Cultura

La expo Mis niñas vendidas & otros exvotos de Eugenia Marcos busca visibilizar la venta de niñas

  • En el marco del 8M, la muestra Mis niñas vendidas & otros exvotos de Eugenia Marcos, se inaugura el jueves 12, a las 19:00 horas, en la Celda Contemporánea de la UCSJ
  • Está integrada por 35 piezas, entre óleos y exvotos, así como de un óleo que representa a Sor Juana en la cocina

Según el Censo 2020 del INEGI, 27 mil 800 adolescentes indígenas de 12 a 17 años estaban casadas o en unión conyugal (7.5%); de ellas, 1.2% tenía entre 12 y 14 años.  En la Montaña de Guerrero, una de las regiones más pobres del país, persisten matrimonios forzados de niñas desde los 12 años, bajo prácticas “tradicionales” de carácter patriarcal.

Mientras tanto, el Estado de la Población Mundial 2020 del Fondo de Poblaciones de Naciones Unidas advirtió que existen 650 millones de niñas y mujeres que se casaron siendo niñas, además se estimó que para 2030 se sumaran 150 millones de niñas más.

Para visibilizar la problemática social de la venta de niñas en algunas comunidades donde persisten prácticas justificadas bajo usos y costumbres, Eugenia Marcos aborda el tema desde una perspectiva simbólica y visual que privilegia la mirada de las víctimas en su exposición Mis niñas vendidas & otros exvotos, a inaugurarse el jueves 12, a las 19:00 horas, en la Celda Contemporánea de la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ).

Integrada por 35 piezas: 15 óleos que relatan casos reales y ficticios de niñas vendidas y sus respectivos exvotos como una suerte de continuación del cuadro grande, pero en muy pocos casos son historias con un final feliz. Además, se incluyen 20 obra más de esta vertiente religiosa que reconocen un beneficio divino, así como un cuadro de 80 centímetros por un metro, que representa a Sor Juana en la cocina.

La muestra busca generar una reflexión crítica sobre violencia estructural, desigualdad de género y derechos humanos, además de busca sensibilizar al público sobre una realidad documentada en México: matrimonios infantiles, embarazos tempranos y vulneraciones sistemáticas de derechos.

Eugenia Marcos compartió que su preocupación por este tipo de temas nace de su inclusión en un colectivo “Voces por ellas”, integrado por pintoras cuya labor se enfocó en hablar, a través del arte, de aquellas mujeres que no tienen voz para expresar las tragedias que las aquejaban, “nos comprometimos a entregar una obra plástica cada mes en la que habláramos de la violencia hacia la mujer y eso me sensibilizó mucho”.

Pero fue el escuchar en las noticias casos sobre la venta de niñas para matrimonios forzados como parte de los usos y costumbres de las comunidades indígenas, lo que le generó un impacto muy fuerte, lo que la llevó a investigar en internet estas situaciones y a actuar al respecto: “empecé a pintar el primer cuadro sobre el tema”.

“Después del primer cuadro decidí que éste necesitaba una pequeña explicación paralela, una especie de extensión de la historia que contaba, en la que se diera respuesta a qué pasa una vez que las casan, qué sigue, y se me ocurrió hacerlo a través los exvotos”, comentó.

Aseveró que entre 2010 y 2021 hubo más de 150 mil matrimonios infantiles. Al respecto, en febrero 2024 el Senado aprobó reformas al artículo 2 de la Constitución para prohibir el matrimonio infantil y uniones tempranas forzadas, incluso bajo usos y costumbres, protegiendo los derechos de niñas y adolescentes.

“Tuve la fortuna de vivir en Chiapas durante 5 años por cuestiones de trabajo y me di cuenta del rezago tremendo que hay en la educación, pero, además, la fuerza y el poder que todavía tienen los usos y costumbres de las comunidades indígenas”, expuso.

Relató que, desafortunadamente, las niñas ya saben qué es lo que les va a pasar debido a estas prácticas de carácter patriarcal, cuando tendrían que ser algo mucho más amable, por ejemplo, con las tradiciones, la comida, los trajes típicos, las fiestas patronales, pero no con atropellar los derechos de las niñas a las que casan antes de que “les llegue la luna”, es decir, antes de su primera menstruación.

Advirtió que, en muchos casos, no es nada más la violencia tremenda de arrebatarles la niñez, algo de por sí imperdonable, sino que desafortunadamente las utilizan como esclavas, muchas de ellas se convierten en las trabajadoras domésticas de la suegra; también las ponen a trabajar en el campo sin goce de ningún tipo de sueldo o, hasta las prostituyen.

“Las maltratan muchísimo, las abandonan, se quedan embarazadas y bueno, las que se atreven a salir de esa situación, pues muchas veces son encarceladas, como fue el caso de una chica en Guerrero, cuyo malvado suegro empezó a violarla sistemáticamente cuando el esposo, su hijo, se fue a trabajar Estados Unidos como inmigrante”, compartió.

Ella —prosiguió—, decide escapar, los mayordomos y los jefes de la comunidad la atrapan y la encarcelan por no cumplir con su parte del contrato, porque el suegro ya había pagado una vaca cuando su hijo se casó con ella, “se revictimiza a la víctima de una manera muy cruel, verdaderamente horrible”.

Sobre su proceso creativo, Eugenia Marcos detalló que la información que rastrea en internet al respecto la interpreta como artista, decide qué rostro darle a la niña en cuestión, o de qué tamaño pintar al señor con el que la casaron.

“No son cuadros que muestren violencia, al contrario, creo que lo que pinto es un poco ver lo que sucede, pero a través de la candidez e inocencia de estas niñas, justo para que se haga conciencia de lo que está pasando, porque sigue pasando”, sentenció.

Destacó que para esta exposición pintó 20 nuevos exvotos, algunos son inventados, otros reales. La muestra se completa con un cuadro de Sor Juana en la cocina, que está acompañado por un exvoto de quien fuera su esclava, “parece contradictorio, pero, en aquella época no estaba mal avisto que las monjas con cierto poder socioeconómico tuvieran quien las auxiliara en diversas labores”.

Finalmente, expuso que, posiblemente, en estos momentos, en la Sierra de Guerrero, de Oaxaca o Chiapas (estados con mayor pobreza, según datos del INEGI), están casando a una niña de no más de 12 o 13 años, son casos de los que se debe hablar, porque la única manera de que las autoridades, algún día, hagan algo, es cuando la gente muestre su indignación, cuando deje de ser un tabú hablar de la venta de niñas en México.

Foto: Archivo (Ilustrativa)

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