Claudia Carrillo
Por momentos, la Ciudad de México parece correr a una velocidad imposible. Entre vendedores ambulantes, turistas, trabajadores y el incesante murmullo del Centro Histórico, hay lugares que ofrecen una pausa, un respiro y hasta una pequeña dosis de magia. Uno de ellos es Caleta Bar.

Ubicado en pleno primer cuadro de la capital, este espacio se ha convertido en un punto de encuentro para quienes buscan algo más que una bebida: buscan vivir el Centro. Con una esencia bohemia y alma rockera, el lugar combina la nostalgia de los grandes clásicos musicales con la energía vibrante de una ciudad que nunca duerme.
Fundado en abril de 2023 por Juan Manuel Deveaux, Caleta Bar nació con una idea clara: crear un espacio auténtico, sin pretensiones, donde cualquiera pudiera disfrutar de buena comida, bebidas accesibles y un ambiente relajado. Una filosofía que sus clientes resumen con una frase que ya es parte de la identidad del lugar: «De aquí sales bien comido y bien bebido».
Al caer la tarde, cuando las luces comienzan a encenderse sobre las calles centenarias del Centro Histórico y las fachadas adquieren tonos dorados, Caleta cobra vida. Afuera, la ciudad sigue su ritmo frenético; adentro, las guitarras del rock de los años 80 y 90, mezcladas con música actual, acompañan las conversaciones, las risas y los brindis.
La fama del lugar se ha extendido entre quienes recorren el corazón de la Ciudad de México. Muchos aseguran que aquí se encuentra una de las cervezas más frías y económicas del Centro Histórico, con precios desde los 29 pesos, una combinación difícil de igualar en una de las zonas más visitadas del país.
Pero si algo distingue a Caleta Bar es que la experiencia no termina en la barra.

La cocina se ha convertido en una de las grandes sorpresas del lugar. Hay opciones para botanear para todos los gustos, aunque algunas especialidades ya son auténticos emblemas de la casa. Las pizzas de suadero y pastor sorprenden por su originalidad y sabor; el Chilli Dogo se ha ganado una legión de seguidores y la hamburguesa de boneless se ha convertido en una de las favoritas entre quienes visitan el establecimiento.
Y si existe una bebida capaz de resumir la personalidad irreverente y divertida del lugar, esa es la famosa Mezcaleta. Quienes la prueban la describen como una bebida atrevida y refrescante, tan fácil de disfrutar que muchos aseguran, entre risas, que se toma como si fuera un pozole.
Desde la calle 5 de Febrero número 66, a unos pasos de las estaciones Isabel la Católica y Pino Suárez del Metro, Caleta Bar abre todos los días a partir de las dos de la tarde. Conforme avanza la jornada, las mesas comienzan a llenarse de clientes habituales, turistas curiosos y amigos que buscan prolongar la conversación. Los viernes y sábados, cuando el Centro Histórico muestra una de sus facetas más vibrantes, el ambiente se extiende hasta la medianoche.

Más que una dirección en el mapa, Caleta se ha convertido en un refugio para quienes disfrutan las cosas sencillas: una cerveza helada, una buena canción y la posibilidad de contemplar la vida del Centro Histórico desde una mesa compartida. Sus redes sociales, identificadas como @elcaletabar, reflejan precisamente ese espíritu relajado, auténtico y cercano que ha conquistado a quienes llegan por primera vez y terminan regresando.
Porque hay sitios que se visitan una vez y otros a los que siempre se quiere volver.
Y entre el rock, las luces del Centro Histórico, las charlas interminables y la promesa cumplida de salir bien comido y bien bebido, Caleta Bar se ha consolidado como uno de los refugios bohemios más auténticos de la Ciudad de México.
Chido, rico y barato. Así de simple.
Fotos: Cortesía

