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El negocio de la lástima en México

Por: MIGUEL CHÁVEZ

El dilema de la moneda, entre la vulnerabilidad real y el negocio de la lástima en México.

Usted lo vive a diario. Al detenerse en un semáforo, al caminar por las inmediaciones de bancos o al sentarse en la terraza de un café en el centro de cualquier capital estatal, se acercan personas con historias desgarradoras, niños con la mirada perdida, o individuos que, con una técnica casi coreográfica, limpian su parabrisas sin permiso. En ese instante, surge en usted una duda legítima: ¿estoy ayudando a alguien en desgracia o estoy alimentando un esquema de oportunismo organizado?

Este fenómeno, lejos de ser una simple manifestación de la pobreza, se ha convertido en una arista compleja de la vida urbana en la Megalópolis. Es imperativo desglosar esta realidad con datos y objetividad para entender qué sucede realmente en nuestras aceras.

Para comprender la presencia de personas pidiendo dádivas, primero debemos observar el terreno en el que germina esta actividad. Según los datos más recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en su medición multidimensional de la pobreza, aproximadamente el 36.3% de la población en México vive en situación de pobreza. Esto significa que millones de mexicanos carecen de los ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas.

Aunado a esto, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), a través de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), señala que la tasa de informalidad laboral en México suele rondar el 54% y 55%. Este enorme sector de la población no cuenta con seguridad social ni ingresos fijos, lo que empuja a muchos a buscar el sustento en el espacio público.

Sin embargo, aquí es donde usted debe agudizar su criterio. No toda persona que pide en la calle pertenece a este sector de necesidad genuina. Existe una línea divisoria, a menudo invisible pero muy real, entre la supervivencia y el aprovechamiento de la buena voluntad ciudadana.

El oportunismo en las calles no siempre es individual; con frecuencia es sistémico. Organizaciones civiles como la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) han denunciado persistentemente que una parte considerable de los menores que piden dinero en los cruceros no están ahí por iniciativa familiar, sino que son víctimas de redes de explotación.

En estas estructuras, el “oportunista” no es necesariamente quien estira la mano, sino el “regenteador” que observa desde la distancia. Estas redes utilizan la lástima como mercancía. Según estudios sobre trata de personas en México, se estima que un niño en un crucero de alta afluencia en la Ciudad de México puede recaudar entre 300 y 800 pesos diarios. Al multiplicar esto por decenas de niños y puntos estratégicos, nos encontramos ante un negocio informal millonario que no paga impuestos y que se nutre de la vulnerabilidad ajena.

“La mendicidad ajena es utilizada por grupos delictivos que ven en el espacio público un mercado de explotación. El sentimiento de culpa del ciudadano es su principal activo financiero.” — Informe sobre Trata de Personas, Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Para que usted pueda identificar los escenarios más comunes en la Megalópolis, podemos clasificar estas conductas en una tabla de observación:

La proliferación de oportunistas que piden dádivas no solo afecta su bolsillo, sino que degrada el tejido social. Cuando el espacio público se convierte en un mercado de la miseria fingida, se genera un sentimiento de desconfianza generalizada. Usted, como ciudadano, comienza a blindarse emocionalmente, lo que termina perjudicando a las personas que realmente necesitan ayuda y que son invisibilizadas por el ruido de los oportunistas más agresivos.

Además, existe un riesgo de seguridad pública. La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México ha identificado que algunos puntos de mendicidad forzada o agresiva sirven también como centros de vigilancia para otros delitos, como el robo a transeúnte o a conductor, al permitir que individuos permanezcan estáticos en zonas estratégicas sin levantar sospechas inmediatas.

¿Cómo ayudar sin fomentar el oportunismo?

Es natural que usted sienta el impulso de ayudar; la solidaridad es uno de los valores más nobles de la sociedad mexicana. No obstante, para que su ayuda sea efectiva y no termine financiando a grupos oportunistas, los expertos en políticas sociales recomiendan:

La existencia de oportunistas en las calles de México es un síntoma de un sistema con profundas desigualdades, pero también de una falta de regulación efectiva del espacio público. Mientras el sentimiento de urgencia y la lástima sigan siendo rentables, el modelo de negocio de la dádiva continuará creciendo.

Usted, tiene el poder de romper este ciclo al distinguir entre la mano que pide por necesidad y la insistencia que pide por negocio, ayudemos de verdad a quien lo necesita  y exijamos la dignidad de nuestras calles. La verdadera caridad requiere inteligencia; de lo contrario, solo estamos postergando el problema y enriqueciendo a quienes hacen del infortunio —propio o ajeno— una profesión.

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El negocio de la lástima en México.

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