Columnas

Desprestigio Electoral

Original y Copia

Por Martín de J. Takagui

Por más que quieran aligerar la culpa de la cúpula del poder en México con respecto al nombramiento y sostenimiento de Guadalupe Taddei al frente del Instituto Nacional Electoral (INE), lo único que están logrando o que quieren lograr, desde la presidenta Claudia Sheinbaum, hasta la presidenta de Morena, Ariadna Montiel Reyes, es manchar la imagen de una de las instituciones que logró el respeto nacional e internacional por su eficiencia y su transparencia.

Es unánime la petición de cárcel para Taddei, cuando al parecer ya huyó del país y cuando le congelaron cuentas de nómina que nada tienen que ver con las decenas o centenas de millones de pesos que se robó en coordinación con su amante, chofer y empresario preferido como proveedor del Instituto Nacional Electoral, a quien entregó contratos millonarios sin que mediara una licitación.

Y es que han pasado más de tres semanas de que se dieron a conocer los videos, fotografías, contratos y detalles de los reventones que organizaba la mafia electoral, como bien la definió la presidenta Sheinbaum, pero con toda la maña de corrupción y protección desde el gobierno, se le permitió a la señora Taddei que se moviera, que se llevara el dinero y que escapara.

Apenas el martes pasado se dio a conocer que el jurídico del INE trabaja en la integración de la demanda por los delitos de enriquecimiento ilícito, peculado, tráfico de influencias, ejercicio abusivo de funciones y uso ilícito de atribuciones, pero aún no se presenta la denuncia ente la Fiscalía General de la República.

Hasta la fecha han renunciado a sus cargos al menos 30 funcionarios del INE, quienes fueron recomendados y protegidos por Taddei, desde que inició sus funciones como presidenta del Consejo General del Instituto Nacional Electoral, pues eran quienes respondían a sus órdenes para consolidar y consumar las tropelías que ella realizaba para enriquecerse y llevar el dinero a sus arcas personales, las de su amante y las de sus hijos.

Un escándalo de ese tamaño no puede gozar de impunidad, menos aún al interior de una institución como el INE, que es la encargada de organizar y realizar las elecciones federales en las que se elegirá a los 500 legisladores de la Cámara de Diputados, 17 gobernadores, cientos de diputados locales y otros tantos presidentes municipales, con sus respectivos ayuntamientos.

La confianza en el árbitro electoral se construyó a base de sacrificios, discusiones, resoluciones de dudas, candados por la desconfianza de los mismos grupos que hoy se encuentran en el poder cuando pertenecían al Partido de la Revolución Democrática y otras organizaciones, pero hoy tratan de destruir esa imagen que prevaleció por más de 30 años de su existencia.

¿Por qué renunciaron los allegados a Taddei? Es sencillo, pues si hubiera transparencia y honestidad en las tareas que se les encomendaron mientras estuvieron trabajando bajo el manto corrupto de Taddei, no tendrían cola que les pisen; sin embargo, es claro que ella ubicó en las posiciones clave a cada uno de sus alfiles que le ayudaban y la protegían para evitar ser descubierta en cada una de las maniobras de contratación de servicios y para la compra de bienes.

Los mexicanos, hasta antes de la existencia del INE, que entonces era IFE, vivimos procesos electorales fraudulentos, engaños de las autoridades electorales, que siempre fueron parte del gobierno y que manejaban los procesos electivos a su antojo y siempre a favor de los candidatos del PRI y fue hasta que se creó el IFE cuando se comenzaron a ver y a reconocer los triunfos de otros partidos políticos.

Ese Instituto Nacional Electoral, con esas mismas prácticas de transparencia electoral y con la participación de los Consejeros Ciudadanos, fueron los que generaron las condiciones de imparcialidad y de respeto a la voluntad popular que hicieron posible la alternancia partidista en el país.

Ese mismo árbitro electoral fue el que reconoció en el año 2000 la victoria del PAN con Vicente Fox para la presidencia y luego en 2006 el arribo del panista Felipe Calderón a la Presidencia y en 2012 el regreso del PRI con Enrique Peña Nieto.

Hoy Morena pretende manchar 27 años de procesos electorales con auditorías y revisiones de lo que se hizo durante los procesos electorales desde el año 2000 a la fecha, pero entonces también saldrán manchadas las acciones del INE en 2018, cuando ganó la presidencia Andrés López Obrador y cuando la propia Sheinbaum gano en 2024.

Hay que medir el alcance de lo que se pide, porque entonces si se busca desacreditar a la autoridad electoral, se desacredita el triunfo de quienes hoy están en el poder.

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