Por Martín de J. Takagui
Las últimas tres semanas fueron de una ilusión que todos los mexicanos sabíamos que difícilmente se cumpliría el sueño. La Selección Mexicana de Fútbol nos dio esperanzas, sus actuaciones desde el partido inaugural, cuando logró ganar a Sudáfrica fueron espectaculares: cuatro partidos ganados sin recibir goles.
La ilusión siguió creciendo, la sociedad mexicana le respondió a los 28 integrantes de ese gran equipo, 26 jugadores y los dos entrenadores, como nunca, las fiestas en todas las plazas públicas del país fueron inéditas nunca se habían visto tantas personas, mexicanos salpicados de extranjeros, pero todos más de un millón de personas alrededor del Ángel de la Independencia, más los que se sumaron en otras plazas públicas fue la muestra.
Esos 26 jugadores dirigidos por Javier el Vasco Aguirre y Rafa Márquez nos hicieron despertar, nos hicieron abrazarnos, brincar, gritar salir a la calle, todos uniendo voluntades, buenas vibras y porras para gritar cuantos goles fueran capaces de anotar los jóvenes mexicanos en la cancha.
No hubo convocatorias de gobiernos, de caudillos, de personajes ni de partidos políticos, la ilusión nos invadió a todos y dejamos vibrar nuestro apoyo a la selección sin condición alguna y sin reserva, se trata de un asunto público un asunto de todos que así lo sentimos, así lo asumimos y así lo demostramos, porque hoy más que nunca en los mundiales anteriores hubo tanta unidad y voluntad por apoyar a los 11 en el terreno de juego.
En las últimas 24 o 36 horas, después de concluido el partido con Inglaterra en nuestro Estadio Azteca, ahora apodado “Banorte” o “Ciudad de México” se han hecho cientos o quizás miles de comentarios, análisis debates y hasta discusiones en torno a la actuación de la Selección Mexicana de Fútbol, la verdad es que, si bien hay tristeza decepción, frustración e impotencia, no hay enojo, rencor ni mentadas de madre en contra de esa selección.
En todos los casos se ha reconocido la actuación de los jugadores y de sus entrenadores, se ha exaltado el hecho de haber ganado cuatro partidos sin recibir goles, se ha reconocido al más viejo del equipo, el portero ahora retirado, Guillermo Ochoa, como se ha visto la garra y el potencial del más joven de ellos, que a sus 17 años fue una de las principales estrellas de nuestra selección, Gilberto Mora, ahora “Morita”.
Los mexicanos debemos estar agradecidos con ese puñado de compatriotas que nos hicieron vibrar, despertaron una ilusión que muchos creíamos que no volveríamos a sentir, después de casi ocho años en los que ha prevalecido desde las más altas tribunas del país un discurso de odio y de división de la sociedad, la selección hizo que los mexicanos saliéramos a pasar por encima de toda esa letanía de frases divisorias que ya nos habíamos resignado a seguir escuchando.
Algo debemos hacer, los verdaderos estudios y análisis que necesitamos como sociedad son de nivel sociológico, de la psicología social y de la recapacitación política para recuperar ese ímpetu que como mexicanos debemos conservar para sacar a este país adelante.
Hace algunas semanas aquí en este mismo espacio lo comentamos, cuando se acabe el mundial los muertos van a seguir ahí, los desaparecidos no se habrán encontrado, la justicia no habrá llegado para las mujeres asesinadas, pero no imaginábamos lo que la Selección Mexicana nos haría sentir, nos haría recuperar y nos recordaría que podemos forjar ilusiones que podemos salir adelante y cambiar lo que queda de este país.
Mexicanos al grito de guerra, tomemos nuestra bandera y salgamos a luchar por eso que nos hace falta, una ilusión, un objetivo, un momento de triunfo colectivo, mismo que a todos nos beneficie, que a todos nos de felicidad y cantemos juntos el Cielito Lindo, porque no debemos llorar eternamente, debemos levantar nuestro ánimo y dar todo lo que tenemos para salir adelante, así como los jugadores dejaron la vida en la cancha.
Nos han demostrado que hay esperanza, que las cosas en el país se pueden solucionar y que los nubarrones que pintan nuestro horizonte pueden ser arrastrados por la fuerza de los vientos que traigan nuevas oportunidades y proyectos reales de desarrollo nacional.

