Columnas

Ya supérame

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Por Ricardo Burgos Orozco

Para Claudia Sheinbaum Pardo, actual presidenta, la figura de Andrés Manuel López Obrador sigue siendo un referente moral y político, no solamente por la alta aprobación con la que concluyó su mandato, sino que sigue teniendo una gran influencia en las decisiones del gobierno morenista, a casi dos años que dejó el poder de manera formal.

No existe un conteo oficial sobre cuántas veces Sheinbaum Pardo se ha referido a López Obrador como si todavía fuera presidente, aunque en redes sociales y columnas de opinión contrarias al régimen, critican que la actual mandataria invoca constantemente al tabasqueño como “presidente”, con un respeto enorme, no sólo por haber sido quien inició la Cuarta Transformación, sino porque para ella su vida y su obra son ejemplares.

En el sexenio actual, se habla permanentemente del segundo piso de la Cuarta Transformación porque, para los morenistas, representa la continuidad y consolidación del proyecto de nación, iniciado por López Obrador. Sheinbaum Pardo menciona a los anteriores presidentes por su apellido y hasta cierto punto de manera despectiva: Fox, Calderón, Peña Nieto y, sin embargo, se refiere muy respetuosamente a López Obrador como “presidente”. Su Gabinete, los funcionarios del gobierno y hasta los reporteros con clara tendencia morenista, hacen lo mismo siguiendo la línea oficial.

Sheinbaum Pardo tiene una sección semanal en su conferencia matutina diaria llamada “Humanismo Mexicano” para “honrar” la ocurrencia de López Obrador el 27 de noviembre de 2022 en un discurso que pronunció en el Zócalo de la Ciudad de México, al finalizar una multitudinaria marcha organizada para conmemorar sus cuatro años de gestión gubernamental. Según la retórica oficialista el “Humanismo Mexicano” es ‘el corazón de la Cuarta Transformación, que pone en el centro el bienestar, la dignidad y los derechos del pueblo de México’. 

Por supuesto, Sheinbaum Pardo le ha dado continuidad a todos los proyectos iniciados por el hombre de Macuspana, así sean lo más incongruentes y antidemocráticos, como la elección de jueces, magistrados y la renovación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, concebida por AMLO para obedecer ciegamente las directrices del gobierno, con un presidente a modo y de las confianzas del exmandatario: Hugo Aguilar Ortiz.

Lo peor para Claudia Sheinbaum Pardo es que por ese amor, lealtad y devoción  a López Obrador ha tenido que proteger a políticos indeseables como Adán Augusto López Hernández, sospechoso de participar en el grupo criminal de La Barredora en Tabasco y acusado de enriquecimiento inexplicable; al gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, acusado por Estados Unidos de ligas con el narco y a Clara Marina Brugada Molina, actual jefa de gobierno de la Ciudad de México y que en las elecciones pasadas la traicionó, apoyada por AMLO, para llegar al cargo que hoy tiene.

La influencia de López Obrador se sigue viendo en todas las acciones de gobierno de Sheinbaum Pardo. Por la decisión del tabasqueño, Ariadna Montiel Reyes, que había hecho un gran trabajo al frente de la Secretaría del Bienestar desde el sexenio anterior, fue designada presidenta de Morena y, una protegida de AMLO, Leticia Ramírez Amaya, fue nombrada en Bienestar cuando no tiene el nivel profesional y de experiencia adecuados. Lo demostró cuando fue secretaria de Educación Pública la administración anterior con un pésimo papel, con el único antecedente de haber pertenecido a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la CNTE.   

Ante este panorama, es seguro que López Obrador, sobre la presidenta, va a palomear a los 17 aspirantes a los gobiernos estatales y a los candidatos a la Cámara de Diputados, el año próximo. 

Claudia Sheinbaum Pardo no sólo le tiene una devoción ciega al llamado Peje, sino sigue obedeciendo sus instrucciones y sus preceptos. Está visto que la presidenta engaña cuando habla de buscar siempre el bienestar de México y sus habitantes porque para ella, primero es Andrés Manuel López Obrador, sus amigos y protegidos.

El título de la canción Ya supérame, del Grupo Firme, que Sheinbaum Pardo menciona sarcásticamente contra sus opositores, para ella es imposible cuando se trata de López Obrador y su influencia transexenal.

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