09/21/2021
Cultura

Plaza de Tlaxcoaque, difuso recuerdo de la tortura

Un poco escondida entre el tráfico de la emblemática colonia centro, una capilla amarilla y anaranjada goza de modesto protagonismo. Se trata del templo de la inmaculada concepción de Tlaxcoaque, pequeña construcción franciscana del siglo XVII. Fuera de haber servido de lienzo para grafitis y consignas feministas, luce un tanto descuidada.
Aunque no ha sufrido el borrón de la historia como parece que se le ha querido dar a uno de los episodios más oscuros en la historia mexicana. Pues detrás del templo católico, alguna vez se erigió el que sería uno los lugares más temidos en la ciudad. El edificio de la División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD).
Conocido oficialmente como las instalaciones de la dirección general de policía y tránsito, era el edificio a donde enviaron a incontables detenidos para interrogarlos y torturarlos.
Ahí cayeron varios jóvenes que militaban en movimientos estudiantiles, así como mujeres que se habían practicado algún aborto o estaban en alguna clínica en espera de hacerlo, personal médico que las atendía, periodistas incómodos al régimen y hasta incautos que estuvieron en el lugar y momento equivocados.
Gracias a testimonios, es conocido que el sótano de la explanada albergaba celdas clandestinas, donde planchas de cemento servían como cama y agujeros en el suelo como retrete. Varios de los que eran detenidos pudieron salir para narrar el cómo fueron sometidos a distintos tipos de torturas y cómo presenciaron a otros experimentar castigos peores. No todos tuvieron la suerte de salir y el número de personas que desaparecieron en este lugar aún se desconoce.
A escasos 20 minutos del lugar se encuentra La posada del Sol, otra de las prisiones clandestinas que utilizó la policía dirigida por el infame Arturo “El Negro” Durazo, donde también se cometieron atrocidades a numerosos activistas. La Comisión de Derechos Humanos abrió una investigación a principios del milenio donde requirió los archivos de la DIPD, pero estos sencillamente habían desaparecido.
Ya casi van 10 años de la remodelación de la plaza Tlaxcoaque, el escándalo sobre las tensiones diplomáticas de México con Armenia y Azerbaiyán parecen ser ahora sólo uno de los tantos extraños recuerdos que alberga este peculiar lugar.
Al día de hoy, atrás de la capilla se encuentra una extensa jardinera, más atrás todavía las vacías oficinas de la Subsecretaría de Control de Tránsito, que cuentan con un helipuerto que, según testimonios de trabajadores cercanos, aún continúa en uso.
Texto: Miguel Portal
Fotos Bruno Cortés
Para Maya Comunicación

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