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Dos años sin Alejandro Arcos: La esperanza que nos arrebataron

NADA PERSONAL

Por: Jaime García | Notymas

El 6 de octubre se cumplen, dos años del día que Chilpancingo no quiere recordar, pero que no puede olvidar. Dos años del cobarde y brutal asesinato de Alejandro Arcos Catalán, el presidente municipal que solo pudo gobernar seis días.

Tomó protesta el 30 de septiembre de 2024 lleno de ilusión, y el 6 de octubre nos lo arrebataron. Así de efímero fue su gobierno. Así de cruel fue su destino.

Alejandro era mi amigo. Y lo digo con orgullo. Fue amigo de todos. No había distinción. El mismo saludo le daba al político encumbrado que al vecino del barrio, al comerciante del mercado, al joven que se le acercaba para pedirle una foto. 

Bonachón, alegre, dicharachero, de carcajada fácil. Le encantaba el relajo, el cotorreo sano. Pero cuando había que ponerse serio, se ponía serio. Cuando había que trabajar, trabajaba como nadie. Era un hombre de una sola pieza.

Persiguió ese sueño dos veces. Se cayó y se levantó. Tocó puertas, caminó colonias que muchos políticos ni siquiera conocen. Y lo logró. Logró ser presidente de su amado Chilpancingo. No era ambición, era amor por su pueblo. Quería a Chilpancingo como pocos. Y Chilpancingo lo quería a él.

Por eso dolió tanto su muerte. Porque con él se fue la esperanza. Esa esperanza de que por fin alguien iba a componer las cosas, de que por fin la capital tendría paz, tranquilidad, orden. Por un momento creímos que sí se podía. El gusto nos duró muy poco.

Yo lo traté muchos años. Coincidimos, discutimos, nos reímos, a veces no pensábamos igual. Pero siempre, siempre, prevaleció el respeto y el cariño. Porque Alejandro era un buen hombre. Un hombre solidario, de palabra, de esos que ya casi no hay. De los que te tienden la mano sin preguntar de qué partido eres.

A dos años, lo más doloroso es la impunidad. A dos años no hay justicia. No hay un solo detenido. No hay una verdad oficial que le dé paz a su familia y a todo Chilpancingo. Su crimen, como tantos otros, sigue en el archivo del olvido de las autoridades. Y eso duele más que su ausencia.

Chilpancingo no te olvida, Alejandro. Tu gente no te olvida. Tu risa sigue sonando en los pasillos del Ayuntamiento, tu recuerdo sigue vivo en cada colonia y comunidad que caminaste.

Nos dejaste un vacío enorme, pero también nos dejaste una lección: la de amar a Chilpancingo por encima de todo.

Descansa en paz, mi querido amigo Alejandro Arcos.

Aquí tu gente te sigue extrañando.

Y no me lo tomen a mal, esto es solo un recuerdo de un gran amigo, y por supuesto que el sentimiento es algo personal.

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