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La sombra también tiene derecho a morir 

Por Gaby Martínez.

Empecé a hojear El curioso caso de la sombra que murió como un recuerdo y otros cuentos pensando en una casa extraña sin saber si encontraría fantasmas o espejos. Al final descubrí que había un poco de ambas cosas. Me llamó mucho la atención el cómo José Baroja no parece interesado en contar historias extraordinarias, sino en interrogar aquello que damos por sentado. Sus cuentos parten de una intuición profundamente filosófica: la realidad es mucho más frágil de lo que creemos. Basta una pequeña alteración —una sombra que muere, una ausencia que adquiere presencia, un recuerdo que parece más real que el presente— para que todo el edificio de nuestras certezas comience a tambalearse.

La literatura fantástica suele preguntarse qué ocurriría si las leyes del mundo cambiaran. Baroja plantea algo más inquietante: ¿qué ocurre si cambian las leyes con las que interpretamos el mundo? Sus personajes no enfrentan monstruos ni catástrofes; enfrentan anomalías del sentido. En ese aspecto sus cuentos se acercan más a la filosofía que a la fantasía. El relato que da título al libro es revelador. Una sombra debería ser la prueba silenciosa de nuestra existencia material. Nos acompaña, nos imita, confirma nuestra presencia en el mundo. ¿Pero qué sucede cuando es ella la que desaparece? La pregunta parece absurda hasta que comprendemos que la sombra es también una metáfora de todo aquello que nos constituye sin que lo notemos: la memoria, los afectos, las pérdidas, las versiones pasadas de nosotros mismos. La muerte de una sombra es, en cierto modo, la muerte de una parte invisible de la identidad.

Lo admirable del libro es que nunca convierte estas ideas en tesis. Baroja no escribe parábolas disfrazadas de cuentos ni utiliza a los personajes como portavoces de una doctrina. Al contrario, sus relatos conservan una saludable ambigüedad. Las preguntas importan más que las respuestas. Y esa es una virtud poco frecuente en una época que parece obsesionada con las conclusiones rápidas. Mientras avanzaba en la lectura pensé varias veces en la observación de que los seres humanos habitamos tanto el mundo de los hechos como el de los recuerdos. De hecho, buena parte de nuestra vida transcurre en este último. Somos, en gran medida, aquello que recordamos y aquello que olvidamos. Los cuentos de Baroja exploran precisamente esa frontera difusa donde memoria y realidad dejan de ser categorías claramente separadas.

La prosa acompaña perfectamente esta exploración. Es sobria, elegante y contenida. No busca deslumbrar. Hay una confianza notable en el poder de la imagen y la sugerencia. Como ocurre con los mejores relatos filosóficos, las ideas no se exponen: emergen lentamente desde las situaciones narradas. Al terminar el libro tuve la impresión de que cada cuento funcionaba como un pequeño experimento ontológico. ¿Qué es una sombra? ¿Qué es una ausencia? ¿Qué significa realmente recordar? ¿Hasta qué punto somos idénticos a quienes fuimos ayer? Son preguntas antiguas, pero Baroja consigue devolverles una extrañeza renovada.

Quizá esa sea la mayor virtud de este volumen: recordarnos que lo cotidiano es mucho más misterioso de lo que estamos dispuestos a admitir. Vivimos rodeados de enigmas tan familiares que hemos dejado de verlos. Estos cuentos los iluminan durante un instante. Después la luz se apaga, pero la inquietud permanece.

Es precisamente esa inquietud —más que cualquier trama o desenlace— lo que convierte a El curioso caso de la sombra que murió como un recuerdo y otros cuentos en una lectura digna de ser recordada. Algunos libros entretienen, otros emocionan, y unos pocos nos obligan a mirar de nuevo aquello que creíamos comprender: este pertenece a esa última categoría.

Ficha del libro

José Baroja. El curioso caso de la sombra que murió como un recuerdo y otros cuentos.

Sitges (Barcelona): Ediciones Oblicuas, 2018. 68 páginas. ISBN: 978-84-17269-39-5.

En la foto de portada: José Baroja 

Foto: Archivo

Foto interior: Archivo

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