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Nopalzin en su Petlatl Icpalli

Por: ARMANDO RÍOS RUIZ

Hugo Aguilar Ortiz, supuesto indígena con nombre y apellidos castizos, de origen indiscutiblemente ibéricos, llegó mansamente a la presidencia de la Suprema Corte, con presunciones de su origen humilde, de que dormía en un petate y de que fue muy pobre y al tomar posesión, olvidó inmediatamente esa verborrea para convertir su imagen en la de un fifí a todo lujo, con ropajes caros y zapatos que no desentonan con las telas que hoy viste, que no lustra con cualquier bolero, porque sus empleados le dan el mismo servicio.

Su caso, que trató de disfrazar con supuestos de un café que cayó al suelo y le manchó la fina piel del calzado, ha sido comentado en México y fuera de nuestro país, como el de un auténtico don nadie que como a todos, el ex Presidente hizo encumbrar mediante una encuesta ideada para eso y con escasísimos votos que configurarían un fraude, para consumar su venganza, por un agravio que le asestó la presidenta de la Corte, Norma Piña.

Como todo lo que destruyó, lanzó ataques a esa institución, que no bajó de corrupta. Este siempre fue su mejor argumento para desprestigiar lo que odiaba, solo para que, en un santiamén, los nuevos ministros, junto con el “indígena”, dieran muestras de ser peores. No esperaron siquiera un tiempo razonable para mostrar el afilado marfil de sus colmillos, sedientos de sangre fresca, para lanzarse al festín que deparaba su nueva vida de lujos.

Tampoco les resultó posible, porque la misma dinámica de la Corte lo imponía, postergar el tiempo de demostrar su improvisado estilo de responder ante las exigencias de su trabajo. La ignorancia que de por sí, ya había ensombrecido a la institución, al grado de que la misma población de México, había motejado a una de las ministras con el honroso alias de “La Burra”, comenzó a hacerse patente porque no podía permanecer oculto.

Cualquiera podría apostar a que el dicho popular, “no tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre”, fue creado especialmente para su insignificante personalidad. Pero no podía presumir siquiera de esto, porque el compadre hizo exactamente lo mismo con todos sus amigos incapaces, a quienes confirió cargos de responsabilidad que no han podido representar con dignidad.

Basta recordar su inteligentísima frase, al afirmar que quería en su gabinete a morenistas cien por ciento de incapacidad revuelta con fidelidad ciega para su Presidente y cero eficiencias. O algo así. ¿Muestras? Fernández Noroña, traidor de sus propios principios y hoy, el político más odiado no sólo de México, sino extra fronteras. Mario Delgado, quien debió primero educarse para ser Secretario de Educación y cualquiera que alguien pueda imaginar, si recurre a ese partido.

La Presidenta Sheinbaum pidió no sobredimensionar el caso. Pero resulta imposible soslayarlo, cuando ocupa a dos funcionarios para que limpien sus zapatos, porque a él no le dio tiempo de limpiarlos en su casa, de acuerdo con sus palabras. Pero, además, a la vista de todos los presentes y sin imaginar que podía ser grabado por algún celular, deja correr el hecho.

Inclusive, acaba de salir de otro asunto bochornoso, que tampoco pudo explicar con acierto, debido a su evidente falta de ingenio para disculparse, cuando compró nueve camionetas blindadas Jeep Grand Cherokee, para los ministros que pondrían ejemplo de austeridad y que llegaron a combatir la corrupción anterior, con un costo de tres millones cada una.

Había dicho que podía viajar en Metro sin ningún problema. Pero hasta la fecha, no ha arribado a su trabajo en ese medio. Ya dio muchos indicios para merecer el apodo de embustero, soñador de ser alguien importante para usar esclavos que le limpien los zapatos y lo hizo realidad, gracias a los favores prodigados al ex Presidente, cuando le pidió coordinara algunas consultas.

Cuando le hizo otros favores en comunidades indígenas, en donde, por cierto, dejó sabores muy amargos, según se sabe.

ariosruiz@gmail.com

Armando Ríos Ruiz

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