en Cuba, Jorge Ubico en Guatemala o Nicaragua bajo Adolfo Díaz. Los brotes de nacionalismo y soberanía fueron considerados por los estadounidenses como una variante del socialismo, por lo tanto, optó por el apoyo a dictadores que lograron mantenerse a través de las fuerzas armadas norteamericanas.
La existencia de estos personajes garantizó la protección de los intereses económicos de los Estados Unidos como el cultivo de frutas en Centroamérica a manos de la empresa United Fruit Company. La compañía era tan poderosa que podía solicitar al gobierno la intervención directa en las naciones y la caída de presidentes a los que consideraban incómodos. De hecho, el nombre de repúblicas bananeras se debe a la producción de plátanos en la región centroamericana, no era un descalificativo como se utiliza hoy en día.
Mientras que en el caso de Cuba, esta era esencial para el control de las plantaciones de azúcar y además, era considerado el casino más grande. Batista fue la opción de los Estados Unidos para imponer el control y sofocar el movimiento revolucionario de “Los barbudos”, osea Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y Ernesto “Che” Guevara, sin embargo, sus intentos fracasaron en enero de 1959 cuando se consumó la Revolución Cubana.
El debate sobre los gobiernos títere resurgió a partir de la operación militar estadounidense que depuso del poder al dictador venezolano, Nicolás Maduro. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha establecido una relación cordial y coordinado con Donald Trump al punto que se han excarcelado a ciertos de presos políticos, Estados Unidos anunció la inversión de capital por parte de las petroleras en Venezuela y ha dicho que se encargará de transitar hacia una democracia.
Mientras tanto Rodríguez discursivamente insiste en la autonomía y la continuidad de la Revolución Bolivariana, no obstante, las acciones dicen más que mil palabras. La radicalización ha quedado atrás y las relaciones Washington-Caracas son muy amistosas, puesto que los norteamericanos han expulsado a Rusia y China del hemisferio a cambio del tutelaje norteamericano.
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