La historia sucede en una realidad alterna donde el amor parece funcionar con reglas propias. Todas las historias están unidas por un mismo punto de partida: una visita al Supercenter.
Cada escena funciona como una ventana a una forma distinta de amar: desde la obsesión y la idealización, hasta la costumbre, la duda y la necesidad de soltar. Los personajes se cruzan, se reflejan y se contradicen.
Con un humor ágil y un lenguaje cercano, LoveSick expone y se burla de las expectativas románticas que nos han enseñado a perseguir, mientras las abraza con ternura.
La obra no idealiza el amor; sino que lo muestra vulnerable, imperfecto y, precisamente por eso, profundamente auténtico.

