Sebastián Godínez Rivera
La crisis política en Honduras parece no tener fin, luego de una elección plagada de irregularidades, conductas antidemocráticas y una autoridad electoral que fue rebasada por los actores políticos. Tras una semana y media de recuento de votos, el ganador fue el derechista del Partido Nacional, Nasry “Tito” Asfura, quien ha sido objeto de ataques por parte del todavía gobernante partido LIBRE.
El primer caballero y expresidente, Manuel Zelaya se ha dedicado a atacar al Consejo Nacional Electoral (CNE) y declaró que el país está viviendo “un golpe electoral”. Este concepto es utilizado por los izquierdistas hondureños como una forma de denunciar la “imposición” de un candidato contrario a su visión de país y apoyado por Estados Unidos. Si bien Asfura fue respaldado discursivamente por Donald Trump, no es posible medir el impacto de las palabras del presidente en la elección del candidato ganador.
Como si fuera poco las divisiones al interior del CNE continúan entre las consejeras, Ana Paola Hall y Cossette López acusaron al gobierno de perseguirlas políticamente. Mientras que el consejero Marlon Ochoa, quien es afín al partido gobernante acusó a sus pares de imponer un candidato en la presidencia. El cruce de señalamientos evidenció las fisuras en una autoridad electoral partidista que antepone los intereses y debilita la democracia.
Honduras ha sido catalogada como una nación con democracia imperfecta por los proyectos que miden la calidad de la democracia como V-DEM, Latinobarómetro o Freedom House. Esta categoría se refiere a países que cuentan con una democracia electoral deficiente en la que los procesos no siempre generan certeza, sino dudas como ha venido ocurriendo desde 2025.
El país arrastra una serie de cuestionamientos no solo por el actuar del órgano electoral, sino por las candidaturas perdedoras, Salvador Nasralla del Partido Liberal quien quedó en segundo lugar y Rixi Moncada que terminó en tercer lugar, abanderada de LIBRE. El primero fue vencido por Asfura por menos de un punto porcentual; en un primer momento Nasralla llamó a respetar a la autoridad y esperar el conteo, cuando los resultados no lo favorecieron inició una serie de ataques contra las consejerías del CNE.
Mientras que Moncada que solo obtuvo el 19% de la votación inició una campaña para solicitar al congreso la anulación de los comicios. Fue arropada por Zelaya quien discursivamente elevó la temperatura de los militantes de LIBRE para denunciar un fraude electoral y frenar la calificación de los comicios. Esta actitud demostró que quienes en su momento fueron objeto de persecución y decían defender la democracia, hoy la lapidan cuando los resultados no les favorecen.
La crisis se trasladó a la Asamblea Nacional, si bien LIBRE no tiene la mayoría necesaria para anular los comicios han habido 2 intentos para que estos sean cancelados. Sin embargo, la tensión se elevó luego de que miembros del oficialismo lanzaron un artefacto explosivo contra la diputada del Partido Nacional, Gladys Aurora López. La polarización que vive el país puede llevar a la radicalización de cualquiera de los bandos, puesto que las elecciones no sirvieron como catalizadoras del malestar, sino que los resultados han exacerbado los ánimos.
El silencio de la presidenta Xiomara Castro ha sido interpretado por el oficialismo como una luz verde para continuar con éstas acciones, mientras que para la oposición, la mandataria saliente busca generar una crisis que le permitan mantener al partido en el poder hasta repetir las elecciones. Honduras es uno de esos casos de estudio que nos recuerdan la importancia de los valores democráticos, el respeto a las instituciones, y sobre todo, que la organización de comicios con altos estándares que permitan la certeza en el proceso e incertidumbre en los resultados.
Con esta frase me refiero a que las elecciones deben generar gobernabilidad a través de un proceso bien organizado antes, durante y después, mientras que la incertidumbre tiene que ver con que cualquier candidato puede ganar, siempre y cuando el proceso sea limpio. Este es uno de esos casos de estudio en los cuales el diagnśtico es multifacético, o sea, una autoridad partidizada, comportamientos antidemocráticos de las élites, el gobierno que denuncia un fraude a pesar de tener el poder, actores políticos que apuestan por la polarización, en vez de la civilidad.
El panorama es incierto en la nación centroamericana puesto que el 27 de enero Tito Asfura asumirá como presidente. Mientras la tensión ahoga al país, nada está escrito aún y el mundo podría estar ante una de las alternancias de poder más tensas de la última década.
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Para DeReporteros

