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¿Un Orbán búlgaro?

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Sebastián Godínez Rivera

“Europa ha caído víctima de la ambición de ser un líder moral en un mundo sin reglas” fueron las palabras de Rumen Radev líder de la coalición Bulgaria Progresista que obtuvo el 44% de los votos. El país ha ido ocho veces a las urnas en cinco años lo que lo convierte en uno de los miembros más frágiles de la Unión Europea (UE).

La victoria de Radev para muchos significa la llegada de un personaje nacionalista y que ha sido apodado “el Orbán húngaro”, esto es algo que lamentablemente ocurre en la opinión pública, derivado de un análisis superficial se considera que por ser soberanista es lo mismo que el ex primer ministro húngaro, Viktor Orbán. No es nuevo, entre 2018 y 2023 cada líder populista de derecha que aparecía era catalogado como “el Trump de” seguido de la nacionalidad.

Sin embargo, el expresidente y próximo primer ministro optó por una campaña pragmática, es decir, consiguió votos de todos los sectores de la sociedad: nacionalistas, liberales, europeístas, globalistas, etcétera con el objetivo de lograr una mayoría que le permita gobernar y hasta un primer momento le funcionó obtuvo 132 escasos de 240, lo que le otorga la mayoría absoluta.

Radev ha despertado cuestionamientos de la oposición liberal y europeísta porque es considerado un personaje que tiene nexos con Rusia, por lo tanto, Bulgaria podría convertirse en una de las naciones de la órbita de Putin. Existen visiones encontradas entre quienes consideran que si el país el miembro de la UE tienen un compromiso con occidente, pero los nacionalistas asumen que es momento de rechazar el euro como moneda búlgara y restablecer el lev ya que es el último vestigio de soberanía.

Cuando era presidente, cargo al que renunció en enero de 2026 para competir en los comicios parlamentarios, promovió un referéndum para que Bulgaria aceptara o rechazara la adopción del euro. Como ejecutivo implementó una campaña nacionalista bajo el argumento de que el país no estaba listo y debía mantener su moneda, sin embargo, la ciuadanía eligió lo contrario al considerar que la moneda única es un compromiso de la integración del continente.

Claramente tiene un perfil euroescéptico en el aspecto que rechaza la injerencia de Bruselas en la política interior, pero reconoce los beneficios de pertenecer a la UE. También ha criticado el apoyo del organismo a Ucrania al considerar que esto mantiene la escalada bélica con los rusos; esta postura no es nueva sino que ha sido sostenida por el ex primer ministro húngaro, Viktor Orbán y sus pares de Eslovaquia y República Checa, Robert Fico y Andrej Babis respectivamente.

El nuevo primer ministro ha sido un crítico férreo de la UE al considerar que las naciones pierden soberanía ante el organismo supranacional lo que ha encendido las alertas de los otros miembros quienes consideran que podría convertirse en el nuevo Orbán. Otra característica de Radev es que ha buscado negociaciones y acercamientos con Rusia para evitar las sanciones y que esto repercuta en la Unión Europea.

El sociólogo Parvan Simeonov considera que Radev es difícil de entender porque como muchos líderes de la región este juega las cartas europeístas o nacionalistas según corresponda. El propio primer ministro se considera a sí mismo como un antisistema que desafía a las élites políticas y empresariales del país.

Su movimiento de izquierda nacionalista busca reivindicar a la nación búlgara, pero también aspira a terminar con la inestabilidad, promueve la disciplina fiscal a nivel macroeconómico, propone combatir las desigualdades y se ha posiciondo en contra de la corrupción. En su coalición lo acompañan funcionarios del Estado, miembros de las fuerzas armadas, el principal productor de armas del país y algunos deportistas de ideología socialista.

Sin embargo, hay un elemento relevante de su militancia política y es que en 2016 el Partido Socialista Búlgaro lo nominó para las elecciones presidenciales del 2016. Este partido es el heredero del Partido Comunista Búgaro, la fuerza que gobernó el país de forma autoritaria bajo Todor Zhivkov hasta su muerte en 1990 y durante el proceso de transición a la democracia este abandonó el marxismo-leninismo.

Este antecedente es relevante porque delinea la transición del autoritarismo a la democracia, pero también la constante de que los partidos comunistas se reformaron hacia la socialdemocracia o a un socialismo democrático para coexistir en regímenes pluralistas. En ese sentido los preceptos de los socialistas búlgaro están marcados en Radev quien se asume como un izquierdista-conservador, es decir, se ciñe a la justicia social en materia económica, pero no se adscribe a las nuevas izquierdas como el ecologismo o la defensa de la diversidad sexual.

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