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De chatbots y otros “demonios”: Los vínculos emocionales de jóvenes en época de la IA

México se encuentra entre los países con mayor uso de herramientas de inteligencia artificial entre los jóvenes. Diversos estudios de mercado y encuestas digitales indican que alrededor del 25 al 30 % de jóvenes de la Generación Z en el país utiliza chatbots como ChatGPT de manera frecuente, principalmente para tareas escolares, búsqueda de información y producción de textos.

Sin embargo, como explicó la maestra Patricia González Rodríguez, directora del Colegio de Psicología de la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ), una proporción creciente también los usa para conversar sobre temas personales, emocionales o relacionales.

Indicó que estas herramientas, diseñadas para conversar, responder preguntas e incluso simular cercanía emocional, se han incorporado cada vez más a la vida cotidiana como espacio de desahogo personal, fenómeno que abre una pregunta central: ¿qué ocurre cuando los chatbots comienzan a ocupar el lugar de los vínculos reales y personalizados?

A propósito del Día de San Valentín, que celebra el amor y la amistad, la académica de la UCSJ compartió que, a nivel internacional, encuestas en adolescentes revelan que más del 60 % ha interactuado alguna vez con un chatbot y cerca de un tercio lo hace de forma cotidiana. Estas tendencias permiten inferir que, en México, no solo son herramientas funcionales, sino que comienzan a cumplir funciones simbólicas y emocionales.

Al respecto, detalló que los jóvenes buscan este tipo de vínculos digitales por múltiples razones, entre ellas su disponibilidad permanente, la ausencia de juicio, la sensación de personalización y el hecho de generar menor ansiedad social.

“Los jóvenes pueden acceder a ellos las 24 horas, los 365 días del año; no se cansan de escuchar, no emiten juicios; recuerdan datos y responden de forma empática. Para aquellos con timidez o inseguridad, hablar con un chatbot puede resultar menos amenazante que interactuar de forma real con otras personas”, compartió.

Por estas razones y en un contexto social marcado por la hiperconectividad, la presión académica y el debilitamiento de espacios de escucha, estas herramientas aparecen como una solución rápida a necesidades emocionales reales.

Aseguró que, si bien los chatbots pueden ofrecer compañía momentánea, no sustituyen los vínculos humanos auténticos, ya que las relaciones reales implican reciprocidad, conflicto, negociación, frustración y reconocimiento del otro como diferente, elementos fundamentales para el desarrollo emocional y social.

Cuando un joven comienza a preferir de manera sistemática la interacción con un chatbot por encima de los vínculos reales, pueden aparecer rasgos como el aislamiento social progresivo, la menor práctica de habilidades sociales, dificultad para tolerar el desacuerdo o el rechazo, expectativas irreales sobre cómo “deberían” responder los demás, entre otros.

Más que un reemplazo total, el problema surge cuando estas herramientas dejan de ser un complemento y se convierten en el principal espacio de vínculo y regulación emocional, lo que impacta en la salud mental.

Esta relación entre el uso intensivo de chatbots y la salud mental juvenil es un tema de creciente interés. En México, encuestas nacionales de salud han mostrado un aumento de síntomas de ansiedad y depresión en adolescentes y jóvenes, especialmente tras la pandemia. En este contexto, no resulta casual que muchos busquen contención en espacios digitales.

Estos asistentes virtuales pueden aliviar momentáneamente sentimientos de soledad o angustia, pero no permiten abordar emocionalmente el malestar, ya que no pueden evaluar riesgos, ofrecer contención real ni intervenir ante situaciones de crisis.

Además, existe el riesgo de que su uso exclusivo retrase la búsqueda de ayuda profesional en casos de sufrimiento persistente, lo que podría derivar en dependencia emocional hacia la interacción artificial, dificultades en la autorregulación emocional, una menor capacidad para pedir ayuda a otros, así como el empobrecimiento de la vida relacional presencial, entre otros efectos.

La directora del Colegio de Psicología de la UCSJ aclaró que, si bien el uso de chatbots no es problemático por sí mismo, existen señales de alerta temprana que indican que algo no está funcionando bien. Por ejemplo, en el ámbito emocional, la o el joven puede sentirse más comprendido por la herramienta virtual que por personas reales; experimentar tristeza, ansiedad o vacío emocional persistentes; o hacer un uso excesivo de estos asistentes hasta aislarse de amigos, familia o actividades previas.

En lo que respecta al ámbito relacional, las afectaciones pueden ir desde una menor tolerancia al conflicto en relaciones reales hasta la generación de expectativas poco realistas sobre los demás o la dificultad para sostener conversaciones cara a cara.

“Estas señales no deben interpretarse como fallas del joven, sino como indicadores de una necesidad emocional no satisfecha”, explicó.

Desde las familias y escuelas se recomienda, con una perspectiva preventiva y de cuidado, abrir espacios de diálogo sin juicios ni prohibiciones abruptas; interesarse por el uso que el joven hace del chatbot y por lo que encuentra ahí; fortalecer vínculos reales, generando tiempos de presencia y escucha; establecer límites claros y consensuados sobre el uso de la tecnología; y buscar apoyo profesional cuando el malestar emocional sea persistente o intenso.

“La clave no es competir con la tecnología, sino ofrecer vínculos humanos suficientemente disponibles y significativos”, recomendó.

Finalmente, la maestra Patricia González expresó que el uso de chatbots entre jóvenes en México es un fenómeno complejo que refleja tanto avances tecnológicos como carencias vinculares y emocionales del contexto actual. En ese sentido, afirmó que estas herramientas pueden ser útiles y enriquecedoras, pero no reemplazan la experiencia del encuentro humano.

“Más que demonizar la inteligencia artificial, el desafío consiste en escuchar lo que su uso nos está diciendo sobre las necesidades emocionales de las nuevas generaciones y en reforzar los espacios de vínculo, diálogo y acompañamiento real que siguen siendo insustituibles”, concluyó.

Al preguntarle el ChatGPT su opinión al respecto, su respuesta se resume en la siguiente frase: “El fenómeno no habla tanto del poder de la inteligencia artificial como de la fragilidad de nuestros espacios de escucha”.

Foto: UNAM (Ilustrativa)

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