Por: SALVADOR HERNÁNDEZ VELEZ
Los padres de Sergio Rivera Martínez, el señor Felipe Rivera Adriano (f) y la señora María Inés Martínez Fraire (f) tuvieron 11 hijos: Higinio, Marcelo, Pila, Jorge, Fernando, Sergio, Norma, Jesús, Román, Jaime y María Guadalupe. Sergio nació en Viesca el 10 de septiembre de 1964. Como todo niño del pueblo le gustaba jugar a las canicas, a las escondidas, a pasearse por la Orilla de agua, donde los álamos y los fresnos, entre otros árboles, proporcionaban sombra todo el día.
En su barrio, la Capilla, todo era como un sueño, pues los niños en esa época gozaban corriendo descalzos, hacían mandados y le guardaban mucho respeto a los adultos.
Estudió la primaria en la Enrique Madariaga Ruiz, luego ingresó a la secundaria No. 15. Al finalizar, sus padres con mucho sacrificio lo mandaron a estudiar el bachillerato en la Preparatoria de la Laguna, de Torreón. En Viesca aún no había preparatoria. Al finalizar la educación media superior ingresó a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAdeC, donde solo cursó dos años, pues se casó y tuvo que trabajar para mantener a su familia y que contaran con seguridad social. Se casó con la joven viesquense María Concepción de Ávila Ríos y procrearon a: Jazmín, Norma y Sergio.
Por economía se fue a trabajar en las minas de Nacozari y Cananea, Sonora. También estuvo un tiempo en Monterrey, N.L. Desde que estaba estudiando el bachillerato, le daban días extra para trabajar los fines de semana en SULVISA, cargando bultos o en el empaque de las bolsas de sal de un cuarto o de medio kilo, además en los botes de la sal Hada. Así que cuando regresó a Viesca para establecerse, lo contrataron en SULVISA como eventual y, posteriormente, consiguió la planta en el área de empaque donde laboró hasta el cierre de la planta.
Sergio se inició tomando fotografías a sus hijos con cámaras pequeñas kodak, luego los vecinos que no contaban con una cámara fotográfica le pedían que tomara fotografías en las fiestas de sus pequeños hijos. Al trabajo en SULVISA, llevaba una cámara fotográfica con la que tomaba fotos de los eventos o de las áreas de trabajo de la fábrica. Era una cámara económica, de esas de rollo, por lo que llevaba a revelar las fotos los fines de semana, las vendía y con lo que le pagaban generaba algo de ingresos adicionales.
Además, con su cámara tomaba las fotos familiares, luego los vecinos lo empezaron a contratar para que tomara fotos de sus fiestas y de sus eventos, eso para él eran más ingresos para su familia. Cuando inicia la administración municipal de 1994-1996, con el entonces presidente Municipal Germán García Rey, Sergio asistía a los diferentes eventos y a los actos cívicos a tomar fotografías, ya con una cámara más profesional. Trabajo que luego continuó por varias administraciones municipales. Después compró equipo de grabación de video. Así que empezó a vender casetes grabados de los diferentes eventos.
Sergio —el fotógrafo— es un hombre muy conocido en todo el pueblo y sus alrededores, en las graduaciones de las escuelas ahí está con su cámara en mano, toma fotos para luego imprimirlas y venderlas a los interesados. En las fiestas religiosas, sobre todo en las patronales de Santiago Apóstol, ahí está como el fotógrafo. En todas las celebraciones, lo buscan para que les tome la foto del recuerdo. Lo que más le piden es tomarse fotos con la danza de caballitos. El día del ausente, previo a las fiestas de Santo Santiago Apóstol del 25 de julio, también acude a fotografiar la cabalgata, la comida que se ofrece en Juan Guerra y la premiación.
Así se inició en el oficio de fotógrafo y hoy es la actividad que le genera más ingresos. Ha tomado fotografías de bautismos, cumpleaños, fiestas de XV, bodas, bienvenidas de párrocos, danzas, celebraciones guadalupanas, reliquias, desfiles, etc. Actualmente su principal actividad es tomar fotografías, pues el negocio de la grabación se sustituyó por los videos que toman con un celular.
Lo que más le gusta a Sergio es disfrutar de la vida, salir a dar la vuelta en el pueblo en su bicicleta —su medio de transporte— dice que le sirve de ejercicio. Todos los domingos acude a misa y ahí aprovecha para tomar más fotografías. A él le gusta vivir en la tranquilidad del pueblo y le satisface saber que encontró en su cámara la forma de conseguir sus ingresos para disfrutar de la vida con su familia en su terruño.
Salvador Hernández Vélez
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