Claudia Carrillo
La Navidad comenzó con patitas inquietas, colitas moviéndose sin parar y sonrisas compartidas en cada encuentro. La Ruta de la Felicidad, edición Navidad, fue el punto de partida de una temporada donde los peluditos se convirtieron en protagonistas del espíritu decembrino. Los días 20 y 21 de diciembre, el Parque de los Venados se transformó en un espacio lleno de alegría, experiencias memorables y momentos diseñados para fortalecer el vínculo entre las familias y sus compañeros de cuatro patas, ante la iniciativa de Beneful.


Durante ambas jornadas, los asistentes vivieron instantes únicos junto a sus perritos, recibieron regalos personalizados y compartieron sorpresas que reafirmaron que la felicidad se construye en compañía. La Navidad se vivió desde el amor más sincero, ese que no pide nada a cambio y que se expresa en cada mirada fiel y cada paso compartido.
La temporada decembrina también invitó a reflexionar sobre la importancia de incluir a los peludos en las celebraciones. Entre luces de colores, árboles navideños y decoraciones festivas, las familias cuidaron cada detalle para ofrecerles espacios seguros, evitando adornos que pudieran lastimarlos o causarles estrés. Integrarlos a la rutina diaria y a las reuniones familiares fue una forma genuina de agradecer su lealtad, su compañía constante y el amor incondicional que brindan todos los días.

Las actividades compartidas en casa llenaron de magia los hogares. Disfrazarse junto a los perritos con suéteres, gorritos y accesorios navideños generó risas, unión y recuerdos imborrables, siempre priorizando su comodidad y bienestar. Las sesiones de fotos se convirtieron en pequeños rituales cargados de emoción, donde cada imagen capturó instantes de complicidad y ternura que permanecerán para siempre en la memoria familiar.
La Navidad también llegó al plato de los compañeros de cuatro patas. Prepararles una cena especial y premios saludables fue una muestra más de amor y gratitud, una forma de decir “gracias” a quienes acompañan sin condiciones. Compartir la mesa, aunque fuera simbólicamente, fortaleció su bienestar emocional y convirtió cada celebración en un recuerdo aún más significativo.

Así, la Navidad se vivió a cuatro patas, demostrando que cuando los perros forman parte de la celebración, la alegría se multiplica y el espíritu navideño cobra un sentido más profundo. Porque ellos no solo estuvieron presentes: fueron parte esencial de la luz, el amor y la felicidad de estas fiestas.
Fotos: Cortesía

