10/30/2020
Columnas

Cuando Irán dejó a los EU fuera de los Juegos Olímpicos

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Por Dr. Erasmo Zarazúa Juárez

Hace 50 años, en 1970, los soviéticos lanzaron su candidatura para ser sede de los Juegos Olímpicos de 1976. Al igual que Canadá, los Estados Unidos también se postularon, buscando así entorpecer a los soviéticos. La lógica de la Guerra Fría vaticinaba que las candidaturas de ambas potencias provocaría la anulación de las dos.

El Comité Olímpico Internacional (COI) cortó por lo sano, y se decidió una sede ‘neutra’, que fue Montreal, pero que no tenía las mejores condiciones económicas, aunque esto era preferible que inclinarse por alguna superpotencia.

En octubre de 1974, la tensión se vivió en Viena, Austria, que históricamente era la ciudad sede de los acercamientos en la frontera mundial, la Cortina de Hierro. Los Estados Unidos y la Unión Soviética eran las únicas dos naciones que buscaban la justa olímpica de 1980. El COI, en su Sesión 75, adjudicó a la Unión Soviética los Juegos Olímpicos de verano, Moscú 80, con una votación de 48-2. Los incrédulos Estados Unidos perdían.

Los soviéticos habían convencido al COI con los argumentos de que ellos habían ganado el medallero olímpico en tres ocasiones anteriores, y el más reciente, el de 1972. Además, concentraban el mayor número de medallas de oro, y la promesa del Estado de que costearía todo el evento. Esos fueron puntos deportivos y económicos que inclinaron la balanza, pues EU en aquel entonces no pasaba por sus mejores momentos, tenían problemas sociales, políticos y económicos.

Otra versión de los hechos indica que la URSS y EU se habían puesto de acuerdo en que los soviéticos organizaran los olímpicos de 1980. El 22 de octubre de 1974, día previo a la elección, el Daily Mirror publicó: «Un pacto secreto entre Richard Nixon y Leonid Brezhnev, en apoyo a la política de distensión, asegura que mañana Moscú será elegida como sede contra Los Ángeles, su única rival». La posterior elección de Moscú, para algunos es la confirmación de este hecho. Ambos países no desmintieron al diario inglés.

Durante los siguientes años, el prestigio de la URSS parecía que iba en aumento, o por lo menos era estable; mientras el de los EU parecía iba hacia abajo; los problemas del escándalo de Watergate, la renuncia de Nixon, la salida del ejército estadounidense de Vietnam, la crisis del petróleo, la gris administración del presidente Gerald Ford, entre otras, dieron una mala imagen hacia adentro y afuera de la Unión Americana.

Pero los acontecimientos cambiaron radicalmente: estalló la Revolución de Irán. En febrero de 1979, el Sah Mohamed, el dictador apoyado por Occidente, había huido, tomando el mando el gran ayatolá Ruhollah Jomeini, y se estableció una república islámica, una teocracia. Se establecieron nuevas reglas que prohibían casi todo, para el ascenso a la divinidad después de morir. Tanto el capitalismo como el socialismo no serían beneficiados con un sistema así.

Esto puso a las superpotencias en alerta y en enfrentamiento, la política de distensión terminó. En noviembre de 1979 comenzó la llamada ‘Crisis de los Rehenes’, donde ciudadanos y diplomáticos estadounidenses fueron tomados como rehenes en la embajada de EU en Irán. Se planeó atacar con bombardeos y bloqueó marítimo, pero estos movimientos bélicos serían en el país frontera con la URSS, y estos veían la posibilidad de que los estadounidenses utilizarán al país vecino, Afganistán, como lo hicieron con Camboya en la Guerra de Vietnam.

La URSS, previendo la llegada de los americanos, que ya patrocinaban a los muyahidines, y temiendo la posible expansión del fundamentalismo iraní a la guerra civil que vivía Afganistán, y de ahí contagiarse al sur de la URSS al actual  Turkmenistán, decidieron en diciembre de 1979 invadir Afganistán en apoyo al Estado comunista de la Revolución de Saur.

