* Arquitectura sensible, materialidad local e interiorismo contemporáneo articulan un proyecto que dialoga con el clima, la memoria urbana y la vida cotidiana del barrio de La Mejorada
MÉRIDA, Yuc.- En las calles de La Mejorada, el carácter de Mérida se manifiesta en fachadas altas, zaguanes profundos y patios que moderan el clima. A pocos pasos del templo y antiguo convento, del Museo del Ferrocarril, del Museo de la Canción Yucateca y del Parque
La Plancha, Cigno Mejorada se inserta en un tejido urbano donde la vida cotidiana dialoga con la memoria, algo que podría encantar a mamá. El hotel toma su nombre del barrio y de la huella ferroviaria que lo definió, y propone desde la llegada un cambio de ritmo: tras la puerta original restaurada, el zaguán conduce a una primera antesala de sombra y vegetación, para abrirse luego a corredores frescos, muros claros y una fachada azul que anuncia su carácter. Macetas hechas a mano, vinculadas al oficio de Ticul, y una escala decididamente doméstica consolidan una bienvenida construida con calma y precisión.
El proyecto arquitectónico, liderado por Roger Escalante, parte de una premisa clara: resguardar la esencia de una casa patrimonial reconocida por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Lejos de imponer una imagen nueva, se preservan proporciones, estructuras y la manera yucateca de vincular interior y exterior a través de patios, techos altos y ventilación cruzada. A este orden se suman volúmenes contemporáneos de trazo sereno, dispuestos alrededor del jardín para ampliar el programa sin quebrar el carácter doméstico. La circulación se concibe como una secuencia de estancias —zaguán, patio, sombra, luz y agua— que acompaña el clima y guía la mirada.
Incluso las incorporaciones funcionales, como el elevador a niveles superiores, se integran con discreción, priorizando la accesibilidad sin alterar la lectura del conjunto. La materialidad sostiene esta continuidad mediante elecciones orientadas al confort térmico y a la permanencia. Muros con acabados de chukum aportan frescura y una textura mate que recoge la luz; la piedra de la región y los pisos de pasta ordenan el recorrido con geometrías precisas; el rojo del Ticul remite a la tradición alfarera de la península; y el barro aparece en piezas utilitarias y acentos que suman calidez. Cedro y tzalam se incorporan en carpinterías, mobiliario y detalles constructivos, equilibrando nobleza y resistencia. En baños y áreas húmedas, la piedra y las cerámicas dialogan con mallas y guardas geométricas, aportando ritmo visual. El conjunto privilegia materiales porosos y ventilación franca, de modo que el espacio se mantenga fresco incluso en las horas más luminosas.
El interiorismo —desarrollado por Mex & Co bajo la dirección de Stacy Echeverría— propone un neoclásico contemporáneo de raíz orgánica, donde la tradición se interpreta con mesura. La paleta de tierras, verdes olivo y cremas se acentúa con contrastes negros que afinan el trazo y aportan una elegancia contenida. El petatillo aparece en celosías y muros como guiño al oficio local; luminarias de vidrio y metal construyen una luz cálida, pensada para la intimidad; y el mobiliario a medida se adapta a nichos, esquinas y corredores, reforzando la sensación de casa. Cabeceras y frentes tejidos, repisas integradas y tapicerías de tacto natural sostienen el relato artesanal sin recargarlo.
La composición privilegia el uso, la durabilidad y una belleza silenciosa, cuidando proporciones y vacíos para que el espacio respire. Las 22 habitaciones se distribuyen entre la construcción original y nuevas crujías que abrazan el jardín. Algunas conservan elementos rehabilitados —vigas, huellas de pisos antiguos, proporciones generosas — que narran historia sin insistencia; otras se abren a terrazas más reservadas, con vegetación, hamacas y albercas privadas que convierten el descanso en un gesto cotidiano. El conjunto incluye La Villa, un espacio de cinco habitaciones concebido para estancias más íntimas, con una suite nupcial de dos niveles. En todas, la coherencia material se mantiene: textiles, maderas y piezas de barro dialogan con equipamiento actual, y la carpintería retoma cruces y ritmos presentes también en barandales y herrerías, asegurando una lectura unitaria. Baños de piedra y carpinterías ligeras completan la experiencia de confort.
El agua organiza el proyecto como un hilo silencioso. Cuatro piscinas, ubicadas en distintos puntos, permiten habitar el hotel según la hora: una pausa al mediodía, un baño al atardecer o un retiro nocturno. En el corazón del conjunto, la alberca principal crea una atmósfera envolvente que evoca la sensación de estar “dentro” de un cenote, mientras la vegetación genera sombra y microclimas. En la azotea, un roof con alberca ofrece otra perspectiva de Mérida y su luz cambiante. Al caer la tarde, la iluminación baja se apoya en muros y follajes para delinear recorridos sin protagonismo, y el sonido del agua acompaña como un tamiz urbano. Los reflejos sobre el chukum y la piedra suavizan el ambiente y aportan calma visual. El paisajismo preserva árboles existentes e incorpora especies nativas, afinando temperatura, aroma y textura.
Las áreas comunes responden al mismo criterio de hospitalidad discreta. Lobby y recepción funcionan como una bienvenida serena: el tiempo se aquieta y los objetos invitan a una observación pausada. Fotografías de archivo vinculadas a la región —seleccionadas desde el acervo de la UADY— conviven con cerámicas, alfarería y una curaduría editorial sobre Yucatán, reforzando la idea de una casa entendida como archivo vivo. La recepción integra una pequeña tienda con piezas seleccionadas, y las zonas de estancia se proyectan para disfrutar un cóctel antes o después de recorrer la ciudad. En bar y restaurante, la arquitectura favorece la conversación: mesas en áreas frescas, transiciones suaves entre interior y patio, y detalles de carpintería y herrería que preservan patrones y proporciones.
Cigno Mejorada completa su propuesta con un proyecto curatorial que reconoce a los talleres como parte esencial del diseño. La herrería de Fabricio Van de Broek aparece en barandales y acentos; los venados de José Gómez dialogan con el cisne que da nombre a la casa; y una escultura de José Torres, junto a textiles de Casa Textil Arte Zapoteco, subraya la vocación artesanal del conjunto. Jarrones y cerámicas provenientes de distintos puntos de México —incluida una selección oaxaqueña — suman capas cromáticas y culturales sin desplazar la sobriedad del espacio. Cigno Mejorada se presenta como base para recorrer el centro histórico y, al volver, encontrar un lugar donde la arquitectura domina la luz, los materiales se sienten cercanos y cada oficio deja su huella: la de un lujo sereno, íntimamente ligado a Mérida.
Fotos: © Cortesía de CIGNO Hoteles Mérida

