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Estados Unidos y el vasallaje europeo

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Sebastián Godínez Rivera

Samir Amin señala que el dominio de Estados Unidos en el terreno armamentístico se debe a que la producción bélica escapa a las normas del mercado, pero en el terreno económico los estadounidenses actúan de forma parasitaria. La autoproclamada superpotencia depende de la producción de sus aliados y otras naciones para sostenerse, sin embargo, esto no elimina el déficit que mantiene en su balanza comercial y que a los ojos del autor estos han sido evadidos a través de diversas estrategias que violentan el liberalismo o imponen sanciones a otras naciones.

Sin embargo, la dirigencia norteamericana ha comprendido perfectamente que, para  conservar su hegemonía, dispone de tres ventajas decisivas sobre sus competidores europeos y japonés: el control de los recursos naturales del globo terráqueo, el monopolio militar y el peso que tiene la “cultura anglosajona” a través de la cual se expresa preferentemente la dominación ideológica del capitalismo. Washington actualmente ha impulsado una nueva expansión en Eurasia, el Mar Meridional de China, África y América Latina para garantizar que las materias primas completen sus cadenas productivas.

Europa y Japón no tienen recursos propios, por lo tanto, dependen de las actividades estadounidenses y su expansión en el globol para que subsistan. Muestra de ello la visita de la primera ministra de Japón Sanae Takaishi a Estados Unidos para firmar un acuerdo de explotación de minerales críticos en el Pacífico. Por otro lado, la guerra ruso-ucraniana ha tensado la relación entre Europa y los rusos, pero la fragilidad de los primeros fue exhibida cuando Putin cerró los gasoductos para dotar de combustible al occidente del continente.

El autor también señala algunas propuestas para el análisis de la triada: 1) no es un imperio distinto a los anteriores, sino que está disfrazado; 2) hacer una relectura de la historia del capitalismo mundial; 3) una reinterpretación de la visión occidentalocéntrica y la construcción de hegemonías las cuales tienden a ser breves; 4) la mundialización como una utopía, pero no como la materialización de la doctrina liberal impulsada primero por Gran Bretaña y luego por Estados Unidos desde 1980.

Amin también señala algunos puntos como el Medio Oriente y su geopolítica que son considerados por los estadounidenses esenciales para cercar y limitar la expansión soviética en el siglo XX y rusa en el XXI. El fomento a gobiernos cercanos a Washington como puntos de control de recursos, pero también centros de presión hacia los adversarios como ocurrió con el Sha de Irán y luego la ruptura con la República Islámica de Irán. Menciona también el papel del Golfo Pérsico como escenario de guerras para hacerse con el control de vías marítimas y recursos.

La alianza entre las potencias occidentales e Israel está fundada entonces en la solidez de sus intereses comunes. Esta alianza no es ni el producto de un sentimiento de culpabilidad de los europeos, responsables del antisemitismo y del crimen nazi, ni tampoco de la habilidad del “lobby judío” para explotar ese sentimiento. Si las potencias occidentales pensaran que sus intereses no estaban en conjunción con el expansionismo colonial sionista, encontrarían rápidamente los medios para sobreponerse a su “complejo” y neutralizar al “lobby judío

Por otro lado, en el apartado denominado “arenas movedizas del proyecto europeo” el autor menciona que Europa no podrá romper con el atlantismo debido a la dependencia del capital transnacional estadounidense. Este es un arma de doble filo puesto que Estados Unidos se mantiene a flote a pesar de su déficit por el dinero que es inyectado de sus aliados con el objetivo de no generar una crisis y mantenerlo como parte de la tríada, sin embargo, los europeos continúan jugando un papel de vasallos y en detrimento de sus propias economías que pasarán factura a sus ciudadanos.

Finalmente, también se expone que hay tres tipos de europeos: 1) los que aceptan la subordinación a Washington; 2) los que quieren una Europa sin injerencia de Washington; y 3) los promotores de la Europa social, es decir, tener relaciones amistosas con el sur, China y Rusia. Por otro lado, están los soberanistas, nativistas o nacionalista que rechazan la idea de un continente subordinado al poder trasnacional donde se encuentran las derechas populistas y las izquierdas nacionalistas.

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