En enero de 1980, el muy enfurecido presidente Carter (cómo no se iba a enojar, pues su reelección estaba en juego) reaccionó con una serie de medidas destinadas a ejercer presión sobre los soviéticos, para que se retirasen y no prestar mayor atención y solución a los rehenes en Irán.

El 14 de enero, Jimmy Carter dio un plazo de un mes para que las tropas soviéticas salieran de Afganistán, declaró: «Ir a los Juegos Olímpicos de Moscú sería como poner un sello de aprobación a la política exterior de la URSS. El COI debería cambiar la sede». Se comenzó a plantear junto con Canadá que la ciudad de Montreal volviera a ser sede, o bien fuera la ciudad de Los Ángeles.

El entonces presidente del COI, Lord Michael Killanin, fue contundente y respondió: «Sólo una Tercera Guerra Mundial puede impedir que Moscú sea la sede». El COI argumentó que la política quedaba fuera del deporte y que no se dejarían guiar por los Estados. El COI se mantuvo estoico y no hizo ningún cambio.

Pasó el mes del ultimátum, y entonces Carter comenzó a alentar a los aliados de Estados Unidos para sacar a sus equipos olímpicos de los próximos juegos. Mientras tanto, Carter sufrió otro revés, en abril, la operación ‘Garra de Águila’ fracasó rotundamente en su intento por rescatar a los rehenes en Irán.

En los primeros días de mayo, Killanin hizo el último intento; se reunió con los líderes de ambas naciones, Brezhnev, en el Kremlin; y Carter, en la Casa Blanca. A Carter, abucheado por la sociedad norteamericana por el fracaso en Irán, no le quedó de otra más que tratar de resucitarse contra la URSS y lo dijo todo: «O retiran las tropas… o retiro a los atletas». Obtener algo de simpatía era el objetivo, antes de las elecciones presidenciales.

Mayo fue el último mes para la inscripción de los Comités Olímpicos Nacionales. El boicot fue un hecho: EU no asistiría a los Olímpicos, argumentado la inseguridad de sus atletas, además de otros 62 países formalmente hablando, aunque Francia, Reino Unido, Suecia, Italia, entre otros, permitirían la participación de sus atletas pero a título personal, sin la Bandera e Himno Nacional. Los EU no lo permitieron, se advirtió a los atletas que serían despojados de sus pasaportes si intentaban participar.

Carter perdió la reelección, la ausencia de EU en la vitrina olímpica, la mala reputación que fueron adquiriendo de manera nacional e internacional, requirió de un arreglo, y la nueva administración Reagan trabajaría en ello.

Este gobierno tenía un marcado deseo de frenar el expansionismo soviético, que motivó a los Estados Unidos a incrementar su prestigio y su presencia internacional en todos los ámbitos; en la parte deportiva, como sede de los eventos deportivos más relevantes de carácter global de los siguientes años, buscando opacar el de la Unión Soviética, que se había metido en lo que en el futuro llamaríamos el ‘Vietnam soviético’, y otros problemas económicos y sociales.

La Crisis de los Rehenes se solucionó negociando con Irán hasta enero de 1981. Mientras, había iniciado cuatro meses atrás la Guerra Irán vs. Irak, una guerra que comenzó este último buscando recorrer la frontera y anexarse más territorio; pero en el fondo era el frente militar apoyado por los EU y la URSS contra un país teocrático.

Estados Unidos no calculó, la Revolución, la Crisis de los Rehenes y la URSS, le trajeron como resultado el no participar en los Olímpicos de 1980. Luego obtuvo los Olímpicos de 1984, y el bloque oriental respondió no participando, pero a futuro el fin de esta especie de coexistencia pacífica traería el último gran enfrentamiento entre las superpotencias, y a principios de los años 90, la URSS implosionaría. Pero 40 años después, Irán sigue ahí.

*Académico de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

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