Columnas

Hasta la muerte les sabe

Por: ARMANDO RÍOS RUIZ

El pasado lunes 3 de este mes o el día siguiente de las votaciones, inicié un viaje fuera de México, lleno de interrogantes sobre los resultados dados a conocer a la media noche, que otorgaban un triunfo arrollador a la candidata del oficialismo, Claudia Sheinbaum, que pudimos leer un poco desde antes, con un poco de observación en las conductas de algunos medios.

Desde las siete de la noche, más o menos, la Cámara Nacional de Radio y Televisión anunció el triunfo indiscutible de Morena, igual que Mario Delgado, dirigente nacional de ese partido y que Televisa, muchísimo antes de que el órgano encargado o el INE, emitiera su veredicto. Esto seguramente levantó sospechas no sólo en un servidor. Forzosamente muchos comenzaron a elucubrar.

En pasadas elecciones hemos sido testigos de que los conteos rápidos emiten sus cifras, a veces por ahí de las seis de la tarde. En esta ocasión hubo una espera fastidiosa. Inclusive se anunció que hasta la una y media de la mañana del lunes conoceríamos los resultados. La señora Guadalupe Taddei, directora del INE apareció a cuadro casi a la meda noche, para decir que Claudia ganaba de manera aplastante, inclusive en estados en donde había visos claros de una derrota inminente. ¿Cómo logró Morena esta hazaña?

Durante la espera comenté a mi esposa que habría fraude y que el hecho de que Televisa y otras instancias anunciaran la victoria de Morena de manera muy anticipada, se había urdido para preparar a los mexicanos a recibir una noticia que ya estaba cantada. O sin grandes sorpresas.

Pensé en esto, sin imaginar el amplísimo margen de la ganadora, como si México entero hubiera apostado a perderlo todo, como el suicidio de Masada, en la primera centena de la era cristiana, cuando los habitantes de este lugar, judíos, decidieron suicidarse colectivamente para evitar que las tropas romanas aniquilaran este bastión de la resistencia. Pero al revés. En este caso, para entregarse al judío, sin entender con qué finalidad.

Obviamente, pensé en el fraude bien orquestado, con la contratación de expertos en cuestiones de computadora. Desde entonces han aparecido en las redes sociales muchas maneras de ejecutarlo. Como el hecho de doblar el número de habitantes en muchos lugares del país y otorgar el voto a la señora Sheinbaum. Por ejemplo, en algunas poblaciones se registraban oficialmente 70 mil habitantes y aparecían más de 200 mil votos para Morena.

No podía creer que, en Veracruz, un pueblo francamente vilipendiado por su mismo gobernador morenista, Cuitláhuac García, considerado el peor en todo el territorio mexicano, hubiera obtenido la victoria Rocío Nhale, una señora que sólo recibía la repulsa generalizada en donde se paraba a hacer campaña. Hay videos en donde le dijeron que nadie votaría por ella por ser tan corrupta.

Se notaba a simple vista que José Yunes sería indiscutiblemente el ganador. No resultó de esa manera y ganó Morena, para sorpresa de propios y extraños. Por razones personales, seguí de cerca esta campaña y me sorprendió sobremanera el resultado. Igual que muchos otros, como el de Morelos, gobernado por un verdadero burro o mejor dicho por todos sus ayudantes y familiares, menos por él, quien la pasó de noche en los campos de golf.

Mi sobrino, proclive a Morena, me aconsejó que aceptara la derrota y no polarizara. Le contesté que fue su maestro quien se dedicó a polarizar durante más de cinco años y que no es de mexicanos dignos aceptar que perdió mi intención, porque sólo tiene oídos para el dios que eligió.

Agrego que, de cristalizar los planes del macuspano, que termina, pero no se va, tal vez tenga tiempo de arrepentirse por el viraje que promete, hacia el verdadero abismo. Lo tendrá también, por haber entregado a sus hijos a un destino hoy incierto. Tal vez mañana, lleno de aberraciones, como lo evidencian las experiencias en otros lugares en donde existen gobiernos de esa calaña.

Como dice el dicho: el que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe.

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