El olor a elote preparado se mezcló este lunes con el de tortillas, tamales y otros productos elaborados con maíz en una jornada que tuvo algo de exposición gastronómica, algo de celebración y mucho de reivindicación de uno de los alimentos que forman parte de la historia de México.
Había productos derivados del maíz para conocer y probar. También hubo elotes, con chile y limón, de esos que difícilmente pasan desapercibidos.
Clara Brugada, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, y la secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural capitalina, Columba López Gutiérrez, no se quedaron como espectadoras de la muestra: también probaron los elotes preparados.
La escena sirvió para llevar el discurso del campo a algo mucho más cotidiano: el maíz que deja de ser una cifra de producción y termina convertido en un alimento que se come de pie, con chile, limón y, para muchos, hasta con las manos.
Pero detrás de la degustación hubo cifras y una estrategia para preservar la producción de maíz nativo en la capital.
Brugada destacó que el maíz es uno de los principales patrimonios bioculturales de México y señaló que en la Ciudad de México se conservan nueve razas de maíz.
En territorio capitalino existen más de 4 mil hectáreas destinadas a su producción, con una cosecha aproximada de 8 mil toneladas al año. El planteamiento del gobierno local es duplicar esa producción y mantener las condiciones para conservar los suelos agrícolas.
La apuesta también busca que el maíz nativo llegue directamente a la mesa de los habitantes de la capital. Entre las acciones anunciadas está la creación de 100 tortillerías de maíz nativo en las Utopías.
Durante la jornada también se habló de uno de los temas que más directamente toca al consumidor: el precio de la tortilla.
La secretaria Columba López Gutiérrez afirmó que México cuenta con abasto suficiente de maíz y sostuvo que no existen condiciones para que falte el grano en los próximos años. La estrategia, explicó, contempla reducir los costos de producción mediante mejores condiciones de financiamiento, seguros y mecanismos de cobertura de precios.
Así, entre exposiciones, productos derivados del maíz y elotes preparados con chile y limón, la celebración dejó una imagen sencilla detrás de un tema mucho más amplio.
El maíz puede verse en una parcela, en una tortillería, en un puesto de comida o en una exposición. Pero en cualquiera de esos lugares sigue siendo parte de una misma historia: la de un producto que comienza en el campo y termina en la mesa.
Y ese día, al menos por unos minutos, la discusión sobre producción, conservación y abasto tuvo sabor a elote.

























