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El desperdicio de alimentos, una crisis que también se cocina en casa

* En México se pierden cada año 20.4 millones de toneladas de alimentos; académico de El Claustro advierte que combatir el problema requiere transformar la manera en que se compra, cocina y aprovechan los alimentos

* Una de cada tres personas en el mundo carece de una cantidad suficiente de alimentos seguros y nutritivos, mientras 783 millones de personas padecen hambre

* La Universidad del Claustro de Sor Juana impulsan una cocina de aprovechamiento para enfrentar el desperdicio y la inseguridad alimentaria

Actualmente, una de cada tres personas carece de una cantidad suficiente de alimentos seguros y nutritivos, mientras 783 millones de personas no tendrán que comer mañana.

De acuerdo con cifras recientes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en México cada año se pierden cerca de 20.4 millones de toneladas de alimentos, lo que equivale al 34% de la producción nacional, cuyo costo económico supera los 400 mil millones de pesos.

Por su parte, en la Ciudad de México se tiran a la basura poco más de 964 toneladas de alimentos al día, es decir, unos 30 millones de kilos cada mes.

“Desperdiciamos una quinta parte de lo que producimos, el 60% ocurre en nuestras propias casas”, alertó el maestro Jorge Alberto Pérez Rosas, académico del Colegio de Gastronomía de la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ). 

Afirmó que con este volumen de alimentos desperdiciados bastaría para garantizar por lo menos un plato de comida al día a cada persona que hoy pasa hambre.

En el marco del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, que se conmemora el 29 de septiembre, el académico de El Claustro indicó que el desperdicio de alimentos contamina cinco veces más que la aviación global, generando el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero y el 14% de metano.

“En nuestro país el 9.3% de los productos agrícolas se pierden antes de llegar a los centros de abasto”, aseveró.

Las cifras estiman que al menos el 15% de los habitantes en la capital sufre algún tipo de problema para conseguir comida suficiente y es la Central de Abasto la que genera más de 400 toneladas de residuos de comida diarios, de los cuales el 60% son materiales orgánicos que podrían aprovecharse; entre los principales afectados están las frutas y las verduras, que son los productos que más se desechan.

Pérez Rosas advirtió que la humanidad enfrenta una crisis silenciosa de enormes proporciones: el hambre mundial, el cambio climático y una brutal fuga de capital económico, que comparten el mismo origen, que es el desperdicio de alimentos.

Explicó que el problema opera en dos frentes, uno, la pérdida que ocurre por fallas logísticas en el campo, en la cosecha y en su transportación. Dos, el desperdicio que ocurre al final de la cadena, cuando la comida apta para el consumo se tira en comercios, restaurantes y en los hogares.

“Valoremos lo que comemos, cada alimento que se desperdicia también representa agua, energía, horas de trabajo, recursos económicos y oportunidades que se desechan a un bote de basura”, puntualizó

Ante esta problemática, El Claustro busca intervenir en la realidad alimentaria a través de su Laboratorio de Innovación e Intervención Gastronómica, Zéfiro Lab, donde estudiantes de séptimo semestre de Gastronomía salen de las aulas para identificar las fallas de la cadena de suministro y conocer de cerca la situación de inseguridad alimentaria que enfrentan algunas familias.

En este primer acercamiento, realizado con el banco de alimentos Alimentos Para Todos (APT) y la comunidad Apoyo Alimenticio Ramos Millán, las y los estudiantes analizaron el volumen de alimentos susceptibles de rescate provenientes de supermercados y de la Central de Abasto. Al mismo tiempo, identificaron las necesidades nutricionales y alimentarias de las familias de la comunidad.

“Como gastrónomos, nuestra responsabilidad va más allá de cocinar. Debemos fomentar prácticas de sostenibilidad en nuestro hogar, gestionando la cocina con conciencia a través de una verdadera cocina de aprovechamiento”, propuso Pérez Rosas.

Para reducir el desperdicio desde los hogares, el académico recomendó planificar las compras a partir de un menú, privilegiar alimentos con una menor huella hídrica y apoyar al comercio local de agricultores. También sugirió revisar, antes de comprar, qué productos ya se tienen en casa para evitar adquisiciones innecesarias y utilizar el congelador para prolongar la vida útil de los alimentos.

Otra alternativa consiste en transformar los sobrantes de una comida en nuevas preparaciones. “Hoy, cualquier IA puede darte diversas ideas con solo decirle qué te ha sobrado”, señaló.

También llamó a dar una segunda oportunidad a las frutas y verduras estéticamente imperfectas. Si presentan algún golpe o daño, explicó, puede retirarse la parte afectada y aprovechar el resto en distintas preparaciones. Y cuando un alimento ya no pueda consumirse, recomendó cerrar el ciclo mediante la elaboración de composta.

Reducir el desperdicio alimentario, concluyó, no depende únicamente de políticas públicas o de las empresas: también requiere un cambio de perspectiva y acciones cotidianas desde la cocina, el fogón o el restaurante.

El Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, impulsado por Naciones Unidas, busca promover acciones capaces de transformar los sistemas alimentarios a partir de una mayor conciencia sobre cómo producimos, distribuimos, comercializamos y consumimos nuestros alimentos, con el objetivo de reducir a la mitad el desperdicio de alimentos para 2030.

Foto: archivo (Ilustrativa)

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