Columnas

La renuncia no basta

Por: MANUEL CARMONA

La renuncia de Guadalupe Taddei ya ocurrió. La noticia sacudió al INE. Pero no resolvió el problema.

Hay quienes creen que con la salida de una persona se cierra una crisis institucional. Es una tesis cómoda. También ingenua.

Los escándalos de la última semana dejaron algo más grave que una vacante en la presidencia del organismo: dejaron una profunda duda sobre la forma en que se tomaban decisiones dentro de la institución encargada de organizar las elecciones. Y la confianza, una vez perforada, no se repara con comunicados de prensa ni con ceremonias de relevo.

La renuncia era necesaria. Pero claramente insuficiente.

Porque los problemas que hoy comprometen la credibilidad del INE no nacieron en un escritorio ni fueron obra de una sola persona. Las decisiones cuestionadas tuvieron operadores, ejecutores, validadores y beneficiarios. Pensar que todo termina con la salida de la cabeza equivale a afirmar que el incendio se originó espontáneamente y que nadie más vio el humo.

Sería un acto de fe. No de rendición de cuentas.

Lo que sigue debería ser una cascada de renuncias. Una revisión exhaustiva de áreas estratégicas. Auditorías independientes. Investigaciones internas. Una sacudida completa de la estructura administrativa.

Lo contrario sería convertir a Taddei en el fusible perfecto.

Salta el fusible. La instalación permanece intacta.

Y nadie vuelve a preguntar qué provocó el corto circuito.

El verdadero desafío del INE no consiste en nombrar rápidamente a una nueva presidenta o presidente. Consiste en convencer a millones de mexicanos de que la institución entendió la gravedad del momento.

Porque las elecciones del próximo año ya están tocando la puerta.

Y un árbitro cuestionado entra al partido perdiendo.

Durante décadas, el instituto construyó una reputación basada en su autonomía y en la confianza pública. Hoy enfrenta un problema mucho más delicado que una crisis administrativa: enfrenta una crisis de credibilidad. Y las crisis de credibilidad son especialmente crueles. Se construyen lentamente, pero se desploman de golpe.

Además, existe un factor político que no debería subestimarse. Mientras más debilitado aparezca el INE, más argumentos tendrán quienes desean reformarlo, recortarlo o reducir sus márgenes de autonomía. Cada error institucional se convierte en munición para sus adversarios.

Por eso la renuncia de Taddei no puede ser presentada como punto final.

Apenas es el prólogo.

Si el Consejo General pretende recuperar la confianza ciudadana, tendrá que demostrar que no está administrando daños, sino corrigiendo conductas. Que no está cambiando nombres en las puertas, sino transformando prácticas dentro del edificio.

Porque la credibilidad no se hereda. Tampoco se decreta.

Y cuando una institución encargada de contar los votos pierde la confianza de los ciudadanos, el problema ya no es quién se fue.

El problema es quiénes siguen ahí.

Por Manuel CARMONA

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