Por: ARTURO SUÁREZ RAMÍREZ
Un engaño que nos enaltece es más valioso
que un conjunto de verdades bajas.
Aleksandr Pushkin
El tic tac del reloj avanzaba. Ya no había tiempo. Estábamos a unas horas de la inauguración del Mundial de Futbol y la capital del país seguía y sigue patas arriba. Pero así está acostumbrada a trabajar Clara Brugada y su equipo: como suele decirse, todo sobre las rodillas. Eso sí, como reza el manual del tabasqueño, hay que culpar a la derecha o decir simplemente que se trata de una campaña de desprestigio. Sin embargo, la realidad se impone ante la vista de los capitalinos que, aunque sean partidarios, saben que la cosa no marcha bien: obras inconclusas y hasta una estructura paralela al gobierno de Brugada.
Cada error que se comete al construir infraestructura tiene un costo. Son pérdidas para las empresas o para el gobierno, que debería cuidar los recursos de los citadinos, pero no sólo de palabra, sino en los hechos. Y vaya pifia aquello de pintar primero de lila y luego regresarlo al color amarillo, como marcan las normas. Aquí somos mal pensados y sabemos que también hay quien gana con esas decisiones, porque la pintura y su aplicación tienen un costo. No somos ingenuos.
Luego está el nivel del secretario de Gobierno, César Cravioto, saliendo a mofarse con su jarabe “Ajolotius” para que no la hagan de tos. De nuevo, las obras están inconclusas y no hay que ser ingeniero para saber que ya no pudieron. Parece que se les vienen varios escándalos por esos motivos y la oposición les prepara denuncias. Sólo será cuestión de rascarle y veremos. En el Gobierno federal saben de qué tamaño es el problema, pero como pertenecen al mismo partido y son los mismos que gobiernan la Ciudad de México desde 1997, tampoco pueden exigir demasiado. Así que Brugada encontró en la presidenta Claudia Sheinbaum un respaldo al afirmar que se está trabajando bien.
Qué tal la calzada flotante, que apenas tiene 1.5 kilómetros y se encuentra al inicio del camino que conduce al Estadio Azteca. Es decir, no es una verdadera vía para ingresar siquiera a las inmediaciones donde se jugarán cinco partidos. Y ese proyecto costó más de dos mil millones de pesos. Con ese dinero se pudieron construir cinco hospitales, algo que sí perdura.
Mención aparte merece lo que sucede en el primer cuadro del Centro Histórico: el plantón de la CNTE, las marchas y manifestaciones de todos los días, así como las murallas que no permiten el paso a los visitantes, coartando la libertad de tránsito, esa que está consagrada en la Constitución. Pero desde que a López se le descompuso el país, algunos se adueñaron de la decisión sobre quién puede y quién no puede entrar a la plaza pública.
El tema no es menor. Incluso tiene que ver con la licencia que, desde el gobierno de Clara Brugada, se le ha dado a un grupo de personas que, sin tener cargo alguno y sin haber sido electas, aplican su propia ley y deciden quién entra y quién no. Son los mismos que retiran mantas para impedir manifestaciones; los mismos que siempre están al acecho y listos para actuar como grupos de choque.
Parece que se ha construido una estructura paralela al gobierno de Clara Brugada y César Cravioto, con la protección de instituciones de seguridad que, lejos de poner orden, observan pasivamente porque han recibido órdenes de no actuar. Ahí están las imágenes: una mujer ligada a una diputada del Congreso local, vinculada con comerciantes y con antecedentes conocidos. Lo preocupante no es solamente la presencia de estos grupos, sino la transferencia de poder por parte de las autoridades, atropellando la ley.
Ha quedado documentado en videos de influyentes internacionales el actuar y la pasividad del gobierno de Brugada. La negativa por no tener INE, como dicen los panistas, nos coloca a un paso de la justicia selectiva; de que alguien sin cargo público y con toda la prepotencia pueda decidir sobre las mayorías. Pero así se las gasta el Gobierno de la Ciudad y así operan los acuerdos mafiosos que ponen en riesgo a los capitalinos… pero mejor ahí la dejamos.
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Arturo Suárez Ramírez
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