09/21/2021
Metropoli

La Ciudad de México y sus inundaciones

Con el tiempo y la urbanización, el ciclo hidrológico se ha modificado.

Cada año, en la Ciudad de México llueven entre 600 y mil 500 millones de milímetros y con las lluvias inician los problemas como encharcamientos o inundaciones que afectan tanto a personas, como a la vivienda, la economía, la movilidad, la infraestructura y los ecosistemas.

Este problema de inundaciones no es nuevo, existe desde tiempos antes de la conquista, por esto es importante conocer y entender el por qué, para poder llevar a cabo acciones que promuevan una solución concreta.

En contexto, la temporada de lluvias empieza el 15 de mayo y se prolonga hasta el 30 de noviembre de cada año, anteriormente era julio el mes con más precipitaciones, ya que llovía de 20 a 30 días en promedio, según CONAGUA. Sin embargo, en el presente año, hasta el momento,  septiembre es el mes que más ha llovido.

Entrando en materia, la naturaleza mantenía un equilibrio, el agua que llovía en las zonas montañosas bajaba por los cauces e inundaba las zonas bajas, para luego volver a su estado inicial. Permitiendo la filtración del agua en los bosques y el abastecimiento de lagos y ríos.

Con el tiempo y la urbanización, el ciclo hidrológico se ha modificado. El concreto limita la filtración del agua, debido a la gran extensión de superficies pavimentadas y a la impermeabilidad de las capas arcillosas sedimentadas del lecho del lago, sobre las que la Ciudad está construida. Sólo el 14% del agua logra filtrarse anualmente en los mantos acuíferos.

No sólo la falta de filtración es el problema, la condición topográfica de la metrópoli dicta la distribución de las precipitaciones. Las áreas al oeste y suroeste, en las faldas de la Sierra de las Cruces, reciben una mayor cantidad de lluvia y un mayor número de eventos de lluvias extremosas, debido a que baja más agua.

Adicionalmente, el riesgo representado por una mayor probabilidad de lluvia se ve reforzado por las condiciones específicas del terreno, pues es en esta área que se localizan los sedimentos volcánicos más inestables y vertientes más silvestres, y urbanizadas de la Ciudad. El resultado es na escorrentía (bajada de agua) muy veloz que no puede ser absorbida por el sistema de drenaje subterráneo y por lo tanto inunda esta área, causando grandes daños, afectaciones y pérdidas económicas.

“El drenaje de la Ciudad de México es un gran y complejo sistema de infraestructura de alcantarillado mixto que recolecta agua de lluvia aguas grises (de uso doméstico) y aguas negras (drenaje). El 90% de estas aguas se pierde en el drenaje y sólo el 10% es reutilizada para espacios públicos mayormente, industria, agricultura y uso comercial”, señaló Eduardo Vázquez, director de Agua Capital.

Agua Capital, promueve el cuidado y restauración de los suelos de conservación como una solución a corto plazo, con visión para su prevención a largo plazo. A pesar de lo que parece el suelo de conservación ocupa la mayor parte del territorio, con un 59% (87 mil 291 hectáreas), que se ubican principalmente en las alcaldías de Cuajimalpa, Iztapalapa, Magdalena Contreras, Milpa Alta, Álvaro Obregón, Tláhuac, Tlalpan y Xochimilco.

El suelo de conservación se refiere a las zonas que, por sus características ecológicas, proveen servicios ambientales, necesarios para el mantenimiento de la calidad de vida de los habitantes de la Ciudad de México, de conformidad con lo establecido en la Ley Ambiental del Distrito Federal.

Los suelos cumplen importantes servicios ecosistémicos que hacen posible la vida humana al proporcionar alimentos nutritivos y agua limpia; al regular las enfermedades y el clima. El más conocido es el soporte y suministro de nutrientes a las plantas, aquí algunos beneficios:

1. Secuestro de carbón

Reduce su liberación a la atmósfera como CO2, uno de los principales gases con efecto invernadero responsables del cambio climático.

2. Captar el agua

Permite la recarga de los acuíferos, filtrando, amortiguando y captando ciertos contaminantes, impidiéndoles llegar a las reservas de agua.

3. Regula la temperatura y humedad

Mejora la calidad del aire (evitando polvaredas y/o favoreciendo la producción de oxígeno).

4. Reducción de escorrentía

Evita inundaciones y arrastres de basura hacia las partes bajas de las zonas urbanas, almacena agua (a la par que nutrientes) para la vegetación y evita la sobrecarga de drenaje. 

Desgraciadamente, la expansión de los asentamientos humanos irregulares, tala ilegal de bosques, pavimentación de caminos, incendios forestales, entubamiento y contaminación de ríos, mala disposición de residuos sólidos, caducas prácticas agropecuarias. Pueden provocar cambios en el suelo y deteriorarlo, limitando el abasto de hasta 70 mil personas. Cada hectárea urbanizada priva 2.5 millones de litros de agua al año.

Es importante que la sociedad también participe, con pequeñas acciones, empezando por no tirar basura en la calle, cuidar los bosques, hasta crear una instalación de sistemas de captación de agua de lluvia, esta opción disminuye la presión sobre el sistema de alcantarillado, cada litro almacenado en una cisterna se traduce en agua que no llegará a la red de drenaje, por lo menos no sin ser aprovechado previamente, ayudando drásticamente en zonas donde no hay acceso al agua potable. 

Diagramas: Cortesía

Foto: Archivo (Ilustrativa)

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