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Los lentes de mi madre

Por: MARISSA LLERGO

Fue la misma tarde en que nos encontrábamos celebrando el bautizo de un sobrino muy querido. Llegó mi hermana, en compañía de su esposo, a la mesa donde nos habían instalado los anfitriones. Después de los saludos, ella abrió su bolso y me pasó un objeto dorado. – “Eran de nuestra madre. Mi tía S se quedó con muchos, y yo elegí estos (hizo un gesto señalando los que traía puestos), pero pensé que este juego te gustaría a ti”.

De entrada le agradecí auténticamente por haber guardado para mí, un objeto que le había pertenecido a mi mamá. Los espejuelos que recibí, son muy originales, no había visto otros así. Primero la base metálica, que puede graduarse, y además otra pieza que se une a la primera por medio de imanes, para aumentar el tamaño de lo que vas a ver con ellos. Al día siguiente llamé a la persona que gradúa mis lentes.

Ella se hizo cargo y una semana después, ya lo tenía listos para usar. Inclusive le faltaban las patitas que ayudan a que los lentes se sostengan por encima de la nariz (ahora sé que se llaman plaquetas nasales), y ella le hizo colocar el par necesario. Cuando me los trajo, realmente me di cuenta del potencial de ese par de gafas.

Son femeninas, hermosas y sumamente útiles. Las coloqué dentro de mi costurero, y ya han sido varias las veces que las he usado para ensartar el hilo en la aguja, y coser con detalle alguna prenda. Por si esto fuera poco, el saber que fueron de ella, que seguramente las usó bastante, pues ya le faltaban las mentadas plaquetas, me produce un encanto especial. Me llevó a recordar aquella temporada en que a ambas nos dio por elaborar moños, que después poníamos en las calcetas, vestidos o adornos de cabello para mi primera hija, la que entonces tenía apenas un año de edad.

Cada una tenía su caja, llena de listones, hilo, pegamento y lo necesario para esta labor, y cuando nos reuníamos en su casa o la mía, comparábamos las creaciones. Fue una alegría creativa, la que compartimos. Y mi hija, para nuestro beneplácito, lucía nuestras manualidades. En realidad, no necesito objetos para recordarla.

Y sin embargo, estos lentes, ocupando su lugar en mi costurero y siendo de gran utilidad cada vez que los requiero, evocan recuerdos de momentos muy lindos. Ella que fue tan creativa, tan inquieta y tan hábil para encontrar el modo de hacer cualquier manualidad, de la manera más sencilla. Me pregunto qué estará haciendo ahora con sus habilidades, allá en el nivel de luz donde se encuentra.

Mientras tanto, seguiré disfrutando mis lentes y pensando en ella. Con amor y nostalgia, Marissa Llergo.

De

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