En una declaración que ha sacudido el tablero geopolítico global, el presidente Donald Trump confirmó la muerte de Alí Jamenei, a quien calificó como «una de las personas más malvadas de la historia». Según el mandatario, el fin del líder iraní representa un acto de justicia largamente esperado por las víctimas de su régimen en Irán, Estados Unidos y el resto del mundo.
Una operación de alta tecnología
Trump destacó que la caída de Jamenei y de otros líderes de su círculo cercano fue el resultado de una operación quirúrgica que el régimen no pudo evitar. El presidente subrayó la superioridad tecnológica de las fuerzas involucradas:
«No pudo evitar nuestros sistemas de inteligencia y de rastreo altamente sofisticados. Trabajando estrechamente con Israel, no hubo nada que él, ni los otros líderes asesinados junto con él, pudieran hacer», sentenció el mandatario.
Ultimátum al CGRI y fuerzas de seguridad
Para el presidente Trump, este suceso marca «la mayor oportunidad» en décadas para que los ciudadanos iraníes retomen el control de su nación. En su mensaje, reveló que el gobierno de EE. UU. ya está recibiendo señales de fractura dentro del aparato represor iraní.
Según Trump, miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), del Ejército y de la policía están buscando activamente vías de escape y protección. Ante esto, el presidente fue contundente al reiterar su postura:
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La oferta actual: Inmunidad inmediata para quienes abandonen las armas y dejen de combatir.
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La advertencia: «Como dije anoche: ‘Ahora pueden tener inmunidad; más tarde solo obtendrán la muerte'».
Impacto internacional
El anuncio de Trump no solo cierra un capítulo de hostilidades directas con la cúpula de Teherán, sino que envía un mensaje de fuerza sobre la alianza estratégica entre Washington y Tel Aviv. Con el liderazgo de los «matones sanguinarios» —como los describió el presidente— fuera de combate, la Casa Blanca espera una transición acelerada en la región.

