Pepe Herrera | UNAM Global
La Ciudad de México no solo está habitada por millones de personas. Entre calles, edificios, parques, jardines y áreas verdes también encuentran refugio distintas especies de fauna silvestre, muchas de ellas activas durante la noche. Cacomixtles, murciélagos, tlacuaches y mapaches forman parte del ecosistema urbano y, aunque en ocasiones pasan inadvertidos, su presencia plantea una pregunta fundamental: ¿cómo podemos aprender a convivir con ellos?
A partir de esta inquietud surgió Mis Vecinos Nocturnos, un proyecto de ciencia ciudadana coordinado por la Dra. Claudia Moreno Arzate del Instituto de Ecología de la UNAM. La iniciativa comenzó con los primeros reportes ciudadanos sobre cacomixtles, que llamaron la atención del equipo de investigación.
El proyecto comenzó con una pregunta sencilla: ¿los avistamientos de cacomixtles eran casos aislados o estos animales realmente formaban parte de la fauna urbana? Con ayuda de estudiantes y de la ciudadanía comenzaron a recopilarse registros y, poco a poco, quedó claro que no se trataba únicamente de encuentros ocasionales. Los cacomixtles tenían una presencia constante en distintos puntos de la capital.
El interés de los investigadores, sin embargo, no se limitó a saber que estaban ahí. Querían conocer qué hacían, dónde vivían, qué comían y por qué aparecían con frecuencia en la ciudad. Estas preguntas llevaron al equipo a ampliar el proyecto hacia otros mamíferos nocturnos, particularmente los murciélagos, aunque también se contemplan mapaches y tlacuaches.
La ciudad como hábitat
Uno de los principales aprendizajes de Mis Vecinos Nocturnos es que la fauna silvestre no necesita vivir exclusivamente en espacios completamente naturales. En el caso de los cacomixtles, los registros obtenidos mediante ciencia ciudadana han permitido documentar su presencia en las 16 alcaldías de la Ciudad de México, explicó la Dra. Claudia Moreno Arzate.
Los análisis muestran una relación importante con las áreas verdes y el arbolado, pero los cacomixtles también aprovechan jardines, camellones, parques y otros espacios con vegetación que les proporcionan recursos para sobrevivir.
La investigación también ha permitido conocer mejor su papel ecológico. Los cacomixtles consumen organismos como cucarachas, ratas y ratones, por lo que contribuyen al control de algunas poblaciones de especies consideradas plaga. También participan en la dispersión de semillas.
En cuanto a los murciélagos, actualmente se tienen registros de alrededor de 23 especies residentes en la Ciudad de México, además de observaciones de especies consideradas pasajeras. Algunas colonias llevan décadas conviviendo con las personas sin que necesariamente se haya generado un conflicto. La Unidad Habitacional Hueso Periférico es un ejemplo de esta situación.
Una fauna que también se adapta
Los registros ciudadanos han permitido detectar comportamientos que llaman la atención de los investigadores. En condiciones naturales, los cacomixtles son considerados animales solitarios. Sin embargo, en la ciudad se han observado grupos en lugares donde existen recursos suficientes.
“Este fenómeno coincide con lo observado en otros carnívoros medianos que habitan ambientes urbanos: aunque normalmente son solitarios, pueden tolerar la presencia de otros individuos cuando existen recursos concentrados en determinados espacios”, explicó Moreno Arzate.
También se han documentado diferencias en los periodos reproductivos. Mientras que en ambientes naturales se conocía principalmente un ciclo reproductivo anual, los registros obtenidos en la Ciudad de México apuntan a la posibilidad de que existan hasta dos periodos de reproducción. La presencia de ejemplares juveniles podría explicar por qué en determinadas temporadas aumentan los avistamientos.
Los registros han permitido documentar incluso relaciones entre especies. Por ejemplo, se ha observado a un cacomixtle cazando murciélagos durante la noche. Este tipo de encuentros recuerda que, pese a encontrarse rodeados de edificios y calles, estos animales continúan formando parte de una comunidad ecológica.
El papel de la percepción social
La relación entre las personas y la fauna silvestre es otro de los aspectos que estudia el proyecto. En el caso de los cacomixtles, las investigaciones han registrado una percepción generalmente neutra, aunque en algunos lugares es más positiva.
La percepción parece estar relacionada, entre otros factores, con la experiencia directa. Quienes han observado a estos animales o han tenido experiencias positivas con ellos pueden desarrollar una mayor aceptación de su presencia.
Para Moreno Arzate, las historias que acompañan a los avistamientos también tienen valor. Un registro no solo proporciona datos sobre una especie: puede mostrar cómo la presencia de un animal transforma la experiencia cotidiana de una persona. Algunos ciudadanos han contado cómo encontrarse con un animal durante la noche cambió su estado de ánimo o despertó su interés por conocer la naturaleza que los rodea.
