Por Martín de J. Takagui
Es claro que en el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum no hay especialistas en comunicación, que quien ostenta la Coordinación General de Comunicación Social de la Presidencia de la República, que debe definir las políticas de comunicación, no sabe lo que es eso.
Hablar de que «a esos que no nos quieren no les damos chayote» como lo dijo la propia Claudia Sheinbaum, desde el púlpito de Palacio Nacional es porque hay quienes si los quieren y les dan su buen chayote.
Y es que de acuerdo con esas afirmaciones, la querencia, el cariño o el amor, es el criterio con que se definen las sumas que deben destinarse a los medios de comunicación.
Tomando en cuenta esa misma afirmación, quiere decir que a medios como Radio Fórmula, a Televisa, a El Heraldo de México, a Excélsior, entre muchos otros, si se las da.
Sin duda a los que asisten a diario a las conferencias mañanera y hacen preguntas a modo, también se les da su chayotón, o su chayote, como ella lo dice, porque ellos seguramente si la quieren.
Pero eso no es lo importante, lo grave es que se toman las decisiones presupuestales con base en el cariño que puedan tenerle a la presidenta o a su gobierno.
Resulta que ni la próxima ni el coordinador de Comunicación, ni nadie, más que el pueblo, son los dueños del presupuesto y por ellos las asignaciones de recursos deben responder a las necesidades comunicativas del gobierno.
Cada medio, cada reportero, cada comunicador, cada conductor, cada columnista o articulista tienen sus especialidades en temas, como por esa misma razón tienen a sus audiencias.
Es algo que no entendió la administración anterior con AMLO y que no han sido capaces de entender los de ahora.
El gobierno del segundo piso debe definir sus políticas de comunicacion y es obvio que para ello se requiere de talento, conocimiento, experiencia, no puede improvisarse a una coordinadora de comunicación social que recomienda pagar 20 millones de pesos a su propio padre, para que reviva un sonido callejero que pudiera amenizar una fiesta nacional.
Las cosas no están bien en la relación del gobierno con la prensa no hay cabildeo, no hay relaciones públicas, no hay política de comunicación, no tienen idea de cómo debe llevarse una relación institucional entre la prensa y los medios.
Los medios de comunicación no pueden relegarse por sus querencias o desamores. Es claro que los afanes de división no se limitan a los fifís y los chairos, como los dividió el viejo ex presidente.
Las políticas de comunicación se deben preparar, planear, ejecutar y resolver de acuerdo con un espíritu democrático y profesional.
Habrá qué ver cuánto puede durar una situación así, sobre todo ahora que se acercan las elecciones y el propio gobierno se ha encargado de políticas y dividir a la sociedad.

