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Crecimiento anémico

Por: ERNESTO MADRID

México: potencia exportadora… pero con crecimiento anémico

Mientras las exportaciones mexicanas registran superávits históricos, el PIB apenas avanza 0.2% y la economía se contrae trimestralmente. La industria se debilita, la inversión acumula 17 caídas consecutivas y la meta del Plan México de entrar al top 10 mundial se aleja.

México atraviesa una de las paradojas más evidentes de su economía reciente: exporta más que nunca, pero crece cada vez menos.

Los datos más recientes lo muestran con claridad. Durante marzo, la balanza comercial registró un superávit de 5,932 millones de dólares, muy por encima de lo esperado por el mercado. Las exportaciones crecieron 27.7% anual, impulsadas por las manufacturas, mientras que el superávit de la balanza no petrolera alcanzó 8,320 millones de dólares, el mayor registrado hasta ahora, de acuerdo con un análisis de Banamex Estudios Económicos.

Sin embargo, ese dinamismo comercial convive con una economía que se enfría.

De acuerdo con la estimación oportuna del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el PIB mexicano apenas creció 0.2% anual en el primer trimestre de 2026 y, peor aún, se contrajo 0.8% respecto al trimestre anterior, lo que marca su primera caída desde finales de 2024. En términos simples: la economía prácticamente está estancada.

El problema se concentra en la industria. Las actividades secundarias, donde se ubica la manufactura —sector que representa 21.5% del PIB—, registraron una contracción de 1.1% anual. La industria automotriz, golpeada por aranceles sectoriales y la desaceleración global, explica buena parte de este retroceso.

Pero la señal más preocupante está en el consumo interno. En su comparación trimestral, todas las actividades económicas retrocedieron: las primarias cayeron 1.4%, las secundarias 1.1% y las terciarias —comercio y servicios— 0.6%. Estas últimas representan 64% del PIB, por lo que su caída refleja una debilidad creciente en el consumo de los hogares.

Para dimensionar el problema basta una comparación: la última vez que comercio y servicios registraron una caída similar fue en 2021, cuando la reforma laboral que eliminó el outsourcing provocó un reacomodo estadístico del empleo. Hoy la situación es distinta. Lo que se observa es un enfriamiento real de la demanda interna.

A esto se suma otro factor clave: la inversión. Según el análisis del observatorio económico México ¿Cómo Vamos?, la inversión acumula 17 contracciones anuales consecutivas, una señal clara de cautela empresarial frente a la incertidumbre económica global y nacional.

El contexto internacional tampoco ayuda. Las tensiones geopolíticas —incluida la guerra en Medio Oriente y sus efectos sobre energéticos y fertilizantes— elevan la aversión al riesgo de los inversionistas y presionan los costos productivos.

Mientras tanto, el crecimiento económico sigue siendo desigual dentro del país. Con datos al cuarto trimestre de 2025, solo cuatro estados lograron superar la meta de crecimiento anual de 4.5%: Sinaloa (12%); Hidalgo (9.1%); Nayarit (5.2%) y Ciudad de México (5.1%)

En contraste, otras entidades enfrentaron fuertes retrocesos, como Campeche con una caída de 10.6%, Quintana Roo con 6.1% y Coahuila con 4.1%. Este panorama pone en duda una de las metas más ambiciosas de la política económica actual: el objetivo del Plan México de colocar al país entre las diez economías más grandes del mundo.

Lejos de acercarse a esa meta, México retrocedió del lugar 12 al 13 en el ranking global, de acuerdo con estimaciones del Banco Mundial. El crecimiento de 0.7% registrado en 2025, el más bajo desde la pandemia, explica en buena medida ese descenso.

La comparación internacional tampoco es alentadora. Para 2026 se estima que Brasil —actual décima economía mundial— crecerá alrededor de 2%, mientras México apenas alcanzaría 1.3%, según previsiones internacionales y la encuesta del Banco de México.

En este escenario, el sector energético aparece como una pieza estratégica. La apertura a esquemas de inversión mixta —publicada en enero de 2026 en el Diario Oficial— permitirá que capital privado participe en proyectos de generación eléctrica bajo reglas de la Comisión Federal de Electricidad.

El objetivo es ampliar la capacidad energética del país para atraer industrias tecnológicas de alto valor agregado, particularmente las vinculadas a las tecnologías de la información. El problema es que el tiempo corre. Porque los datos muestran una realidad incómoda: México ha logrado consolidarse como una potencia exportadora, pero aún no consigue convertir ese éxito comercial en crecimiento sostenido, inversión productiva ni mejores ingresos para los hogares.

Y mientras esa contradicción persista, el llamado Plan México seguirá siendo más una promesa de política económica que un motor real de crecimiento.

@JErnestoMadrid

jeemadrid@gmail.com

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