Las amenazas para los mamíferos nocturnos
Compartir el mismo espacio no significa que la convivencia sea siempre sencilla. Una de las principales amenazas es la transformación del hábitat. La pérdida de árboles, áreas verdes o refugios puede dejar a los animales sin los espacios que necesitan para descansar, alimentarse y reproducirse.
A esto se suma la desinformación. El miedo hacia algunas especies, particularmente los murciélagos, puede provocar que las personas intenten eliminarlos cuando los encuentran.
Los perros y gatos también pueden representar un riesgo. Se han documentado ataques de perros a cacomixtles y casos de gatos que han cazado murciélagos. En el caso de los cacomixtles, todavía es necesario investigar con mayor profundidad la magnitud de la interacción con los gatos.
Otro problema son los casos de envenenamiento. Las sustancias utilizadas para controlar animales considerados una molestia pueden terminar afectando tanto a fauna silvestre como a animales ferales. También preocupa el aumento de personas que intentan mantener cacomixtles como animales de compañía. Desde el proyecto se hace un llamado a no hacerlo, ya que se trata de fauna silvestre y el cautiverio puede alterar sus ciclos naturales y reproductivos.
La iluminación artificial es otro factor que requiere investigación. En algunos cacomixtles se han observado ejemplares activos en horarios que parecen estar desfasados respecto de sus patrones habituales. Estas observaciones plantean nuevas preguntas sobre cómo las condiciones de una ciudad tan iluminada pueden modificar la vida de las especies nocturnas.
De la información a la coexistencia
El trabajo de Mis Vecinos Nocturnos no se limita a registrar animales. La información obtenida también ha permitido establecer vínculos con autoridades y participar en iniciativas destinadas a mejorar el manejo de la fauna silvestre.
Durante varios años, el equipo ha colaborado en la capacitación de autoridades ambientales de la Ciudad de México sobre el manejo adecuado de murciélagos. En estas capacitaciones han participado bomberos, personal de Protección Civil, integrantes de la Brigada de Vigilancia Animal y otros funcionarios.
Esta experiencia llevó al equipo a plantear la necesidad de una estrategia más amplia. En este contexto se impulsaron mesas de coexistencia con especialistas, ecólogos urbanos y autoridades ambientales para discutir cómo lograr una convivencia más adecuada entre la población y la fauna.
La propuesta parte de una idea fundamental: no todos los encuentros con animales silvestres requieren una intervención. Muchas veces, observar un cacomixtle, un tlacuache o un murciélago simplemente significa que el animal está realizando su vida cotidiana.
Alimentar a un animal silvestre, por ejemplo, puede hacer que se acostumbre a un determinado sitio y provocar conflictos con otros vecinos. Aprender cuándo intervenir y cuándo permitir que el animal continúe su camino es parte esencial de la coexistencia.
¿Qué puede hacer la ciudadanía?
La ciencia ciudadana constituye uno de los pilares del proyecto. Las personas pueden contribuir de distintas formas:
- Compartir avistamientos, fotografías e historias sobre fauna silvestre.
- No intervenir innecesariamente cuando se observa un animal sano.
- Evitar alimentar a los animales.
- Mantener bajo tutela responsable a perros y gatos para evitar ataques a fauna silvestre.
- Si se encuentra un animal herido, evitar manipularlo directamente y buscar apoyo veterinario o especializado.
- No intentar convertir a los animales silvestres en animales de compañía.
Los relatos deben incluir información como lugar, fecha, especie —cuando sea posible identificarla— y fotografías. Estos registros pueden compartirse a través de las redes sociales del proyecto: X, Facebook o Instagram.
Coexistir con nuestros vecinos
El proyecto continúa evolucionando y busca incorporar a más estudiantes, tesistas y prestadores de servicio social para fortalecer una nueva etapa de investigación y divulgación.
Después de varios años de trabajo, los registros acumulados han demostrado que la participación de la sociedad puede generar información que sería difícil obtener mediante métodos tradicionales en una ciudad tan grande y densamente poblada como la capital.
Para la Dra. Claudia Moreno Arzate, el objetivo final es llegar a una verdadera coexistencia: procurar que tanto las personas como las poblaciones de fauna silvestre puedan mantenerse en las mejores condiciones posibles.
Los animales que aparecen durante la noche no son simplemente visitantes de una ciudad que les es ajena. Son parte del ecosistema urbano. Son, como plantea el proyecto, nuestros vecinos nocturnos.
Conocerlos permite sustituir el miedo y los prejuicios por información. Y la ciencia ciudadana permite que ese conocimiento no se genere únicamente desde los laboratorios, sino también desde las experiencias cotidianas de quienes comparten la ciudad con otras especies.
La coexistencia requiere conocimiento, responsabilidad y voluntad: entender quiénes son estos animales, qué necesitan y cuál es nuestro papel para que puedan seguir formando parte de la vida urbana sin que ello implique conflictos innecesarios.

