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¡Chihuahua distractor!

Por: ARTURO SUÁREZ RAMÍREZ

El sentido profundo de la protesta social

consiste en haber opuesto al fantasma implacable

del futuro la realidad espontánea del ahora

Octavio Paz

En la política las formas siempre son importantes, más cuando Andrés Manuel López Obrador era el rey de la calle y de la movilización. Siempre llenaba —o le llenaban— el Zócalo de la Ciudad de México. Motivos no faltaban: la defensa de la democracia tras la elección que no ganó en 2006, la toma de protesta de su “presidencia legítima”, un plantón, luego otras dos campañas y, hasta como presidente, decidió salir a marchar para defender a su administración. Hoy no hay nada que defender; el tiempo y la historia ya hicieron su trabajo y las cosas no ocurrieron como él se veía: prácticamente en un altar.

Mientras Sinaloa se encuentra desde hace mucho tiempo en alerta roja por la violencia y la operación del narco, ahora se suman las acusaciones contra Rubén Rocha Moya y otros nueve personajes cercanos a él por parte de Estados Unidos. Los morenos decidieron desviar la atención de ese tema y trasladarla a Chihuahua, con el argumento de la operación de miembros de la CIA que, según ellos, estuvieron amparados por la gobernadora Maru Campos. Si existe algún delito, que vayan por los responsables, pero también se trata de un asunto político.

Todo el aparato morenista —esos que operan para llenar plazas, marchar, hacer pancartas y organizar el acarreo— junto con sus youtuberos a sueldo, se trasladó a Chihuahua. Ahí están las imágenes y los mensajes que dejó la movilización: no llegaron a la expectativa. Mucho tuvo que ver la gente que está a favor de Maru Campos y que organizó bloqueos. Se vieron contingentes dispersos, muy lejos de aquella “marcha histórica” que prometieron sus dirigentes. Por cierto, Andy López y Ariadna Montiel tampoco estuvieron a la altura. Eso sí, ni una palabra para responder a los cuestionamientos sobre Sinaloa y Rocha Moya.

El origen puede estar justificado en la defensa de la soberanía, pero esa misma defensa debería aplicarse en Sinaloa. ¿Por qué no marchar por la soberanía allá? ¿Por qué no caminar por la unidad en Sinaloa? La respuesta es sencilla: porque se trata de algo político, porque ya comenzó el proceso electoral rumbo a 2027 y, ante las acusaciones provenientes de Estados Unidos, tienen que redoblar esfuerzos en estados que quieren gobernar, como Chihuahua, donde la senadora con licencia Andrea Chávez anda en franca campaña desde hace tiempo.

Mientras se pronunciaba el discurso forzado de la alumna más adelantada de Bejarano, improvisado y hasta desesperado para lavarse la cara, Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad, y Enrique Díaz Vega, exsecretario de Finanzas de Rubén Rocha Moya —ambos acusados junto con otros siete personajes— se entregaron a las autoridades estadounidenses. Seguramente ya están pasando aceite en Palacio Nacional y en la mismísima Chingada. Prefirieron acudir ante la Corte del vecino que enfrentar aquí a la justicia, esa misma desde donde gritan: “¡pruebas, pruebas!”.

Aquella movilización no parecía un acto de convicción ciudadana, sino un intento por cambiar la conversación nacional. Había que construir un enemigo externo, hablar de soberanía, acusar a la oposición y montar una narrativa patriótica, todo mirando los bueyes del vecino.

El fantasma en el que se ha convertido Rocha Moya pronto podría materializarse y aparecer en la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York… pero mejor ahí la dejamos.

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Hasta la próxima.

Arturo Suárez Ramírez

De

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