Cultura

Mozart, un “rockstar” del Siglo XVIII

* El músico y académico de la UCSJ, Roberto Ruiz Guadalajara dictará la conferencia magistral Más Mozart y menos…

* La cita es el miércoles 28, a las 18:00 horas, en el Auditorio Divino Narciso de El Claustro, en el marco de la Noche de Museos

Su genialidad prodigiosa, su vida bohemia, su personalidad excéntrica y explosiva, sus innovaciones musicales que rompieron moldes, su fama internacional y su trágica muerte prematura hacen de Wolfgang Amadeus Mozart un “rockstar” del siglo XVIII.

Esta actitud ante la vida y, por supuesto, sus grandes composiciones —que lo han inmortalizado y le han otorgado un lugar en el Olimpo musical— serán revisadas y analizadas en la conferencia magistral Más Mozart y menos…, que dictará el maestro Roberto Ruiz Guadalajara, el miércoles 28, a las 18:00 horas, en el Auditorio Divino Narciso de la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ).

En el marco de la Noche de Museos y a 270 años de su nacimiento, el músico y académico de la UCSJ, en su charla, ahondará en sucesos de la vida de Wolfie (uno de los alias con el que se le conoce en la cultura popular), como el hecho de ser considerado el primer freelance de la historia de la música.

“En esa época, los compositores trabajaban por encargo de una corte o de la Iglesia. Fue uno de los músicos que se dio cuenta plenamente de que había una clase social (la burguesía) dispuesta a pagar por escuchar cierto tipo de música, por vivir cierta experiencia y que, entonces, además de dedicarse a componer, también organizaba y producía conciertos en los que, además, tocaba”, compartió.

Siempre se ha dicho en broma que lo único que le faltaba a Mozart, además de componer y tocar, era vender los boletos y acomodar a la gente en el concierto; con esa iniciativa, se liberó en buena medida del patronazgo de los nobles, quienes eran los principales consumidores y promotores de la música clásica.

Sobre el título de su conferencia, el maestro Ruiz Guadalajara compartió que hace referencia al libro Más Platón y menos Prozac, de Lou Marinoff, en el sentido de que hay ciertas expresiones culturales que alimentan más al ser humano que otras. En el terreno de la música, la obra de Mozart, “si uno sabe cómo y dónde poner el oído”, no se agota en el simple acto de escuchar: su audición se convierte en un ejercicio mucho más profundo, que va más allá del mero placer inmediato.

“Vamos a hablar, por supuesto, de la vida y de la obra de Mozart, pero sobre todo de la capacidad que tiene la música para influir no solo en el estado de ánimo de la gente, sino también en su comportamiento y en la construcción de su mentalidad. En ese sentido, Mozart es el gran pretexto para hablar de todo ello; es una especie de metonimia”, mencionó.

Refirió que se cuestionará, pero sobre todo se buscará despertar inquietudes sobre por qué, en la actualidad, se consume una gran cantidad de música que podría considerarse chatarra, pues, al igual que ocurre con la comida, existen productos con una gran pobreza en sus valores nutritivos. En ese sentido, se intentará mostrar que hay cierta música que, si bien puede ser del gusto de alguien, “al final de cuentas, todos tenemos gustos culposos”, no nutre.

Al respecto, explicó que la música de los grandes compositores clásicos posee una serie de valores y cualidades que no necesariamente están ligados a una época específica, ya que continúan influyendo en personas de generaciones posteriores, no solo por su belleza, que hasta cierto punto puede considerarse subjetiva, sino también por la manera en que está construida y por la forma en que invita a la reflexión sobre sí misma.

De igual forma, se abordará la idea de que la manera en que la música influye en el ser humano no es del todo inocente, ya que muchas veces no se sabe apreciar en el sentido correcto: reconocer su valor, comprender sus cualidades y entender de qué forma nos afecta, para bien o para mal.

Indicó que se hablará sobre la imagen que se tiene de Mozart y sobre algunos de los mitos que surgieron en torno a su labor creativa. Un ejemplo de ello es la película Amadeus, de Miloš Forman, cinta que causó conmoción, ya que mucha gente “tradicionalista” se ofendió por la manera en que se retrató la figura del compositor, principalmente por la vulgaridad que expresa el personaje. “En realidad, Mozart era así —y hasta más vulgar—; lo sabemos por sus cartas, sobre todo por las dirigidas a su familia y a su prima Maria Anna Thekla”, explicó.

El académico y especialista destacó que en la creación del famoso Réquiem están involucrados tres compositores. Mozart lo dejó inconcluso, en gran medida porque no le interesaba demasiado concluirlo: había recibido una suma considerable por adelantado y le urgía terminarlo. Por ello, se basó en el Réquiem de Michael Haydn, hermano de Franz Joseph Haydn.

“Se basó en el de su gran amigo Michael y, cuando casi lo había terminado, su discípulo Franz Xaver Süssmayr concluyó la obra; por eso la gente compara ambas composiciones, pues son algo más que similares”, aseveró.

Otro de los mitos que se abordarán en la charla es el llamado Efecto Mozart, según el cual la audición de la música del compositor austriaco durante el periodo prenatal o neonatal ayuda a desarrollar ciertas cualidades neuronales o la inteligencia. “Hay algo de cierto, pero también mucho de falsa creencia; vamos a cuestionar, a despertar inquietudes y a compartir las ideas que conocemos al respecto”, señaló.

Mozart no era una persona como cualquier otra, prosiguió. Su genialidad permeaba su manera de ver el mundo y, además, creció en un entorno profundamente musical: su padre, Leopold, era un gran músico, y su hermana Nannerl (Maria Anna), una intérprete talentosa.

“Desde los cinco años tocaba el clavicordio y el violín frente a públicos muy importantes desde el punto de vista sociopolítico. Fue mimado durante algún tiempo por las cortes, pero después tuvo que luchar muchísimo para sobrevivir y salir adelante, por lo que su psicología es muy compleja y está fuera de los parámetros normales de comprensión”, aseguró el especialista.

Finalmente, Ruiz Guadalajara invitó al público a asistir a la charla con curiosidad, a escuchar sin prejuicios y con apertura para poner en duda tanto lo que creen sobre la música que escuchan como sobre aquella que no escuchan: por qué no la escuchan y por qué sí lo hacen.

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