Roberto Vizcaíno –
TRAS LA PUERTA DEL PODER:
En honor de mi amigo, el Ingeniero.
No pocos hablaban de él, como el hijo del General.
Y él, que se sepa, nunca renegó de eso. Por el contrario, asumió que su destino estaba ineludiblemente ligado a la gran historia del general Lázaro Cárdenas y todos sus actos y proyectos de vida estuvieron siempre influidos por los de su padre, a quien nunca ofendió ni contradijo con alguna declaración o decisión.
Pero sin duda Cuauhtémoc Cárdenas comenzó a ser él, a tejer su propia historia, su grandeza, al encabezar en 1987 la Corriente Democrática en el PRI liderado entonces por el chiapaneco Jorge de la Vega Dominguez en la presidencia de Miguel de la Madrid.
Esta corriente, en la que Cárdenas fue acompañado entre otros por Porfirio Muñoz Ledo, Rodolfo González Guevara e Ifigenia Martínez arrastro además a unos 300 priístas de todos los niveles y estados para provocar la fractura más importante en la historia del partido dominante.
Una fractura que inició el derrumbe del partido hegemónico.
La exigencia esencial de todos ellos, los de la Corriente Democrática, era la de abrir la selección del candidato presidencial a la militancia, y dejar atrás la práctica del “dedazo” desde Palacio Nacional.
Y sobre todo impedir que surgiera un candidato perteneciente a la poderosa corriente neoliberal y tecnocrática que dominaba el gabinete y la presidencia de Miguel De la Madrid, desde el grupo del secretario de Programación y Presupuesto Carlos Salinas de Gortari.
Cárdenas y su grupo sabían y pronosticaban desde entonces que los tecnócratas del neoliberalismo desplazarían a los políticos surgidos de los ideales y postulados de la Revolución, y que ello alejaría al PRI y sus gobiernos del pueblo.
El presidente Miguel de la Madrid los desdeñó, ordenó a De la Vega Dominguez ignorar a los inconformes, desatar una campaña contra los levantados… y la fractura del PRI se consumó.
La Corriente Democrática se transformó entonces en el Frente Democrático, y la postulación del ingeniero Cárdenas como candidato presidencial se oficializó bajo las siglas del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, el PARM -hasta ese momento partido satélite financiado por el PRI para simular una democracia en México-, encabezado por el tamaulipeco Carlos Cantú Rosas.
Venía de ser Senador de la República y Gobernador de Michoacán, y llegaría a ser ganador de la Medalla Belisario Dominguez por su contribución a la Democracia.
Pero en 1988, sin mayores recursos ni propuestas, Cárdenas y su grupo de la Corriente Democrática vieron como su campaña presidencial sumó rápidamente otros partidos y grupos políticos disidentes, en especial los socialistas y hasta marxistas que habían permanecido marginados de las elecciones hasta ese momento.
Millones de mexicanos cobraron interés y rápidamente los actos de campaña de Cárdenas llenaron plazas enteras en actos que se llegaron a realizar hasta en la madrugada por todo el país.
Cárdenas fue el primer opositor al régimen que logró abarrotar el zócalo en un acto de su campaña. Otro gran acto masivo fue el de la explanada de Ciudad Universitaria. Eso aterró al presidente De la Madrid, a Carlos Salinas y al PRI.
Toda esa euforia ciudadana que se prendió con la esperanza de llegar a una democracia real en México, sucumbió en las elecciones del 6 de julio de 1988.
México simplemente no estaba preparado para unas elecciones limpias, reales. El proceso electoral presidencial lo organizaba el régimen desde la secretaría de Gobernación y en casillas que eran controladas por sus empleados quienes las rellenaban con papeletas que eran tachadas desde días antes.
O en las que se aplicaban todas las argucias -el llamado raton loco, el carrusel, las urnas embarazadas, y media decena más de maniobras-, para lograr el resultado que se quisiera.
Ese 6 de julio de 1988 el flujo de resultados de la elección en la Comisión Federal Electoral con sede en la Secretaría de Gobernación encabezada por Manuel Bartlett prendió las alarmas, porque apuntaban a un contundente triunfo del ingeniero Cárdenas.
La decisión entonces desde Palacio fue aplicar un apagón. Bartlett salió a decir que se había caído el sistema de cómputo. Cuando se reanudó se decretó el triunfo del priísta Carlos Salinas con el 51% de los votos frente a un 35% del ingeniero Cárdenas.
El país estuvo a punto de arder. Muchos, muchísimos en el país buscaban que Cárdenas los convocara a un levantamiento armado. El ingeniero opto por el camino de una transformación pactada, pacifica. Eso provocó desaliento. Muchos renegaron del ingeniero.
De esa decisión de Cárdenas surgieron a través de los siguientes 28 años todas las instituciones y normas democráticas de la transición. Se consolidaron los contrapesos. Se creó el IFE -ahora INE-, el Tribunal Electoral, el Cofipe y muchas instituciones y organismos de contrapeso más.
El ingeniero fue infructuoso candidato presidencial en los procesos de 1994 y 2000.
Y bajo su sombra, apoyo y ánimo surgió la candidatura de Andrés Manuel López Obrador quien, al igual que el ingeniero, fue candidato presidencial tres veces.
Sólo que el tabasqueño si ganó en la tercera, en la de 2018, y una vez en el poder se dedicó a destruir y someter, reformar para que todo quedara en su control, todos los mecanismos, instituciones y normas democráticas que dieron curso a la transición impulsada por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.
Quien lo percibió todo, y denunció antes de morir, fue Porfirio Muñoz Ledo. Clara y contundentemente.
Cuauhtémoc Cárdenas nunca renegó de AMLO. Simplemente nunca tampoco lo avaló.
Ayer murió.
Pero su historia por la democratización de México queda como un recordatorio de que, como siempre ocurre, la traición a todo lo que él impulsó y por lo que luchó vino de quien él apoyó, desde el seno de su grupo.
En este caso de Andrés Manuel López Obrador, quien con su llamada Cuarta Transformación se convirtió en lo que en medicina se conoce como una “enfermedad autoinmunitaria”, un mal que ataca y destruye los órganos del cuerpo desde dentro de ese mismo cuerpo.
Descanse en paz el gran hombre de Estado e Historia Cuauhtémoc Cárdenas.
A AMLO los mexicanos lo tiraremos al basurero de su pobre historia por la vía de la democracia que ha intentado destruir por todos los medios. Eso es cosa de tiempo.
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